De las aves a la salud cognitiva: cómo un hábito que parece simple terminó transformándose en terapia para la demencia
Neurocientíficos canadienses detectaron una organización cerebral distinta en quienes practican esta actividad durante años, un dato que coincide con la expansión de centros geriátricos que la incorporaron como tratamiento complementario
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Por Ismael Yasnikowski - Un grupo de neurocientíficos de Canadá descubrió que las personas con años de experiencia en observación de aves presentan una estructura cerebral diferente en regiones vinculadas a la atención, la percepción visual y el reconocimiento, lo que podría contribuir a frenar el envejecimiento cognitivo. Los hallazgos se suman a una serie de trabajos recientes en Alemania, Reino Unido y Estados Unidos que confirman los efectos positivos de esta práctica sobre la salud mental de adultos mayores y pacientes con demencia.
De acuerdo con un informe publicado por BBC, la investigación fue liderada por Erik Wing en la Baycrest Academy for Research and Education de Toronto. Su equipo comparó imágenes de resonancia magnética de observadores expertos con las de principiantes mientras identificaban distintas especies.
Los resultados mostraron que, en quienes dominan esta disciplina, determinadas áreas del cerebro registran mayor actividad y niveles superiores de organización, un indicador que suele deteriorarse con la edad y se asocia con una menor capacidad cognitiva.
Wing detectó lo que describió como “una especie de preservación de la organización” en los cerebros de quienes llevan años dedicados a esta práctica. Si bien los hallazgos no permiten establecer si las diferencias estructurales son causa o consecuencia de la experiencia acumulada, una explicación posible es que las áreas cerebrales empleadas en esta actividad experimenten neuroplasticidad, es decir, la capacidad de modificar su forma y función con el paso del tiempo.
El investigador indicó que adquirir esta habilidad a una edad temprana podría reportar beneficios duraderos hasta la vejez, una perspectiva alentadora para los numerosos jóvenes de la llamada Generación Z que adoptaron los binoculares mucho antes de llegar a la tercera edad. No obstante, la pericia no es el único factor relevante.
Una revisión de 196 investigaciones de 54 países que abarcó más de 1,17 millones de personas concluyó que las interacciones con aves contribuyen al bienestar mental, la función cognitiva y la salud fisiológica.
En Alemania, la investigadora Elisabeth Kals, profesora de Psicología Social y Organizacional en la Universidad Católica de Eichstätt-Ingolstadt, analizó qué ocurría cuando los internos de asilos de ancianos tenían la oportunidad de contemplar fauna aviar desde las zonas comunes interiores. Su equipo colocó comederos en el exterior de 65 instituciones, ubicados de modo que los residentes pudieran seguir el movimiento de los animales sin necesidad de desplazarse.
Tras evaluar la capacidad cognitiva, la movilidad y el bienestar de los participantes mediante autoinformes y aportes de familiares y personal, el grupo de trabajo registró mejoras en pocas semanas.
Al cabo de un mes, la presencia de aves explicaba el bienestar de los internos mejor que su edad o su grado de dependencia.
Quienes participaron mostraron mayor agilidad mental: fueron más capaces de seguir conversaciones, interactuar con sus allegados durante las visitas y reconocer especies que aparecieron con anterioridad.
“Durante semanas no habían visto una sonrisa en el rostro de un residente, y de repente, ahí estaba la sonrisa”, comentó Kals en declaraciones recogidas por el medio británico.
Los resultados llevaron a las compañías de seguros médicos alemanas a invertir en la instalación de comederos y zonas de avistamiento en más de 400 centros geriátricos en toda Baviera. “Fue tan eficaz que, sencillamente, permitió ahorrar dinero”, afirmó la investigadora.
En Estados Unidos, la iniciativa “Bird Tales”, lanzada en 2013 en centros de atención de Connecticut, Texas y Colorado, ofrece un programa terapéutico para personas que viven con demencia. El método consiste en instalar estaciones de alimentación en las instalaciones y proporcionar a los participantes peluches de pájaros que emiten sonidos similares a los reales, lo que les permite aprender sobre distintas especies.
Un programa análogo en la Universidad de Montana demostró ser beneficioso para personas que sufrieron accidentes cerebrovasculares y presentan afasia, una condición que dificulta el habla y la comprensión del lenguaje. La iniciativa comenzó en 2021 con la observación de búhos y actualmente incluye actividades de identificación guiada de la diversa población aviar de la región.
En Reino Unido, grupos como el gestionado por Age UK en Forge Mill Lake, en la región de West Midlands, reúnen semanalmente a personas mayores con deterioro cognitivo para sesiones de avistamiento. Jenny Budinger, asesora comunitaria sobre demencia de la organización, describió cómo uno de los participantes, un hombre de 78 años a quien la enfermedad volvió retraído y ansioso, sonrió y rio por primera vez en mucho tiempo al divisar un petirrojo y contemplar patos en el agua.
Una encuesta realizada en ese país entre personas con demencia y sus cuidadores ubicó el avistamiento de aves y fauna silvestre como la segunda actividad al aire libre más popular, solo por detrás de los paseos por la naturaleza. Infobae.

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