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    Adiós maestro Alfredo Moffatt

    “Ayer soñé con los hambrientos, los locos, los que se fueron, los que están en prisión” Charly García: ”Inconsciente colectivo”.

    08 de julio de 2023 - 03:05
    Adiós maestro Alfredo Moffatt
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    Alfredo Moffatt decía, con minúscula, la parte superior del libro que se dejaba ver, en el escaparate de una tienda de usados, sobre calle Andrade.

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    Puse la mano de visera, para escapar a los reflejos y completar la visión: "Psicoterapia del oprimido", era el título. Sería el año 1987 u 89, no sé, pero sería por ahí, porque yo venía fascinado por la lectura de Freud y Lacan, entre otros geniales autores, que buceaban la comprensión del psiquismo humano, introduciéndome, apasionadamente, en esas deslumbrantes lecturas, en la Facultad de Psicología, esas que ponían el mundo, y mi mundo, patas para arriba.

    Fue en esa precisa época de formación, que me encontré con ese librito, que parecía guiñarme un ojo desde esos estantes, un poco desordenados, tanto que al otro día fui decidido a llevármelo.

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    Su tapa era una fotografía de un hombre, pobre, deshilachado, como sus ropas, tapando sus lágrimas con el hueco de una de sus manos, con un bolsito como toda posesión, con unas puertas que, de fondo, parecían de un rancho, o de un hospicio.

    ¿Quién sería este Alfredo Moffatt que ni se lo nombraba en la facu, y que planteaba la extraña idea de una psicoterapia orientada, específicamente, a los oprimidos del sistema social?

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    Enseguida llegué a casa, y lo leí sin parar, con una enorme avidez, como uno de esos asombrosos descubrimientos juveniles.

    Desde ese momento, supe para siempre que, la teoría y la práctica de la psicología implicaba opciones ideológicas, compromisos éticos y políticos, posicionamientos decididos, de una praxis implicada en la liberación o, por el contrario la alienación y la represión del hombre.

    Que no hay praxis neutra ni inocente, en el campo de la Psicología, ni de ninguna disciplina científica.

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    Porque en ese libro, jugado por entero a la denuncia de los modos de la opresión y explotación del hombre por el hombre, en el que la locura, que constituía una forma más de expresión de ese sistema inhumano e injusto, intentaba ser reparada desde el amor y la crítica del manicomio, como uno los experimentos más siniestros, inventados por la "civilización" europea, occidental.

    No se trataba allí, en sus páginas, de negar los extraordinarios aportes de los referentes del psicoanálisis, sino de integrarlos, de un modo situado, como teorías y técnicas, para el rescate y el alivio del dolor de nuestro pueblo, y no para el regodeo y la sofisticación conceptual, en el que las palabras explicaban palabras, como estrategia de evasión de un compromiso con la cura del sufrimiento de los "condenados de la tierra". Es que en nuestros hospicios y en los márgenes de nuestras ciudades, los sujetos se parecían mucho más al de la fotografía de la tapa del libro, tomada por el propio Moffatt, que a las bellas indiferentes histéricas freudianas o parisinas, y que es a ellos, a su dolor, a quienes debíamos nuestros esfuerzos.

    Muchos años después, Moffatt vino a Concordia y tuve el enorme gusto, como mucha gente, de conocerlo personalmente. De tomar de manera directa, de su enorme experiencia y sabiduría. Pude contarle el impacto que su obra produjo en mi desempeño profesional, en mi visión del mundo y de la locura, a partir, de la conmoción que me produjo su "Psicoterapia del oprimido".

    Él me contó, una vez más, en esa oportunidad, aquella historia que fingí no conocer. Durante la Dictadura una requisa policial requirió saber su ocupación. "Soy escritor", dijo.

    El Agente, muy poco afecto a los libros, preguntó sobre qué cosas escribía. Escribí un libro que se llama "Psicoterapia del deprimido" contestó.

    El agente le dio sus respetos y lo dejó marchar," nadie que se dedique a esas escrituras podía ser subversivo, o peligroso, pensó seguramente el sabueso".

    Moffatt fue un Psicólogo social, discípulo de Pichón Riviere, sin dudas uno de los genios con mayor talento y creatividad en la historia del campo de la salud mental, por eso, y por su compromiso ideológico, muchas veces negado y ninguneado por la academia. Creó cooperativas de atención psicológica para los humildes, la Peña "Carlos Gardel" en los patios del Hospital Borda, donde nació la maravillosa experiencia de la radio "La colifata", y de todas aquellas en las que inventó formas de aliviar el sufrimiento de los pobres y marginados, de cuestionar y revolucionar una sociedad injusta que expulsa, encierra y aísla, a los "improductivos".

    Siempre poniendo el cuerpo, el alma y su vida en esta tarea. Su existencia fue un testimonio comprometido en la lucha por la libertad y la justicia, comprendiendo la psicología, siempre social, como una herramienta para curar a los lastimados por un sistema inhumano, alienante e inmoral. En ese sentido, fue fuente de inspiración para la creación de dispositivos subversivos de una Psiquiatría represiva, desde los electroshocks a los chalecos químicos, una Psicología que rescatara desde el amor y los vínculos de afecto, la subjetividad y la historia de los sujetos, los pacientes, en la reparación de sus padecimientos. En ese sentido, nuestros "Revuelos en el altillo", talleres de arte, comunicación, radio y revista que, durante más de una década, desarrollamos en "sala 8", tienen mucho de deuda con su estupenda tarea.

    Pude expresarle, afortunadamente, esa gratitud. Ya que mucho de lo que pude trabajar en esos territorios de la marginalidad y la exclusión, donde aterrizan los expulsados y oprimidos, la cárcel, la locura y el manicomio, lo aprendí de sus enseñanzas profundas. Aquellas que sitúan el corazón del problema de la salud mental en una más justa redistribución de la locura en la sociedad, en paralelo a una distribución más equitativa de la riqueza lo es de la justicia social.

    El domingo pasado, a los 89 años, Alfredo Moffatt partió de este mundo, se fue y seguro estará dando palabras de amor y de humor (aquellas que curan, según decía) a todos los rotos, lastimados y desamparados que, como él, han de habitar el inmenso y tierno cielo de los desposeídos de la tierra. Hasta siempre querido Maestro, Alfredo Moffatt.

    (Hoy sábado, a las 19 horas, en "Tenemos que hablar" por radio Uner, 97.3, realizaremos un homenaje a Alfredo, además de una entrevista a otro maestro, de la poesía (que tanto valoraba Moffatt en los procesos curativos, Juan Meneguín, comprometido en denunciar también, desde su arte maravilloso, el demencial extravió por el que el hombre asesina la naturaleza, extremos de la realidad, tan absurdos y dolorosos, que solo la poesía puede nombrar. Los invitamos a escucharlo).

    Sergio Brodsky

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