¿Urnas en mayo? La hipótesis que puede dejar al peronismo sin verano
La versión de una elección anticipada y sin PASO empieza a condicionar los movimientos políticos entrerrianos. Mayo circula como hipótesis, pero todavía no hay convocatoria: concretarla requeriría cambios en las reglas vigentes.
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En política, el calendario también gobierna. A veces ordena una competencia y otras veces obliga a los adversarios a correr antes de que hayan terminado de atarse los cordones. En Entre Ríos, la posibilidad de adelantar las elecciones provinciales y suspender o eliminar las PASO empieza a producir ese efecto, aun sin una decisión oficial.
La versión que ubica los comicios hacia mediados de mayo de 2027 circula en conversaciones políticas. Su repetición merece atención, pero no la convierte en una fecha confirmada. Tampoco el silencio oficial alcanza para darla por cierta. Lo que sí puede analizarse es la ventaja que tendría para el Gobierno una definición temprana y el problema que representaría para una oposición todavía ocupada en discutir sus nombres.
Hay una precisión necesaria: con el esquema vigente, una elección provincial separada de la nacional contempla las primarias el 2 de mayo y las generales el 27 de junio de 2027. Llevar la elección general a mediados de mayo exigiría modificar ese calendario. Del mismo modo, las PASO provinciales no desaparecen por una decisión administrativa: hace falta una ley.
Las señales que llegan desde el Gobierno
El ministro de Gobierno y Trabajo, Manuel Troncoso, ya expresó su preferencia por separar la elección entrerriana de la nacional. Consideró que sería “lo más sano”, aunque aclaró que la decisión no estaba tomada. Sobre las primarias, reconoció su valor y dejó abierta la discusión acerca de una eventual suspensión.
Esas declaraciones permiten identificar una orientación, aunque todavía no un cronograma. Separar las urnas significa discutir la gestión provincial con una exposición menor a los vaivenes de la campaña presidencial. Para Frigerio, podría ser una manera de administrar su relación con la Casa Rosada sin entregar toda su suerte electoral al resultado nacional.
El gobernador ya recorre la provincia todas las semanas y sus visitas tienen un evidente peso electoral, haya o no una obra para inaugurar. Cada parada le permite afianzar vínculos, recoger demandas y ganar terreno mientras la oposición todavía tiene que instalar un candidato.
Lo visible es que un gobernador en funciones dispone de una ventaja: puede recorrer como parte de su trabajo cotidiano, aunque el gremio docente se la quiere complicar, mientras sus posibles competidores todavía necesitan explicar qué lugar aspiran a ocupar.
Una oposición con menos tiempo del que imagina
Si el oficialismo avanzara con una elección temprana y sin primarias, el peronismo tendría que resolver en pocos meses lo que suele procesar durante buena parte de un año: candidaturas, acuerdos departamentales, listas legislativas y propuestas municipales.
Diciembre y enero reducen habitualmente la intensidad de la actividad pública. También son meses de compromisos familiares y de recuperación de ausencias acumuladas. Pero el calendario electoral no reconoce vacaciones cuando las negociaciones ya comenzaron.
Una elección en mayo obligaría a llegar a febrero con mucho más que aspiraciones personales. Harían falta equipos, acuerdos y una propuesta capaz de explicar por qué la provincia debería volver a cambiar de conducción.
La eventual ausencia de PASO agregaría otra dificultad. Quienes hoy pueden imaginar una competencia interna necesitarían acordar un mecanismo alternativo o aceptar una negociación partidaria cuyo resultado no necesariamente dejaría conformes a todos.
Frigerio, en cambio, concentra las expectativas de continuidad del oficialismo. Esa diferencia entre un espacio ordenado alrededor del gobernador y una oposición que todavía debate su representación podría pesar tanto como cualquier mensaje de campaña.
El riesgo de confiar demasiado en la ventaja
Sin embargo, adelantar las urnas no garantiza un triunfo. También acorta el plazo para mostrar resultados. El oficialismo tendría que defender su gestión con las obras, los servicios y las respuestas disponibles en ese momento, sin trasladar todas las expectativas hacia el final del mandato.
Además, modificar reglas electorales recientemente discutidas obliga a ofrecer argumentos que superen la conveniencia del gobernante. Reducir costos y evitar convocatorias excesivas son razones atendibles, pero deben debatirse junto con la participación y la previsibilidad institucional.
Por ahora, mayo es una hipótesis y la eliminación de las PASO, una posibilidad sujeta a decisiones políticas y legislativas. Su efecto, sin embargo, ya está presente: obliga a todos a calcular cuánto tiempo les queda.
El Gobierno tiene la iniciativa. La oposición deberá decidir si espera una confirmación para empezar a organizarse o si entiende que, en política, cuando aparece la fecha oficial, una parte de la campaña ya pasó.
(:R.W.C)

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