Frentes y arenas de disputa en la carrera presidencial
Una catarata de medidas fiscales del oficialismo. Una crisis interna de Juntos por el Cambio. La consolidación electoral de la ultraderecha que dividió a la oposición. Estos parecen ser los factores de la sorpresiva victoria del oficialismo en octubre. Sin embargo, no alcanzó y el peronismo nacional quedó a 3.50 puntos de ganar en primera vuelta. La hora de la verdad será el 19 de noviembre. Es así que nuestra mirada sobre los efectos de este reajuste electoral cambia de foco. En este escrito observaremos los escenarios que se abren en tres arenas de diputa: la arena legislativa, el poder ejecutivo en juego y la apertura del frente mediático-judicial.
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Iniciamos por la arena legislativa. Actualmente, Juntos por el Cambio (JxC = PRO+UCR+CC) es la primera fuerza en el Senado con 33 sobre un total de 72 asientos. Sin embargo, este era el sector de la oposición que ponía más cargos en juego. Con los resultados de octubre, en caso de sostenerse juntos, pasarían a ser la segunda fuerza con 24 senadores. Por otro lado, el oficialismo (Unión por la Patria - UxP) pasa de ser la segunda (31) a la primera fuerza con 34 senadores. La novedad será la ultraderecha (La Libertad Avanza - LLA), hoy sin ningún asiento y desde diciembre con 8 senadores. Este último cambio será en detrimento de los partidos provinciales de mala performance en estas elecciones.
De los 257 miembros de la Cámara de Diputados de la Nación, el oficialismo era quien ponía más en juego: 68 de sus 118 asientos. Con estos resultados, UxP no dejaría de ser la primera fuerza, pero reduciría su importancia pasando a tener 107 escaños en la cámara baja. JxC sostendría su rol de segunda fuerza, pero reduciendo su representación de 117 a 94 diputados nacionales. Nuevamente, la única fuerza que parece crecer es LLA que pasaría de 3 a 38 diputados.
En términos de escenarios legislativos, se puede afirmar que ninguna fuerza política controlará cualquiera de las dos cámaras. Esto no necesariamente pudiera significar inmovilismo. Menos de 72 horas después de las elecciones generales, la ciudadanía se desayunó con la constitución de una posible coalición informal de derechas con proyección a mediano plazo. La misma estuvo centrada en acuerdos tácticos de específicos referentes de la oposición (Macri + Milei + Bullrich), criticadas fuertemente por la mayoría de los referentes partidarios de la alianza JxC, que desde ese sismo se encuentra en franco desgranamiento. La pregunta que queda abierta es ¿qué impacto electoral tienen estos acuerdos de cúpula entre gallos y medianoche? Esto nos lleva al segundo frente: la ríspida disputa por el sillón de Rivadavia.
Entre las determinantes de los resultados electorales, estuvo la incapacidad por parte de la oposición de Juntos por el Cambio (JxC) de crecer como alternativa, tanto por sus divisiones internas presentes como por su mala gestión nacional en el pasado inmediato. En este contexto, el oficialismo rearticuló la agenda entre las PASO y las generales haciendo pasar gran parte de sus propuestas de reforma impositiva por el Congreso de la Nación. Esto transformó meras decisiones ejecutivas en debate público y aceleró las contradicciones de dicho sector opositor en la arena legislativa. Sin embargo, JxC no se termina de partir y las críticas de los sectores autodenominados “neutrales” recaen por igual sobre las dos fuerzas que entraron en el balotaje.
Otra de las razones de los resultados de las presidenciales de agosto y octubre había sido el fenómeno de la ultraderecha. Javier Milei creció en la primera mitad de este año a caballo de la crisis económica. Como dijimos, esto no fue por su discutible pericia profesional sino principalmente por la moderación y tibieza de las siempre insuficientes decisiones de Alberto Fernández. Desde la segunda mitad de agosto, las medidas del oficialismo nacional revirtieron esta tendencia y evidenciaron en octubre un alto impacto político electoral. Ahora bien, los últimos tironeos con las petroleras azuzaron el fantasma de la escasez que, aunque irreal, hace mella hasta hoy en el ministro-candidato. La respuesta institucional fue contundente, pero el episodio es contado claramente como un punto a favor para las posiciones desreguladoras del candidato opositor de la LLA.
Y si el ministro-candidato no tenía suficiente, la última semana parece haberse roto el dique de contención de un lago escondido. Un tercer frente hace su entrada: el mediático-judicial. En septiembre, asistimos a coqueteos del presidente de la Corte Suprema de Justicia reconociendo públicamente la inconstitucionalidad, a claras luces indiscutible, de los descabellados proyectos de dolarización. El ministro-candidato hizo devolución de gentileza y se opuso al juicio político a miembros del tribunal supremo que estimula en el Congreso un sector cada vez más minoritario de su propia fuerza política. Sin embargo, asistimos a un nuevo episodio. Ahora acusaciones de espionaje parecen salpicar a diputados justicialistas: exactamente los mismos que denunciaron escandalosos acuerdos políticos y tráficos de influencia entre el poder judicial, líderes de la oposición y referentes del empresariado. Esto en sí mismo no afecta a la persona de Sergio Massa, pero le da una carta de unidad antiperonista a los sectores “neutrales” de la oposición e inunda a la opinión pública con los gases fétidos de las cloacas de la democracia.
Una arena legislativa en que la negociación será difícil. Unos actores judiciales esquivos que juegan fuerte. Una disputa por el sucesor de Alberto Fernández a la vuelta de la esquina. Tres frentes que se combinan en un final cerrado. Las siempre discutibles encuestadoras hacen su jugada: 6 a 3 en favor de la oposición. El candidato del oficialismo surfea entre la gestión y la campaña. El contubernio de gatos, patos y leones solo engendra ciegos halcones de trinitrotolueno. Atemorizados, los cuervos de la city financiera operan en contra de la pax cambiaria. En medio de la disputa, el Estado social de derecho cruje. El 12 de noviembre tigre y león rugieron en prime time. Sean cual fueren sus apuestas, nunca se debe olvidar que hay 47 millones de esperanzas en juego.
