Entre Ríos mira al mundo: crédito externo como llave para dejar obra pública en tiempos de escasez
Con una coparticipación que anticipa números ajustados y poco margen para encarar transformaciones de fondo, el gobierno de Entre Ríos comenzó a explorar una salida poco frecuente en la historia reciente de la provincia: el acceso al crédito internacional como herramienta para financiar obras que dejen una marca concreta en la vida cotidiana de los entrerrianos.
La decisión se apoya en una ventana de oportunidad que no pasa desapercibida en los despachos oficiales. La fuerte caída del riesgo país —que perforó el umbral de los 500 puntos— reconfiguró el escenario financiero y volvió a habilitar a provincias y ciudades a tomar deuda en condiciones sensiblemente más favorables que en años anteriores. Menores tasas, plazos más largos y mayor apetito inversor conforman un contexto que el Ejecutivo provincial busca aprovechar.
En ese marco, el gobernador y su ministro de Economía iniciaron gestiones para evaluar líneas de financiamiento externo, con la premisa de que los recursos corrientes no alcanzarán para sostener, al mismo tiempo, el funcionamiento del Estado y un plan de obra pública de impacto estructural. La apuesta es clara: sin financiamiento, la gestión corre el riesgo de atravesar su mandato sin dejar un hecho transformador visible.
Un mapa provincial tensionado por los vencimientos
El movimiento de Entre Ríos se inscribe en una dinámica más amplia. Trece provincias argentinas arrastran deuda internacional y deberán afrontar vencimientos significativos en 2026. En conjunto, los estados provinciales acumulan depósitos en dólares por unos 1.500 millones, frente a compromisos que superan los 2.400 millones, lo que revela una cobertura promedio cercana al 60%. El resto deberá buscar dólares por otras vías.
En los últimos meses, varias jurisdicciones ya salieron al mercado internacional: Córdoba, la Ciudad de Buenos Aires y Santa Fe concretaron emisiones durante 2025, mientras que Chubut y Entre Ríos analizan hacerlo en el corto plazo. El patrón se repite: aprovechar el descenso del riesgo país para refinanciar pasivos o conseguir fondos frescos antes de que el ciclo vuelva a endurecerse.
No todas las provincias parten del mismo lugar. Algunas cuentan con depósitos que cubren holgadamente sus vencimientos, mientras que otras presentan ratios muy bajos y dependen casi por completo de nuevas emisiones o de ingresos futuros. En ciertos casos, la garantía de regalías hidrocarburíferas amortigua el riesgo; en otros, la presión financiera es más directa.
Una estrategia con mirada de futuro
Para Entre Ríos, el debate excede la contabilidad. El acceso al crédito aparece como una herramienta política y de gestión: sin obras relevantes, el paso por la gobernación corre el riesgo de diluirse en la administración de la escasez. Con financiamiento, en cambio, se abre la posibilidad de infraestructura que impacte en agua, rutas, energía o desarrollo productivo.
El desafío no es menor. Endeudarse implica asumir compromisos a largo plazo en un contexto económico todavía frágil. Pero también supone una decisión estratégica: usar el momento financiero para invertir hoy, cuando las condiciones lo permiten, y no resignarse a una gestión atada exclusivamente a ingresos que no alcanzan.

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