Concordia vuelve a discutir su lugar en el peronismo, con la unidad todavía pendiente
María de los Ángeles Petit reclamó acuerdos para definir candidaturas y representación concordiense en la fórmula provincial. Respaldó la preparación de Enrique Cresto y cuestionó la gestión municipal de Francisco Azcué.
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El peronismo concordiense comienza a mostrar señales de reorganización después de la derrota electoral que lo desplazó del municipio. La incógnita es si podrá recomponer lo que se rompió: aquella ciudad que durante años funcionó como un as de espadas territorial del justicialismo entrerriano necesita resolver sus propias diferencias antes de recuperar influencia provincial. Las expulsiones y desavenencias públicas, cuestionadas como abusivas por sectores desplazados, dejaron heridas que no se cierran con una convocatoria electoral. Habrá que ver si esos grupos vuelven a confluir o consolidan construcciones de alcance local. La frase tantas veces escuchada —“al final todos se amontonan y se arreglan”— describe una expectativa, pero todavía no una solución.
En ese escenario se inscriben las declaraciones de la exdiputada nacional María de los Ángeles Petit, quien advirtió que el partido debe acelerar sus conversaciones ante la posibilidad de un calendario electoral más exigente.
“No estamos en posición de improvisar candidatos”, sostuvo durante una entrevista radial. La dirigente, integrante de la agrupación Justa, Libre y Soberana que encabeza Enrique Cresto, planteó que la selección de postulantes debe apoyarse en experiencia, equipos y propuestas de gobierno.
Petit consideró que un eventual desdoblamiento de las elecciones provinciales, combinado con la suspensión de las PASO, podría reducir considerablemente los tiempos de organización del justicialismo. A su entender, esa modificación tendría una finalidad política antes que económica y obligaría a resolver candidaturas mediante acuerdos entre los distintos sectores.
También evaluó que una interna partidaria por fuera de las primarias sería difícil de instrumentar por sus costos y plazos. Frente a esa posibilidad, reivindicó el principio de que quien gana conduce y quien pierde acompaña, como condición para evitar nuevas fracturas.
El peso territorial y el respaldo a Cresto
“Concordia tiene que estar en la fórmula”, afirmó Petit. Su planteo busca que la dirigencia local construya una posición compartida y llegue a las negociaciones provinciales con capacidad de incidir.
El reclamo expresa una discusión que excede los nombres: cuánto conserva Concordia de su antiguo peso dentro del peronismo y cómo pretende hacerlo valer después de perder el gobierno municipal.
Al mencionar las aspiraciones provinciales de Juan José Bahillo y otros, Petit ubicó también a Cresto entre los dirigentes preparados para asumir responsabilidades mayores. Destacó su trayectoria, el conocimiento de la administración pública y los equipos que lo acompañan.
Ese respaldo debe leerse desde su pertenencia al espacio del exintendente. La dirigente sostuvo que Cresto cuenta con un proyecto provincial que impulsará independientemente del cargo que ocupe, y pidió que las candidaturas respondan a una construcción colectiva.
Mujeres con poder de decisión
Petit también cuestionó que la participación femenina quede reducida al cumplimiento de la paridad. Reclamó que las mujeres intervengan en las mesas donde se definen estrategias y responsabilidades, en igualdad de condiciones con los dirigentes varones.
“La política es machista”, expresó. Según sostuvo, el justicialismo dispone de mujeres con trayectoria y preparación para ejercer funciones de gobierno, mientras que la renovación generacional debe acompañarse con formación y capacidad de gestión.
Consultada sobre su propio futuro electoral, evitó anunciar una candidatura. “Soy funcional a un equipo político y estaré en el lugar que ellos definan”, señaló.
Críticas al gobierno municipal
La exlegisladora dedicó otro tramo de la entrevista a la administración de Francisco Azcué, a la que calificó de “anodina” e “improvisada”. Le atribuyó falta de planificación y una orientación centrada en el ajuste fiscal.
Además, denunció situaciones de persecución laboral e institucional, cuestionó decisiones sobre servicios públicos y objetó la discontinuidad de obras y programas anteriores. También acusó al municipio de presentar como propias iniciativas desarrolladas o financiadas por gestiones precedentes.
Su argumento central fue que el equilibrio de las cuentas no puede constituir por sí solo un programa de gobierno y que el municipio debe atender las demandas sociales más inmediatas.
Las declaraciones dejan planteado el desafío del peronismo concordiense: no solamente acordar quién lo representará, sino reconstruir una relación con la sociedad. Reunir dirigentes puede ordenar una lista; recuperar la confianza de los vecinos exige algo más.

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