Concordia cambia las reglas para grandes comercios y abre un debate sobre empleo y competencia
El Concejo derogó por unanimidad la ordenanza de adhesión a la Ley provincial de Grandes Superficies Comerciales. La decisión busca facilitar inversiones, pero pone sobre la mesa una discusión sensible: cómo generar trabajo sin comprometer la supervivencia de los negocios locales.
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El Concejo Deliberante de Concordia aprobó por unanimidad la derogación de la Ordenanza 34.338, mediante la cual el municipio había adherido a la Ley provincial 9.393 de Grandes Superficies Comerciales. La decisión, adoptada durante la 31.ª sesión ordinaria, modifica el marco local para la habilitación de estos establecimientos y abre una discusión que excede los trámites administrativos.
Detrás del cambio aparecen dos posiciones que atraviesan a comerciantes, trabajadores y consumidores. Para quienes respaldan las nuevas radicaciones, los grandes negocios representan inversiones, oportunidades de empleo y una oferta más amplia. Para quienes observan su llegada con preocupación, un bazar o polirrubro de los llamados “tiene de todo” puede significar un “certificado de defunción” para pequeños comercios que dependen de las ventas diarias.
La presidenta del Concejo y viceintendenta, Magdalena Reta de Urquiza, defendió la medida al considerar que la legislación provincial quedó desactualizada frente al crecimiento del comercio electrónico y los cambios en los hábitos de consumo. También sostuvo que el municipio dispone de herramientas técnicas y administrativas para evaluar y fiscalizar nuevas radicaciones. Según se informó durante el tratamiento, la iniciativa contó con el respaldo de la apoderada legal de una firma del rubro alimenticio y del Centro de Empleados de Comercio, con el propósito de promover inversiones y puestos de trabajo.
Una ley que exige evaluar las consecuencias
La Ley provincial 9.393 fue sancionada en 2001 y promulgada en 2002. Su alcance comprende distintos rubros y establece umbrales según la población del municipio: más de 500 metros cuadrados en localidades de hasta 50.000 habitantes; más de 800 en municipios de entre 50.000 y 180.000 habitantes, y más de 1.500 en los que superan esa población. Para calcular la superficie también contempla depósitos, oficinas, servicios anexos y estacionamientos.
La norma exige una autorización especial para los establecimientos alcanzados. Su análisis previo debe considerar efectos socioeconómicos, laborales, urbanísticos y ambientales, además de la incidencia sobre el comercio existente. La reglamentación dispone estudios realizados por entidades públicas académicas, científicas o técnicas, solventados por la empresa interesada, y una audiencia pública de consulta.
Esos requisitos muestran que la discusión incluye cuestiones concretas: qué impacto tendrá el emprendimiento en su entorno, qué empleos ofrecerá y cómo modificará la actividad comercial. Aunque las autoridades presentan la derogación como una recuperación de facultades municipales, esa decisión no equivale por sí misma a derogar la ley provincial; el alcance jurídico de su aplicación deberá quedar claramente establecido.
El temor de los pequeños negocios
Uno de los puntos más sensibles es la preocupación por emprendimientos vinculados con capitales chinos y su posible acceso directo a mercadería importada desde ese país. Entre los comerciantes locales existe el temor de competir con artículos cuyos precios consideran imposibles de alcanzar bajo los costos argentinos.
Ese planteo requiere examinar las condiciones comerciales de cada proyecto: sus canales de abastecimiento, el cumplimiento tributario y laboral y la escala de sus compras. La procedencia de los inversores, por sí sola, no demuestra una irregularidad ni una práctica de competencia desleal.
Del otro lado, quienes apoyan estas inversiones señalan que pueden abrir oportunidades para personas sin trabajo y mejorar las opciones de compra. El balance, por lo tanto, exige conocer cuántos empleos se generarían, en qué condiciones y qué efectos podría haber sobre los puestos ya existentes.
Durante la sesión, el concejal Felipe Sastre defendió un municipio que facilite la inversión privada y sostuvo que la medida no pretende perjudicar a ningún sector. Carolina Amiano y Yaiza Pessolani Bechet también acompañaron los argumentos favorables a la derogación.
La unanimidad legislativa resolvió el cambio de la ordenanza, pero deja abierto el debate económico y social. Para Concordia, el desafío será demostrar que las nuevas habilitaciones pueden traducirse en más actividad y trabajo, con controles claros y una evaluación de sus consecuencias sobre el comercio que ya sostiene a la ciudad.

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