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    Paladines que deambulan por el Masvernat

    En el mes de enero 2026 viajé a la ciudad de Concordia para visitar algunos afectos y presentar el recital de cuentos, poesías y música: “Tinta Verde”, junto a Omar Kueider, Totón Sequeira, Jorge Móndolo, Luciano y Juan Pablo Torales, Murga La Chivira y candombe La Estacion, en Arandú.

    14 de febrero de 2026 - 21:00
    Paladines que deambulan por el Masvernat
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    Estando en esa ciudad, en la noche del viernes 6 de febrero, siento una aguda puntada semejante a una puñalada en los intestinos. Al advertir esto, por mis quejidos, la gente que me rodeaba decide trasladarme en forma inmediata, a un centro de salud. Primero fuimos a un sanatorio privado de la localidad, pero, como mi obra social de Córdoba (APROSS) no tenía acuerdo con la institución, me trasladan a la guardia del Hospital Delicia Concepción Masvernat.  
    Una vez allá, al llegar mi turno, me ingresan y me colocan en una camilla. Los profesionales al enterarse por mí, de la existencia de una veterana hernia inguinal, se dan cuenta que están frente a una estrangulación intestinal.
    Lo confirman mediante una tomografía y deciden, en forma urgente, operarme. 
    Me intervinieron con éxito y estuve internado, en la sala Nº 229, cama B, ventana, de cirugía, durante seis días, recibiendo todos los cuidados y elementos necesarios para mi recuperación y el día jueves 12 de febrero a las 16 horas me dieron el alta.  Si esta experiencia fuese una partida de ajedrez, me niego a hablar del juego, del tablero, del rey, de la reina, de los alfiles, de las torres y de los caballos, solo lo quiero hacer de los peones, porque son a ellos a quienes vi y fundamentalmente percate su accionar. 
    Estos individuos, de chaquetillas, cofias y barbijos (médicos de todas las especialidades, paramédicos, enfermeros, técnicos, administrativos, choferes, camilleros, personal de limpieza, etc.) son los paladines de la vida. Ellos, con lo que tienen a mano (que siempre es poco), soportando malos tratos, desagradecimientos, sueldos magros, vientos de los fuertes y altas mareas, luchan día a día, hora a hora contra el temible ejército de la muerte. 
    Yo, desde el limitado mangrullo de mi habitación los observaba y cada vez que se me acercaban para curar mis heridas olfateaba el perfume de su bondad, cada vez que me tomaban la presión leía, en sus ojos, su tremenda vocación, cada vez que median mi temperatura veía su tremenda valentía.  Pensaba, mientras estaba convaleciente, estas son las personas que hacen que uno se sienta realmente orgulloso de pertenecer a la raza humana y que si fuesen inmortales, seguramente habría menos miseria en la existencia.  Estos héroes sin medallas y sin palmas son realmente el engranaje más importante de la máquina que mueve este nosocomio. 
    Me inclino ante ellos, les estaré eternamente agradecido y me vuelvo a la ciudad donde resido, Córdoba, todavía doliente pero absolutamente feliz por haber recibido, en el Hospital Delicia Concepción Masvernat, el abrazo de la vida.  
                                                                      
     

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    • Hospital Masvernat
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    Alcides Padrón
    Alcides Padrón
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