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    La inflación no es culpa de los empresarios y desde el gobierno lo saben

    El famoso economista austríaco Ludwig von Mises sentenció con claridad: “Si ellos siguen repitiendo sus mentiras, nosotros tenemos que seguir repitiendo la verdad”.

    04 de julio de 2023 - 03:25
    La inflación no es culpa de los empresarios y desde el gobierno lo saben
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    En principio, la frase podría ser criticada dado que, nadie debería atribuirse el monopolio de la verdad. Pero cuando el bagaje teórico y la evidencia empírica son contundentes podemos rescatar dicha frase para señalar aquellas situaciones donde hay engaño por parte del poder político.

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    Una población desprevenida o que, por la complejidad y especificidad de los temas en cuestión, ignora las causalidades de ciertos fenómenos, es víctima fácil del engaño de demagogos, sobre todo en materia económica.

    Siguiendo con la recomendación de Mises, sugiero adentrarnos en las mentiras de ciertos políticos en cuanto se refiere al fenómeno inflacionario. Al respecto, quiero enfocarme en la recurrente falacia de que la inflación es culpa de la especulación empresarial y no de la emisión monetaria realizada por el Banco Central para asistir a un gobierno nacional que incurre en déficit presupuestario.

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    Supongamos que, quienes critican la teoría monetarista de la inflación tuvieran razón, entonces, de ser la inflación estricta culpa de la especulación empresarial se necesitaría de un gobierno “fuerte”, el cual debería tener la determinación de contenerla mediante controles (imposiciones) de precios (tal como solicitan algunos gremios en comunicados que hacen doler los ojos incluso a estudiantes de economía recién iniciados).

    En ese sentido varios aplaudirán la reciente pretendida prórroga del programa “Precios Justos” hasta el 15 de agosto, es decir, 2 días posteriores a las elecciones PASO.

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    Surge aquí un primer interrogante ¿Si el programa de controles de precios es eficiente, por qué llevarlo casi exactamente hasta las elecciones PASO y no más allá? Sería ingenuo creer que se trata de casualidad y no de mera especulación política.

    Pero otra pregunta apunta a demostrar que los responsables de la política económica no creen en que el fenómeno de crecimiento sostenido y generalizado de precios esté disociado de la emisión monetaria, tal como sostiene el inefable gobernador de Buenos Aires el señor Axel Kicillof (recordemos su curiosa afirmación ante las cámaras de tv y sin sonrojarse de que la emisión monetaria no genera inflación).

    La pregunta es ¿si la inflación no es causada por exceso de emisión monetaria por qué el Banco Central no para de emitir pasivos remunerados para esterilizar (aspirar) oferta monetaria? Al respecto el stock de estos pasivos (Notas y Letras del Banco Central de la República Argentina) ronda los 16 billones de pesos según su más reciente balance al momento de escribir esta nota.

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    Es decir, si la inflación fuera mera culpa de los especuladores, el Banco Central dejaría de endeudarse para aspirar pesos mañana mismo y pondría mano dura contra los “especuladores” tanto como sea necesario para acabar con el mal inflacionario.

    A pesar de su inefectividad, los “controles de precios” se han aplicado y se continúan aplicando, pero en lugar de generar la tan ansiada desinflación lo que suelen generar es escasez, e incluso mercado informal, veámoslo gráficamente:

    La recta azul ascendente representa la oferta, pues a mayor precio mayores cantidades serán ofrecidas, la recta roja descendente representa la demanda, a mayor precio menor disposición a demandar determinado producto, o sea la cantidad demandada disminuye. La intersección entre las rectas representativas de la oferta y de la demanda determinan un precio de equilibrio (Pe), si tal precio es forzosamente disminuido (establecimiento de precios máximos), lo que observamos es escasez, en este caso representada por la diferencia entre la nueva mayor cantidad demandada (D1) y la nueva menor cantidad ofrecida (O1). ¿Algún ejemplo? La escasez de dólares que produjo fijar un tipo de cambio oficial artificialmente bajo, y su correspondiente mercado informal que denominamos casi cariñosamente mercado “blue”.

    Retomando la cuestión de la especulación, me permito recomendar la lectura del artículo de Alberto Benegas Lynch(h) titulado “Elogio de la Especulación”, cito fragmento:

    “A pesar del sentido peyorativo que se le atribuye, en el contexto sociológico, especular se refiere a la conjetura de pasar de una situación menos satisfactoria a una que proporciona mayor satisfacción. En otros términos, alude a la acción humana. No hay sujeto actuante que no sea especulativo, se trate de una acción ruin o sublime” (Benegas Lynch, 2012)

    Y por supuesto, comerciante que no especule se arruina a los pocos días, porque el acto de comercio es una actividad de naturaleza estrictamente especulativa.

    Podríamos preguntarnos: ¿Acaso los gremios que condenan la especulación de los comerciantes en sus tediosos comunicados no especulan con obtener una mejora salarial al realizar medidas de fuerza tales como paro de actividades? Yo especulo, tu especulas… todos especulamos. Como comenta Benegas Lynch, es parte de la naturaleza humana.

    Vayamos a otra pregunta interesante: ¿Si la inflación es producto de la avaricia empresarial capitalista, entonces por qué en el país considerado como la representación del capitalismo más crudo, donde imperaría implacable su supuesta avaricia inherente, los problemas inflacionarios no son considerables en relación a los nuestros?

    En efecto, con todos los embates que ha sufrido la economía mundial recientemente, en los Estados Unidos la inflación interanual de mayo fue apenas 4%, fenómeno no muy diferente se observa en países vecinos exceptuando la Venezuela asediada por el régimen de Nicolás Maduro. Pues, como comentaba el analista Maximiliano Montenegro en el teatro de Gualeguaychú, disertación que tuve el gusto de presenciar el 26 de octubre del 2022: “En nuestro país hemos tenido cinco monedas diferentes sólo en cinco décadas. Para que tengan una idea, un dólar es un dólar desde hace 230 años”.

    Si a todas luces la inflación no es culpa de la avaricia empresarial (más bien lo sería de la avaricia política) ¿Por qué se insiste con mecanismos inservibles como los mentados “controles de precios”? Probablemente porque los relatos necesitan la épica del combate hacia enemigos pretendidamente poderosos y malvados, por parte de justicieros populares que luchan por el bienestar de los más débiles. Así, si la inflación en efecto bajara en lo sucesivo, motivada dicha baja por lo ajustes en gasto público y la menor emisión monetaria consecuente, la mística del relato atribuiría la pequeña mejora al pretendido combate entre el bien y el mal, entre los representantes del pueblo trabajador y los avariciosos y poderosos empresarios “formadores de precios”. El relato es absurdo pero mucha gente necesita consumirlo, pues si no vive de este tipo de mística que sus referentes políticos le proveen, debería encarar la cruda tarea de asumir que su idealismo es una forma de pueril evasión y que la economía tiene leyes que no admiten ese romanticismo reivindicatorio propio de adolescencias tardías.

    Podrán vilipendiar hasta el hartazgo al máximo referente de la escuela monetarista, el nobel de economía Milton Friedman, pero si los políticos tanto desprecian en palabras su inmortal frase de que “La inflación es siempre y en todas partes un fenómeno monetario” podrían intentar refutarlo promoviendo el cese inmediato de la emisión de pasivos remunerados esterilizadores de la oferta monetaria por parte del Banco Central (actualmente y en su mayoría, Leliqs), o eliminar todos los impuestos y financiar el gasto público con emisión monetaria. Cuando esta última idea le fue propuesta al auto percibido “heterodoxo” Axel Kicillof, el actual gobernador de la provincia de Buenos Aires omitió burdamente la respuesta ¿Por qué? Porque, tal como se titula esta nota: la inflación no es culpa de los empresarios y desde el gobierno lo saben.

    Creer lo contrario es quitar la vigencia de las leyes de oferta y demanda para el caso del dinero, como si este no fuese un bien más de nuestra economía. En efecto, el precio del dinero no es, como a veces dicen inadvertidamente algunos colegas, la tasa interés. El precio del dinero podría formularse matemáticamente como la inversa del nivel de precios, mediante la siguiente expresión: Precio del dinero: 1/P

    Cuando el dinero pierde poder de compra el nivel de precios sube, entonces la expresión anterior disminuye en magnitud, reflejando que la caída del precio del dinero tiene como contrapartida un aumento del nivel de precios. Tal fenómeno se produce cuando el aumento de la oferta monetaria supera en magnitud al de la demanda de dinero (que incluso suele caer en lugar de aumentar en épocas de inestabilidad monetaria).

    Lo siento por los pseudo heterodoxos, pero las leyes de la oferta y de la demanda son inexorables, y ese bien al cual llamamos dinero no se encuentra exento de las mismas. Las causas no monetarias de inflación son muy útiles para el discurso político, tales como sus creativas recetas para distraer al público esbozando sus promotores cara de justicieros y bienintencionados, pero las leyes económicas nada tienen que ver con tales discursos y se burlan impiadosamente de dichas recetas.

    *El autor es economista, profesor universitario y de nivel medio

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