Enrique Medina. Un novelista en los márgenes
Enrique Medina nació un día después de Navidad en el Hospital Rivadavia de Buenos Aires y, bajo el calor y la pobreza, su madre lo cobijó en el modesto y escueto rescoldo en una habitación prestada de la pensión de Doblas 153, cerca del Parque Rivadavia en el porteño barrio de Caballito, en el que vivía.
:format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2022/09/30_enrique_medina.png)
Creció con las carencias de una madre que deambuló de casa en casa y de necesidad en necesidad. Hasta que recaló en uno de los tantos oscuros institutos de menores, entonces, destino inexorable de infancia privada de ilusión.
Y allí, tal como vivió Leonardo Favio (y que éste, tan brillantemente reflejó en �SCrónica de un niño solo⬝) conoció la perversidad, la ingratitud pero también, afirma Medina, aprendió a sobrevivir, a ser leal y noble.
Transitó por varios institutos, poblado de huérfanos, o como él, de algunos chicos que sus padres dejaban por no poder mantenerlos. Los denominó como �Suna antesala del infierno⬝ mediando huidas y reclusiones hasta sus dieciocho años, cuando era derrocado Perón y empezaba su vida fuera de esas enormes moles húmedas e impersonales. Eran lugares, dice, que derivaron de las �Sintenciones de las mujeres de los políticos conservadores que al no tener que hacer y querer figurar, decían: chicas, hagamos algo por los pobres⬝.
Esa intransferible experiencia le fue útil cuando acometió la escritura luego de haber leído gran parte de los autores argentinos más reputados. Reconoce a sus maestras de escuela primaria como las que le permitieron conocer la literatura e interesarse desde José Mármol hasta Di Benedetto, pasando por Jorge Luis Borges, Leopoldo Marechal, Ernesto Sabato y Abelardo Arias. Y marca como referentes extranjeros en su manera de escribir a Henry Miller, César Vallejos, Jack London y fundamentalmente el controversial Louis-Ferdinand Céline.
En 1972, luego de recorrer Latinoamérica, como periodista y director de teatro, incursionar como ayudante de fotografía en algunos filmes como �SJuan Lamaglia & Sra.⬝ de Raúl de la Torre y ser dependiente de la librería MacKern (empleo que consiguió gracias a Jorge Luis Borges) vuelca sus experiencias en los institutos de menores en �SLas tumbas⬝.
Este libro que tuvo en el momento de su publicación una repercusión impresionante tanto de críticos como de ventas, relata la historia de �SEl pollo⬝, alter ego de Medina, su relación con otros internados, sus carceleros y su contacto esporádico con el exterior. Fue tan impresionante la acogida que obtuvo el libro, que en solo cuatro años (entre 1972 y 1976, cuando fue censurado y prohibida su venta), tuvo 22 ediciones.
Dueño de una particular redacción, más emparentada con el lenguaje coloquial y despojado de Roberto Arlt, que de una sintaxis prolija y trabajada, le había hecho decir a Daniel Divinsky (el propietario de Ediciones de la Flor, editor del libro), que éste estaba muy mal escrito pero era tan atrapante que lo leyó en una noche. El autor inicialmente había lo titulado como �SLas marcas del frío⬝ y Divinsky, criticándolo, le aconsejó modificarlo por el nombre que luego tuvo. Luego de la dictadura tuvo varias ediciones más.
�SLas tumbas⬝ fue objeto de un mediocre film, en 1991 dirigido por Javier Torre, uno de los hijos de Leopoldo Torre Nilsson, con un guion del propio autor y el director, con Eduardo Saucedo como �SEl Pollo⬝ y un elenco de notables intérpretes, Norma Aleandro, Federico Luppi, Pompeyo Audivert y Lidia Catalano.
El libro y su reconocimiento inicial, le permitieron a Medina publicar varios títulos. Uno de ellos, �SSolo ángeles⬝, un año después de �SLas tumbas⬝ transcurre en los bajos fondos de Montevideo, ciudad en la que había residido en su periplo por Latinoamérica. La pesadumbre por la supervivencia, la violencia larvada y real, los movimientos sociales (Tupamaros) relatados en primera persona le imprime una proximidad que impacta y conmueve. �SEl Duke⬝, de 1976, prohibido una vez publicado y postergado hasta el final de la dictadura aborda las vicisitudes de un boxeador retirado, que lejos de la gloria y la repercusión popular, se dedica a torturar y asesinar. Escrito con valentía y una osadía que lo tornó singular.
Otro acercamiento de Medina con el cine fue el guion que elaboró conjuntamente con Pedro Espinosa y Teo Kofman para el film de éste último, �SPerros de la noche⬝ (1986) sobre la novela que con ese mismo nombre había publicado en 1978, con la historia de dos hermanos que habiendo nacido en una villa de emergencia, caen presos y una vez liberados, sobreviven explotando en la prostitución a su hermana.
�SLas muecas del miedo⬝, también escrita en los dolorosos años de la dictadura, provoca la identificación del lector con tanto dolor, marginación, opresión y angustia tan real, como lacerante. Un amigo que vuelve del exilio obligado en Europa, genera encuentros con amigos y las reflexiones entre las ilusiones postergadas, los destinos irreconciliables y los desencuentros inexorables. Siempre con el lenguaje agresivo, inmisericorde y llano de Medina.
Luego, se fue diluyendo la frecuencia y efectividad de los libros de este autor, que fue muy referente en los años �"70 y �"80. Sus trabajos tuvieron traducciones en varios países, algunas infrecuentes para autores argentinos como Polonia, Hungría y Yugoslavia. En 1991 publicó una biografía de �SGatica⬝, una figura tan emblemática de los años del primer peronismo y tan próximo a la idiosincrasia del propio autor, en sus carencias, en sus excesos, en la piedad que reclama, en el dolor y el placer en el cuerpo.
Los cincuenta años transcurridos desde la publicación de �SLas Tumbas⬝, generan una excelente razón para acercarse a las particularidades de la escritura de Medina, con el submundo y la marginalidad mostrados con la mayor crudeza. Y los seres desangelados que apenas sobreviven envueltos en privaciones y desesperanzas.
