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    Carnaval de mi pueblo... en el recuerdo

    No sabía bien sobre qué escribir. Me senté frente a la computadora, cerré los ojos para pensar mejor y con mucha fuerza y nitidez surgió un recuerdo: los carnavales de mi infancia. Y espontáneamente una gran sonrisa le hizo cosquilla a la memoria de mi corazón. Volví a ser niño, volví a sentir la felicidad de esos días vividos en mi querido barrio, Pompeya.

    18 de febrero de 2023 - 09:55
    Carnaval de mi pueblo... en el recuerdo
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    Y me pareció sentir nuevamente esos gritos, ¡agua, agua! Y como un torbellino de cada casa del barrio comenzaban a salir hacia la calle, mujeres, hombres, chicos, con una consigna: jugar al carnaval o también como se decía �Sjugar al agua⬝ (al que no le gustaba o no quería jugar, se quedaba dentro de la casa, a veces mirando por la ventana).

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    Días pasados miraba una foto en internet, donde se retrataba a mujeres y hombres �Sarrojándose agua con palanganas⬝. Y mi sonrisa se convirtió en emoción, quien lo haya vivido me comprenderá. Es que el carnaval tiene mucho de alegría y también de nostalgia; cuando uno recuerda a aquellas personas, familiares, amigos, vecinos especialmente que ya no están en �Seste corso de la vida⬝, pero seguro espiando desde allá arriba el carnaval de hoy. Luego esa emoción se convirtió en risa, cuando recordaba que no solo palanganas se usaban, sino también hervidores, esos para calentar leche, baldes, todo lo que podía servir para jugar, desaparecía de la cocina. A veces alguna tía o abuela rezongaba, pero en el ''fragor de la lucha'', ya nadie escuchaba, lo importante era mojar al otro. El juego era intenso, se corría toda la cuadra, a veces eran ''luchas'' individuales otras, todas las mujeres contra todos los hombres. Hay que decirlo, muchas veces alguno se resbalaba y caía al piso; recuerdo a un vecino que entró a mi casa, lo que no debía hacerse, y cuando arrojó el agua sobre otra vecina, resbaló, con tan mala suerte que cayó sobre una planta rastrera que tenía pequeñas espinas. Se escuchó un solo quejido, pero se levantó y sacudiéndose un poco, tomo su balde, lo llenó de agua y volvió al juego como si nada hubiera pasado.

    Después de un rato de jugar incansablemente, alguien decía ''bueno vecinos ya estamos todos muy mojado, es hora de descansar un rato''. No pasaba mucho tiempo y todos después de cambiar su ropa mojada, volvían a la carga con más entusiasmo. Luego, por supuesto, de cargar agua en tachos grandes algunos de 200 litros, que era común tener, porque no había red de agua, se la sacaba de los pozos que cada uno tenía en su casa.

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    Y al atardecer, cada uno volvía a su hogar, cansado, a tomar unos ricos mate, mientras comentaban alegremente todo lo ocurrido, durante el juego con agua entre los vecinos, que no solo los hacía felices, sino que también los unía más en el afecto.

     Luego vendrían las �Sbombitas de agua⬝, que cambió un poco el modo de juego, pero no el entusiasmo y la alegría. Los más chicos, con los mayores iban al corso y luego los jóvenes al baile. Pero eso lo recordaremos otro día o lo pueden hacer ustedes.

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    Yo termino �Sarrojándoles un imaginario baldazo de agua⬝ y deseándoles �Sfelices recuerdos de carnaval⬝, de nuestro pueblo.


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