Batalla de San Lorenzo: una promesa perpetua con el Libertador
Hoy se cumplen doscientos trece años de la primera y única batalla librada por San Martín en el territorio de la actual República Argentina.
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En febrero de 1813, las flotas realistas navegaban desde Montevideo por el río Paraná. La ciudad más importante de la Banda Oriental rodeada por una muralla, reunía a autoridades leales a la Península, pero se encontraba aislada de su campaña, controlada por los ejércitos revolucionarios lo que imposibilitaba las fuentes de recursos para sostenerse.
Pero a diferencia de los revolucionarios de Buenos Aires, las fuerzas realistas de Montevideo tenían la ventaja de contar con una serie de embarcaciones armadas e infraestructura militar, condición que les permitía circular continuamente por el Río Paraná, subiendo y bajando con dos claros propósitos: el primero, saquear las costas y nutrirse de los recursos que no conseguían en la tierra que rodeaba el puerto y el segundo era cortar el abastecimiento de los sitiadores que cruzaban por el río.
Estas flotillas que iban navegando eran muy peligrosas para la política del gobierno revolucionario concentrado en Buenos Aires, y tampoco amainaba el espíritu de combate y de libertad de un grupo de hombres comandados por el Gral San Martin, quien por tierra, seguía los pasos del enemigo. Finalmente llegó el día el 3 de febrero y febo asomo, alrededor de las 5 de la mañana, los realistas desembarcaron y dos columnas del Regimiento de Granaderos a Caballo comandadas por San Martín salieron a su encuentro a todo galope desde el Convento de San Carlos y en pocos minutos los derrotaron. El caballo que montaba San Martín fue herido y éste quedó aprisionado debajo del animal. El granadero Juan Bautista Cabral lo ayuda a salir y es gravemente herido. Finalmente Cabral muere, inaugurando su inmortalidad.
Para la región, el combate de San Lorenzo tuvo la importancia de inaugurar la gesta emancipadora SANAMARTINIANA que liberaría Argentina, Chile y Perú y con esto, nuestra historia nacional fue hilando la trama que unió la revolución de Mayo , las guerras de independencia, y el proceso de formación de la actual nación Argentina.
Nuestro libertador José Francisco de San Martín nació en Yapeyú,Virreinato del Río de la Plata, en la actual provincia de Corrientes. A los 5 años viajó a España con su familia y a los 11 ingresó al ejército haciendo su carrera militar en el Regimiento de Murcia. Combatió en el norte de África y luego contra las tropas de Napoleón Bonaparte en España.
A los 34 años regresó a tierra americana y encaró una lucha contra un sistema de gobierno que consideraba despótico y atrasado por el cual había peleado poco tiempo atrás.
La pregunta que nos hacemos es: ¿Qué fue lo que movilizó a San Martín a involucrarse en esos combates en tierra americana?
A esta pregunta caben diversas respuestas, los valores que movían a la batalla no estaban condensados todavía en torno a un sentimiento nacional argentino, ya que en 1810 la nación argentina como la conocemos hoy , todavía no existía.
En San Martín, como en muchos de los protagonistas de esos sucesos, confluye un sentimiento patriótico, que refería a la patria chica, al lugar de origen y al mismo tiempo un sentimiento de identidad americana que se iba consolidando e impregnando a todos los sectores sociales protagonistas de estos procesos.
Dice Don Jose de San Martin: “cuando la patria está en peligro todo está permitido, no hay excepción en su defensa” y estas argumentaciones dan sentido a su lucha.
Es cierto también que San Martín “regresa por un cúmulo de ideas”, productos de La Independencia de Estados Unidos, de La Revolución Francesa y de la Guerra de Independencia de España que iniciaron una ola de Revoluciones Atlánticas y burguesas, la que el libertador de América, junto con otros patriotas, no dudó en sumarse.
Tanto en San Martín, Bolívar, O´’Higgins, Artigas y en cada anónimo soldado, se libraba un combate de ideas que cuestionaban cómo debía organizarse la sociedad y cuáles eran los criterios que debían orientar una verdadera regeneración política en América que permitiera un orden más justo para criollos, negros e indios.
En ese contexto se establecieron a partir de los procesos de independencia y de balcanización de los virreinatos, principios de gobierno y de organización social que eran radicalmente diferentes a los del antiguo régimen y que no implicaban en una primera instancia el fin de la monarquía, sino una forma de sociabilidad que tuviera más el centro en los individuos que en las corporaciones que habían jalonado la vida americana: Corina, Iglesia y ejército.
Claro que esa batalla de ideas fue posible en el marco de una lucha de intereses muy concretos (económicos y geopolíticos) que libraban también, las potencias europeas en expansión desde fines del siglo XVIII y en la cual América, sus hombres y mujeres no quedaron exentos.
Se libraba una batalla que, antes de ser nacional, fue una lucha por ideas de innovación, de formas de entender y refundar la política, la sociedad y la economía que atravesaba de un lado y del otro el Atlántico y la experiencia más fuerte en nuestro territorio fue la guerra de independencia, que logró comprometer a toda la población desde los puntos más recónditos de este territorio.
San Martín fue uno de los grandes “ingenieros” de esta movilización americana, organizó una empresa gigantesca, la guerra revolucionaria, que movilizó alrededor de 14.000 hombres, con todo lo que ello implicaba. Fue un esfuerzo colectivo que involucró profundamente a toda la población.
Hoy a doscientos trece años, el legado sigue siendo apropiarnos de nuestra historia, por nosotros y por las nuevas generaciones. Sino ¿qué país les dejamos a nuestros hijos, nietos y alumnos? Un país vacío, sin historia, sin héroes inmortalizados por el bronce y otros tantos héroes anónimos que la historia oficial y académica ha dejado afuera.
Resignificar nuestra historia es poner en valor las valiosas enseñanzas de valentía y heroísmo de aquellos hombres, pero no solo para el bronce y los libros de historia, sino y fundamentalmente para tomarlas como ejemplo, como mandato y perpetuarlas diariamente desde el lugar que nos corresponde a cada de los que estamos hoy acá.
Tenemos la enorme suerte de seguir haciendo patria, sin guerras, sin enemigos extranjeros, a veces sí, luchando contra nosotros mismos, contra muros o grietas que toda forma de mezquindad ha construido, y que recuperando el legado espiritual de estos hombres podemos derribar y resignificar, el profundo sentido de ser partes de esta gloriosa nación.
Hoy a los que somos respetuosos del legado sanmartiniano, nos sorprende la batalla cultural por el lugar donde debe descansar el sable corvo de San Martín, pero lo que importa no es donde descansa su sable General, lo importante es que con el líberó América!
Dr. Diego Garcia
Vicepresidente
Asociación Cultural Sanmartiniana Concordia

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