A Mariano Giampaolo, mi querido amigo de la Plaza España
A mis amigos les adeudo la ternura, y las palabras de aliento y el abrazo, el compartir con ellos la factura, que nos presenta la vida paso a paso. A mis amigos les adeudo la paciencia, de tolerarme las espinas más agudas, los arrebatos del humor, la negligencia, las vanidades, los temores y las dudas" ("A mis amigos": Canción de Alberto Cortez)
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Esa profunda relación de afecto, simpatía y confianza, que llamamos amistad, y que es mucho más sencilla de sentir y describir, en la sensación simple de "tener amigos", que de definir y caracterizar, en sus notas únicas distintivas y singulares, de modo tal, así, que ha sido un tema importante de la Filosofía, que lo ha tratado, por lo menos, desde Aristóteles. El filósofo lo abordó extensamente en su "Ética a Nicómaco".
Como fuera, su necesidad y significación es tal, que impulsó la designación de un día especial para celebrar éste vínculo, el "Día del amigo". Esa iniciativa tiene como antecedente la Cruzada mundial de la amistad, quienes fomentaron en 1958, una campaña para dar valor y realce a la amistad, que permitiera fomentar la cultura de la paz. Finalmente esa celebración quedó fijada para el 20 de julio, a propósito de la propuesta de Enrique Febbraro , a quien le pareció que el alunizaje, en 1969, constituía un gesto y un símbolo de esa relación entre los hombres. Como sea, los 20 de julio nos aprestamos a celebrar el día del amigo, y desde temprano, los celulares y las redes sociales quedan atestados de mensaje de todo tipo, enviados y recibidos, a veces, por las más insospechadas de las personas. Es que más allá de que, aparentemente, una de sus características sea la limitación, revelada en la frase atribuida a Aristóteles
"Si hay muchos amigos, no hay amigos", afirmación contradicha enérgica y decididamente por Roberto Carlos, para quien es posible tener un millón, concepto que surge más bien de una extensión metafórica, la facilidad que brinda la tecnología promueve un saludo universal, que no sigue la rigurosidad de las listas de invitación de casamientos y cumpleaños, que da a la jerarquización de la amistad, un tono más ajustado. Es que en ese sentido consideramos, sin gradación, amigos a conocidos, compañeros de trabajo o escuela, vecinos y hasta familiares entre otros vínculos, más o menos circunstantes. Sucede que la amistad es una relación tan compleja, que está atravesada e interrogada por múltiples preguntas, que muchas veces no tienen respuesta, o al menos no una sola y siempre subjetiva y múltiple. ¿La amistad tiene comienzo y fin, es eterna, depende del tiempo y la distancia, es dable llamar amigos a los familiares, son nuestros padres nuestros amigos, es un hermano un amigo, puede darse la amistad dentro de la pareja, cuales son los códigos de la amistad, es posible la amistad entre el hombre y la mujer, cuál es su relación con el amor, que significa su contrario, la enemistad? Y miles de otras que nutren los diálogos, las conversaciones animosas, y hasta apasionada de los seres humanos, sobre todo en estas fechas. Parece ser que la amistad tiene un comienzo sutil, como un excedente de cualquier relación contractual (matrimonio, noviazgo etc.), formal (compañeros de trabajo), accidental u ocasional (vecinos, compañeros de una excursión etc.), que las excede, que tiene un plus, porque, en su caso, parece depender de una elección, las amistades se eligen, aun cuando tengan un inicio más indefinido, casi imperceptible en su construcción, circunstancia que ha inspirado la bella frase de Blanchot: "éramos amigos y aún no lo sabíamos", como un sentimiento, tan puro y natural que se define a posteriori de su realización. Y también puede tener un final, aquél que constituye una de las más amargas experiencias de la vida, cuando algún acontecimiento o decepción particular produce su ruptura, especialmente dramática en la adolescencia, cuando todo, la amistad incluso, adquiere un valor absoluto, de modo que la idealización de esas relaciones, deriva en la tragedia de su quiebre, una de las más dolorosas vivencias en ese periodo de la vida. Es que en función de la búsqueda de una identidad, el grupo de pares adquiere una significación privilegiada para el joven, tanto que termina sacrificando sus gustos e intereses a los del conjunto, para ajustarse y parecérsele, en una necesidad de referencia y pertenencia vital.
Por eso, tener amigos es vital, casi sagrado en esa etapa de la vida. No tener amigos o peor aún sufrir el bullying, el desprecio, la discriminación o la enemistad en este período, es una situación sumamente perturbadora, tanto que es importante alentar que las instituciones educativas se esfuercen en promover "políticas" de la amistad, la cooperación y la integración emocional, en lugar de fomentar y estimular aquello que separa, enemista y aleja a los hombres, como la competencia y la búsqueda voraz y sin miramientos del éxito individual, a veces incentivadas obsesivamente en las escuelas.
La amistad prescinde como decía Borges de la frecuentación y de la distancia, de hecho hemos vivido todos alguna vez, el hecho asombroso de re –encontrarnos con amigos que no veíamos desde hacía mucho tiempo, y encontrar, en ese momento, intactas las emociones, el amor y la confianza que nos unían.
La modernidad ha hecho nacer de tal modo la experiencia del individuo, recortado de la comunidad, que aquello que se definía, indudablemente, como lazos de amistad en la antigüedad, como las relaciones con padres, hermanos y parejas, se convierten en problemáticas para el hombre y la vida moderna. Algo parecido ha sucedido con respecto a las relaciones de amistad en relación a las cuestiones de género y sexualidad. La modernidad ha construido, en función de una disciplina rígida y hegemónicamente hatero-normativa, fronteras artificiales que tabican y separan los vínculos, los vuelve dilemáticos, cuando simplemente se trata de percibir que no hay ningún impedimento al desarrollo de la amistad entre los hombres y las mujeres, las diversas formas de la identidad y orientación sexual, incluso de que el vínculo sexual como parte de las relaciones amistosas. Montaigne consideraba esta última circunstancia con el argumento, de que el sexo, al nacer de la pasión, lo hacía incompatible la amistad, que requiere esencialmente, el concurso de la elección.
En relación a la hermandad también hay un nexo complejo, por la misma razón de que ese lazo biológico carece de selectividad. Sin embargo escuchamos frecuentemente la definición de que un amigo es "un hermano que se elige", replicación del problema, diría Aristóteles, ya que tampoco la fraternidad es fácil de definir. Justamente este último término ha conformado la amistad como uno de los ideales, paridos de la revolución Francesa. Fraternidad deseada entre los seres humanos, pero que refiere solo a los hombres, por lo que el feminismo ha rescatado el término sororidad, que puede definir, más acabadamente, esa relación de reciprocidad e identificación, específica entre las mujeres. Lamentablemente todas definiciones que separan, cuando la amistad, indiscutiblemente es un sentimiento de unión, afectiva profunda, y en ese sentido se emparenta con alguna de las formas del amor.
En tanto tal se opone, entra en lucha, con la enemistad, relación tan promovida en todas las formas de la guerra y la construcción del enemigo, en la que el ser humano muestra su peor faz, aquella que busca la dominación, la explotación y el sometimiento del "otro", cuando surge en él la figura del hombre como lobo del hombre.
El amigo para Aristóteles es un "otro yo", definición precisa de los sentimientos de identificación que se produce en estas relaciones. Algo así decía, creo que Atahualpa, cuando afirmaba que un amigo era yo "en otro cuero". Para Aristóteles, la amistad era una cuestión básicamente ética, en el sentido que la incluía dentro de las virtudes, aquellas que nos hacían mejores como hombres. También porque era una virtud, cuya finalidad es querer el Bien del otro, del amigo. En ese sentido decía que hay amistades perfectas e imperfectas, la primera era definida por el desinterés, por la búsqueda más absoluta del bien del otro, una disposición total al Don de amar, de un modo despojado. Las imperfectas incluyen aquellas que son unidas por una tercera razón, el interés o el placer. Tres notas distinguen a la amistad: la semejanza, la reciprocidad y la confianza. Derrida, en contra de Aristóteles y siguiendo a Nietzche, indica que se hacen amistades no con el semejante, sino con el diferente, forjando una extraña concordia, basada en la aceptación de la diferencia y la construcción de la convivencia en la diversidad.
Se atribuye a Aristóteles la paradójica frase: "Oh amigos, no hay amigos(o no existe la amistad)", contradicción resuelta cuando diferenciamos las amistades imperfectas con la perfecta, es decir, aquella que por ser humanos (como todo absoluto por otro lado), nunca alcanzamos. Coincido en este punto con el sabio, en tanto creo que la amistad como utopía debe ser el horizonte en el que se inscriban, con sus defectos e imperfecciones las amistades logradas, reales. A veces exigimos demasiado de nuestros amigos, o de nosotros como tales, sin considerar nuestra esencia inacabada e insuficiente. Este carácter no contraría la búsqueda de la amistad, por el contrario, la realza, cada vez que nos emocionamos, hasta el estremecimiento, cuando ese sentimiento surge, en cada acto maravilloso acto de nobleza, de desinterés, de amor hacia el prójimo, o como decía Nieztche, hacia el lejano. He tenido, seguramente como ustedes, la mágica felicidad del goce de la amistad, últimamente la he confirmado en el disfrute de los momentos compartidos, los alegres y los tristes, pero fundamentalmente en aquellas aciagas circunstancias en las que la presencia y la disposición a brindarse, a "dar lo que no se tiene", hace que la amistad haga de la vida una maravillosa experiencia.
En un mundo lleno de guerras, violencias y enemistades, quiero hacer extensivo el concepto de amistad a ese sentimiento de hermandad y amor recíprocos, que, como decía Aristóteles, nos une con los semejantes. También prolongar ese sentimiento, con aquellos que consideramos diferentes, y que los interesados en construir discordias en su beneficio, traducen como enemigos. Coincido con Derrida, en la necesidad de fomentar estos modos de la amistad, que favorezcan las relaciones de fraternidad, cada vez más amplias, que abra las vías de la construcción de una sociedad más amorosa, armónica y abierta a la diferencia. Los humanos somos seres diversos y únicos, y a la vez iguales en nuestra condición. Es esa extraordinaria circunstancia de nuestra naturaleza común, la que debe motivar la promoción, la exaltación, el festejo, el aplauso de la amistad. Y si hay un día que la conmemora, más allá de sus aspectos banales, fútiles y comerciales, sirvámonos de él para festejar, celebrar este sentimiento, profundo, digno, hermoso y encantador.
Queridos lectores: feliz día.
