Marruecos dejó de sorprender y ya se consolidó como una potencia capaz de desafiar a cualquiera
La selección de Marruecos afrontará este jueves un nuevo desafío de alto voltaje cuando se mida ante Francia por los cuartos de final de la Copa Mundial de la FIFA 2026. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurría años atrás, los africanos llegan convencidos de que pueden competir de igual a igual frente a cualquiera de las grandes potencias del fútbol mundial.
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El crecimiento del conjunto marroquí no es producto de una actuación aislada, sino el resultado de un proceso sostenido que comenzó hace varios años y que alcanzó un punto de inflexión en la Copa del Mundo de Catar 2022. En aquel torneo, Marruecos rompió todos los pronósticos al finalizar primero en un grupo que compartía con Bélgica y Croacia, para luego eliminar a España en los octavos de final y a Portugal en cuartos, antes de caer frente a Francia en semifinales. El cuarto puesto obtenido representó la mejor actuación de una selección africana en la historia de los Mundiales.
Desde entonces, el equipo mantuvo una notable regularidad frente a rivales de primer nivel. Además de vencer a Brasil en un amistoso, empató con Noruega y volvió a demostrar su competitividad en el Mundial 2026, donde igualó con Brasil en la fase de grupos y eliminó a Países Bajos en los dieciseisavos de final tras imponerse en la definición por penales.
Más allá de los resultados, el principal cambio ha sido la mentalidad. Marruecos ya no afronta estos compromisos con la intención de resistir, sino con la convicción de que puede ganar. Esa transformación comenzó a tomar forma bajo la conducción de Walid Regragui, quien tras el empate ante Croacia en Catar 2022 explicó que el primer objetivo era no perder y que, a partir de esa base, el equipo debía construir una mentalidad ganadora.
El éxito del actual entrenador también se apoya en el trabajo realizado por sus antecesores. Hervé Renard fue quien devolvió a Marruecos a una Copa del Mundo tras dos décadas de ausencia al clasificarlo para Rusia 2018, instalando una identidad basada en la presión alta, las transiciones rápidas y un juego dinámico. Posteriormente, Vahid Halilhodžić fortaleció el orden táctico, la intensidad física y la solidez defensiva, dejando una estructura consolidada para la llegada de Regragui pocos meses antes de Catar.
El actual seleccionador terminó de potenciar ese proceso al liberar futbolísticamente a un plantel que ya contaba con bases sólidas. Además, demostró una gran flexibilidad táctica, adaptando el planteo según el rival. Así logró presionar alto frente a Bélgica, defender con un bloque bajo ante España y disputar un encuentro más abierto frente a Portugal, estrategia que terminó con la histórica clasificación a semifinales.
Actualmente, el equipo dirigido por Mohamed Ouahbi mantiene esa línea de crecimiento, alternando momentos de dominio con fases de resistencia y mostrando la madurez necesaria para interpretar cada partido. Esa evolución refleja el desarrollo de una generación que ya no se conforma con competir.
Con esa confianza, Marruecos buscará este jueves escribir un nuevo capítulo de su historia cuando enfrente a Francia por un lugar entre los cuatro mejores del Mundial 2026. Más allá del resultado, el conjunto africano ya dejó atrás el papel de revelación y se consolidó como un rival al que ninguna potencia puede subestimar.

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