Una honrosa tradición diplomática
LA DOCTRINA DRAGO La muy honorable diplomacia de la República Argentina la hizo acreedora del respeto del resto de las naciones, ya que supo exhibir una continuidad en sus afirmaciones y en la seguridad de sus argumentos jurídicos, reafirmando una conducta inquebrantable a través del tiempo.
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Lamentablemente, hoy carecemos de política exterior y de ese ese espíritu que iluminó nuestros actos, a tal extremo, que hemos terminado alineándonos con dictaduras de baja estofa y que se han cosechado de repudio y aislamiento de todas las naciones, por sus violaciones a los Derechos Humanos y con presos políticos, como señaló meridianamente el presidente uruguayo Lacalle Pou en la VI reunión de la devaluada CELAC, donde Alberto Fernández traspasó la presidencia pro tempore a Ralph Gonsalves presidente de San Vicente y las Granadinas desde hace 20 años y ni siquiera habla castellano. El nuestro es un país abochornado por la incompetencia del Servicio Exterior, pero este no es más que el reflejo de los objetivos que el país persigue internamente y de su incoherente diseño
NUESTRA TRADICION
El 9 de junio de 1921 se extinguía en la ciudad de Buenos Aires la vida del Dr. Luis María Drago, abogado y político con una clara visión de las relaciones internacionales.
El Dr. Drago era producto de esa incomparable y lúcida Generación del 80.
Fue nombrado ministro de RREE en 1902 durante el gobierno del General don Julio Argentino Roca. Durante su actuación al frente de la Cartera propuso la Doctrina Drago, como freno a las acciones bélicas de potencias militares y económicas cuando se realizó el bloqueo naval a Venezuela de 1902 a 1903 para, por medio de la fuerza, cobrar una deuda que tenía ese país, pero que el presidente de Venezuela, don Cipriano Castro (recién asumido), se negaba a pagar en los términos que se le exigía o sea por medio de las armas. (La economía de Venezuela estaba destruida por la guerra civil contra el caudillo Manuel Antonio Matos y ahora debía enfrentar esa fuerza naval)
Ante la amenaza militar, recurrió entonces a los Estados Unidos creadores de la Doctrina Monroe �SAmérica para los americanos⬝, o sea no permitir la intervención de las potencias europeas en los asuntos internos de los países del continente americano.
Se fundaba en un mensaje al Congreso del presidente James Monroe el 2 de diciembre de 1823. Establecía que cualquier intervención de los europeos en América, sería vista como un acto de agresión que requeriría la intervención de los Estados Unidos.
Esta doctrina en realidad fue elaborada por el presidente John Quincy Adams, pero como se sancionó en la presidencia de Monroe le es atribuida y lleva el nombre de este. Fue elaborada esta Doctrina, por el temor de EEUU a que Rusia bajara desde Alaska y amenazara su integridad territorial.
En este caso, la amenaza a Venezuela provenía de Inglaterra, Alemania e Italia a los que pertenecían los acreedores afectados. Estos organizaron una flota combinada y bombardearon los puertos de La Guayra y Maracaibo, destruyendo las naves ancladas allí. Además, bloquearon Puerto Cabello, tomaron por asalto la Aduana incautando todos los bienes que encontraron allí y conminaron a Venezuela al pago perentorio de la deuda. Las potencias europeas entablaron, a nombre de supuestos súbditos reclamaciones diplomáticas.
En Buenos Aires la agitación fue muy intensa, tanto en los diarios como por parte de la población por la indignación frente al atropello por parte de los europeos.
Agravando esta situación ante los múltiples reclamos de la intervención a favor del país agredido, al gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, pese a la vigencia de la Doctrina Monroe, adoptó una actitud complaciente elaborando lo que hoy se llama �SEl Corolario Roosevelt⬝(por el presidente de entonces Theodore Roosevelt) que reconocía como legítimo el uso de la fuerza ante lo que denominaba �Sinconducta del país agredido⬝, al no abonar deudas contraídas exteriormente, poniendo como único límite que no debían producirse anexiones territoriales.
Desde la primera quincena de agosto de 1902, era ministro de Relaciones Exteriores de la República Argentina el Dr. Luís María Drago, hombre joven para el cargo, con 43 años, con actuación en la Justicia y en la Cámara de Diputados.
El Dr. Drago tuvo una actuación consagratoria en estas circunstancias, poniendo en salvaguarda de la soberanía de los países de América, toda su experiencia y talento, toda su convicción moral y su profundo conocimiento del Derecho ofreciendo al mundo una nueva Doctrina por lo que se dice de él �SQue ha sido uno de los meritorios trabajadores de la paz, uno de esos espíritus de visión perspicaz, que han querido substituir la influencia de la fuerza con la vigencia de la Justicia⬝
En rechazo de ese �SCorolario Roosevelt⬝, el ministro Drago, considerando que la Argentina no podía quedar impasible frente a estos hechos que eran mucho más que una amenaza �Simperialista⬝ (por el Imperio de Gran Bretaña, el de Alemania y el Reino de Italia) planteó al presidente Roca la conveniencia de que su gobierno hiciera oír su voz y proclamara el principio de que no debía admitirse el uso de la fuerza por parte de un Estado para el cobro compulsivo de deudas públicas. Y así nació la �SDoctrina Drago⬝.
Se redactó una nota el 29 de diciembre de 1902 que le fue enviada al Embajador argentino ante el gobierno de los Estados Unidos, Dr. Martín García Merou, en la que junto a una solicitud para que, haciendo uso de su influencia política pusiera fin a la agresión contra Venezuela por los tres países extra continentales y le exponga la tesis argentina que decía en su parte medular �STodos los Estados cualquiera fuera la fuerza de que dispongan, son entidades de derecho, perfectamente igual entre sí y recíprocamente acreedoras por ello de las mismas consideraciones y respeto⬝
Finalmente, el 13 de enero de 1903, se firmó en Washington el acuerdo por el cual, bajo presión del país norteamericano y la invocación venezolana de la Doctrina Drago, los ocupantes europeos se retiraron de sus posiciones y abandonaron el bloqueo
La posición argentina conocida luego como Doctrina Drago fue posteriormente convalidada en la Conferencia de La Haya por lo que se convirtió en universal y se ratificó sin salvedades ni enmiendas.
Esta Doctrina se le reconoce mundialmente a la República Argentina. Se ha mantenido por más de un siglo de una política interamericana independiente, prestigiada entre otros por Cancilleres como Luis María Drago, junto a Bernardo de Irigoyen, Estanislao Zeballos, Honorio Pueyrredón, Carlos Saavedra Lamas, Enrique Ruíz Guiñazú, Miguel Ángel Cárcano o Diógenes Taboada.
En síntesis el hecho se puede traducir de la siguiente manera: 1. La expresión de solidaridad continental puesto de manifiesto en la posición de la República Argentina, que no tenía, en tiempos mediatos ningún interés en el episodio, ni nada obtendría en su incursión diplomática, más que el respeto y la simpatía de los otros países sudamericanos.
2. La Doctrina Drago aboga por las mediaciones de los Tribunales de Arbitraje Internacional para dirimir asuntos vinculados por las deudas públicas. Un antecedente nada desestimable a la hora de revisar la legitimidad o no del endeudamiento argentino generado en los años 1970 en adelante.
3. El gobierno del General Roca, a través de su Canciller Luis María Drago, dejó en clara la firme convicción de resguardo de la soberanía política de las naciones más débiles.
