Un lenguaje limitado indica un razonamiento limitado
Las palabras de un lenguaje son expresiones sonoras o gráficas de los pensamientos.
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Son el armazón que permite mantener unidos los sonidos del habla y los signos al escribir. Entonces, si su número es reducido, es porque no se puede, no se quiere o simplemente no se sabe usar un número mayor.
Volvemos entonces a lo dicho alguna vez: que un lenguaje limitado no es otra cosa que la triste evidencia de un pensamiento limitado.
Cuanto más aislada viva esa persona, más reducido será su lenguaje. La falta de comunicación será la causa de que este sea limitado. También sucede con los niños que desenvuelven sus primeros años de vida en la indigencia. La pobreza no es solo un hecho económico, siéndolo también, por supuesto ya que las carencias alimenticias, afectivas y materiales son para tener en mucha consideración. Pero la pobreza es también un hecho cultural. Tendrá un lenguaje limitado y un entendimiento rudimentario del idioma, tanto para la comunicación con los demás, como luego para el aprendizaje escolar. También lo será para el desarrollo de la sensibilidad
Por eso la indigencia es una subcultura.
El aprendizaje del idioma comenzaba en la más temprana infancia, cuando las madres les contaban a los niños historias para hacerlos dormir. A veces eran cuentos inventados por ellas mismas, producto del amor maternal.
En otros casos eran los antiguos cuentos de Andersen, Lafontaine, los Hermanos Grimmm, Esopo y tantos otros. El niño, cualquier niño quedaban y quedan hoy también fascinados por los cuentos relatados por los padres. Otra saludable práctica caída en desuso, pero que contribuía a familiarizarse con el lenguaje y despertar la imaginación.
Por eso, la escuela, completaba la educación que se iniciaba en la casa.
Retornando al uso del lenguaje, alguien me decía que los chicos ahora escriben más a raíz de los mensajes de texto, whatsapp y otros medios de este tipo, y convengo que es cierto, escriben más, ¿pero de qué manera lo hacen? Creo que jamás he visto tantas faltas de ortografía, ni siquiera proponiéndoselo. Reemplazando algunas palabras por signos en textos incomprensibles y expresiones mal abreviadas.
Creo que es necesario volver a los viejos métodos de enseñanza que al menos estaban consagrados por su eficacia. Se aprendía a leer y escribir con la práctica del dictado. Y por supuesto con la evaluación de la maestra y el lápiz rojo. No hay otra manera, pero también se aprende leyendo.
Se ha perdido el culto de la lectura. No se lee, y por eso el común de la gente, ya no digo los chicos, tiene tantas faltas de ortografía y un desconocimiento de la gramática preocupante.
Y encima, seguramente la maestra tampoco lee. Claro que esto es solo una generalización que, naturalmente no incluye a todos.
Los otros días leía un informe de la Academia de la Lengua sobre el idioma castellano que tiene en uso unas 300.000 palabras. Cervantes, en Don Quijote usó 22.939. En una conversación entre dos personas con estudios terciarios se usan unas 3.200 palabras. Una canción de reggaeton tiene un promedio de 30 palabras.
La mayoría de los jóvenes con estudios secundarios completos se comunican con 300 palabras (de estas 78 son groserías) y con 37 emoticones. Se pueden imaginar el nivel de comprensión de lectura y pensamiento crítico que poseen. Con el hábito de la lectura se aprende a hablar y evitar repetir palabras.
Hoy no hay discurso ni declaración de político oficialista que no incluya la palabra �Sarticular⬝. Hoy todo es �Sarticulado entre⬝, por acordado, concertado, coordinado, enlazado, y tantas otras expresiones. Pero si no se usa �Sarticulado con⬝ parece que no se entendiera el texto.
Por eso también ha decaído el arte de la conversación. Los grandes relatores de hechos e historias eran comunes en la época de nuestros abuelos, cuando en la sobremesa o en las tertulias familiares evocaban mejores tiempos, solían revivir la imagen de sus antepasados y narraban hermosamente innumerables anécdotas de su juventud y su infancia. Más en la actualidad la radio, la televisión, el cine, el teléfono excitación de la vida en nuestros días, sobre todo en las grandes ciudades, no nos dejan tiempo para cultivar la conversación. Solo en ciertas reuniones con amigos, o alguna vez en el campo, en torno a un fogón encontramos a alguien capaz de entretenernos, tal vez durante horas con la amenidad de su charla. Especialmente quien ha desenvuelto su vida en el ambiente rural, sabe dar a sus historias giros costumbristas y ademanes que logran un gran efecto realista haciendo vivir a sus interlocutores lo que narra.
Hasta los cafés han perdido sus características de ágora o foro de conversación y discusión. Solo algunos conservan esa tradición del encuentro y la charla, especialmente los que mantienen esa singularidad de los viejos cafés rioplatenses.
Déjenme dedicar un párrafo a esa estúpida y aberrante intención de crear un �Slenguaje inclusivo⬝. El lenguaje es lo que es. Un sistema que permite a los seres humanos comunicarse entre sí, de una manera comprensible y lógica. Es además producto de una transformación que se da por el uso y que adopta la generalidad de las personas.
No puede ser impuesto de ninguna manera. Eso lo determina el habla cotidiana, no una ley. La adopción de una variación en el idioma es aceptada, cuando su uso se hace corriente por sí mismo. Sin forzar nada. Imponer esos usos, la primera consecuencia es su rechazo. Menos aún usar una letra que no corresponde y deforma la expresión. ¿Cómo se puede decir �Sniñe⬝ o �Schique⬝ para �Sincluir⬝ a alguien que no se considera representado en el idioma? O usar @, que no es una letra como sustituto de indistinto. O sea pretender que la mayoría adopte una deformación idiomática para �Sincluir⬝ a esa ínfima minoría no me parece razonable. Me parece que es solo una consigna pasajera que no perdurará porque carece de lógica. No es desde la manipulación distorsiva del idioma desde donde vamos a corregir los problemas de la sociedad.
En todo caso el sexo lo determina la biología y el género, el que dude del propio, no se lo resolverá la distorsión de la gramática.
