Se quedará el tiempo que sea necesario frente al municipio hasta recuperar su trabajo
Desde el viernes, Julieta y su madre, Marta López, permanecen sentadas en la puerta de la Municipalidad de Concordia, sin un plazo definido, a la espera de ser recibidas por el intendente Francisco Azcué. El reclamo es concreto: la reincorporación laboral de la joven, quien se desempeñó durante casi diez años como operadora territorial y fue despedida recientemente tras el receso administrativo.
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La ex trabajadora municipal explica que se enteró de su desvinculación el 5 de enero, cuando al regresar del receso por fiestas no pudo marcar asistencia. Hasta ese momento trabajaba de lunes a viernes, de 7 a 13, realizando tareas de relevamiento y trabajo en territorio, funciones que —remarca— cumplió de manera constante y que nunca estuvieron ligadas a un cargo político ni a contactos partidarios.
Durante la entrevista, recordó un compromiso asumido por el actual intendente cuando aún estaba en campaña. Señaló que en ese momento les dijo que la gente que estaba trabajando no se iba a tocar. Sin embargo, tras la asunción de la nueva gestión, fue despedida por el cierre del área donde prestaba funciones. En aquella oportunidad, decidió acercarse personalmente al Municipio para reclamar. Aunque no fue recibida, finalmente pudo continuar trabajando. Según explicó, se reconoció entonces que había una promesa previa y que ella estaba cumpliendo tareas efectivas.
Hoy, la situación vuelve a repetirse, pero con un escenario más complejo. La mujer es jefa de hogar, vive sola con sus dos hijos, de 13 y 5 años, y actualmente no cuenta con ingresos. La pérdida del trabajo no solo implicó quedarse sin salario, sino también enfrentar deudas y la incertidumbre cotidiana sobre cómo sostener su hogar.
Su madre, Marta López, acompaña el reclamo desde el primer día y aporta un dato clave para entender la dimensión del conflicto: esta no es la primera vez que la familia lucha de esta manera por un puesto de trabajo. En 2013, durante una gestión anterior, permanecieron 96 días dentro de la Municipalidad, acampando en el primer piso, hasta lograr que su hija accediera a una oportunidad laboral.
Según relató Marta, sabían que existían vacantes, pero los pedidos eran sistemáticamente ignorados. En ese contexto, una abogada les explicó que cuando hay un puesto disponible se puede reclamar, ya que corresponde al primero que lo solicita, con un período de prueba. De ese modo iniciaron el reclamo que permitió el ingreso de la joven al ámbito municipal.
La trabajadora comenzó desempeñándose como monotributista, modalidad que sostuvo durante ocho años, y luego accedió a un contrato con aportes. Durante ese tiempo realizó todos los cursos que dicta la Municipalidad, se presentó a concursos y cumplió con cada tarea asignada, incluso en condiciones climáticas adversas. Su labor fue siempre territorial y de campo y, según su madre, se desarrolló tal como se lo requerían.
Marta también cuestionó los discursos oficiales que asocian los despidos con la existencia de “ñoquis” o ingresos irregulares. Consideró que ese tipo de afirmaciones estigmatizan a todos los trabajadores municipales y generan un perjuicio generalizado. Además, sostuvo que es erróneo afirmar que el puesto de su hija haya sido conseguido por motivos políticos o por intermediaciones, y remarcó que no existe una bandería partidaria que las identifique.
Actualmente, madre e hija permanecen en la puerta del edificio municipal, organizándose como pueden y recurriendo a una estación de servicio cercana para resolver necesidades básicas. Durante la jornada reciben el acompañamiento ocasional de vecinos y personas que se acercan a escuchar su historia y a expresar solidaridad.
El pedido final es que el intendente revise el legajo de la ex operadora territorial, su asistencia, su ficha limpia, los antecedentes presentados en concursos y su situación social actual. Marta insistió en que se tenga en cuenta que su hija trabajó de manera efectiva, que fue vista en tareas de campo y que la desvinculación no responde a la realidad de su desempeño.
Mientras tanto, la joven decidió permanecer en el lugar. Sin trabajo y sin respuestas formales, entiende que sostener la presencia frente al Municipio es la forma que hoy encuentra para hacer visible su reclamo y esperar una instancia de diálogo que, hasta el momento, no se concretó.

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