POR CUATRO DÍAS LOCOS QUE VAMOS A VIVIR...
Así dice la alegre y popular canción de Alberto Castillo, invitando al pueblo a vivir cuatro días locos de diversión. Es decir salirse de los problemas que nos aquejan todo el año, para �Scargar las pilas⬝ diríamos hoy, y seguir adelante con más fuerza, con más optimismo.
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Hoy vivimos una pandemia que nos golpea a todos, a la humanidad toda. Por lo que vivir estos días como nos propone el querido cantante de tango, no es oportuno, ni sería responsable, es momento de ser solidarios. Por eso les propongo vivirlo sí, porque es necesario y bueno levantar el ánimo, sonreír. Para eso usemos la memoria, y juntos grandes y chicos volvamos a vivir aquellos carnavales que nos hicieron felices. Los carnavales de hace 50, 30 o 5 años, cada uno según su edad. Seguramente compartiendo esos recuerdos revivimos aquellos momentos.
Yo compartiré cómo viví aquellos días tan especiales, en mi barrio de Pompeya, ustedes los suyos.
Llegado el primer día de la fiesta de Momo, la consigna de los vecinos era �Sesta tarde jugamos al carnaval�"�" o �Sesta tarde jugamos al agua⬝. Se comía más liviano, porque al rato se salía a la calle a jugar, y mojarse �Spodría hacer mal a la digestión⬝. Los chicos jugábamos con los chicos y los adultos entre ellos, por ahí uno se tentaba y mojaba a cualquiera que pasara cerca. Temprano preparábamos baldes, cacerolas, todo lo que podía servir para arrojar agua, llenábamos un tacho de 200 litros, del pozo que había en casa y a esperar. De pronto alguien comenzaba �Sel ataque⬝ y vecinos y vecinas casi todos salían a la calle decididos a mojar al otro, era un ir y venir a llenar los baldes, entre risas y gritos de entusiasmo. Hasta que alguien decía ...bueno descansemos un momento, tiempo que en realidad era para cambiarse la ropa �Sempapada⬝ porque de lo contrario el juego que era �Smojar⬝ perdía su gracia y se volvía a la carga con todo⬦ hasta la hora del mate que se paraba todo. Había un motivo, algunos estaban agotados, y otros debían preparase para ir al corso y otros tantos, al baile que se realizaba en los clubes, hasta el amanecer, donde se podía ver a muchachos y chicas volver del baile, algunas de ellas con los zapatos tacos altos, en sus manos.
Casi olvido contar, que luego, irrumpieron �Slas bombitas de agua⬝, y era divertido también, pero no faltaron los violentos de siempre que las congelaban y golpeaban, incluso dejando moretones en el cuerpo, pero fue un tiempito nada más porque eran unos pocos inadaptados sociales, como siempre.
Lo que nos gustaba a los chicos, era esperar la hora de llegada del tren de pasajeros de Buenos Aires, y al oír su �Spitada⬝ algunos iban corriendo hasta cierta distancia de las vías, para arrojar baldazos de agua o bombita, logrando a veces mojar a los pasajeros distraídos, que no alcanzaban cerrar las ventanillas para protegerse (eso no estaba bien, era una travesura).
Y qué decir de los corsos, los de antes, con murgas, mascaritas, serpentinas, pomos y luego la hasta ahora popular espuma. Luego también llegarían las grandes y espectaculares comparsas, un corso distinto, con más lujo que los primeros, pero un mismo espíritu �Sdivertirse, olvidar las penas y disfrutar⬝. Pero eso cuéntenlo ustedes, seguro que tendrán lindos recuerdos y también graciosas anécdotas para compartir.
Para despedirme, les recuerdo algunas estrofas de la canción de Coti Sorokin que vienen bien:
�SSe que hay en tus ojos con solo mirar, que están cansados de andar y andar y caminar girando siempre en el mismo lugar. Sé que lo imposible se puede lograr, que la tristeza algún día se irá y así será�"�".
Por eso nos invita a
QUITARSE LOS MIEDOS, SACARLOS AFUERA
PINTARSE LAS CARA COLOR ESPERANZA
TENTAR AL FUTURO CON EL CORAZ�N⬝.
Pablo Sánchez
