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Caballeros del jurado, el perro de un hombre está a su lado en la prosperidad y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad. Dormirá en el frío piso donde sopla el viento y cae la nieve, solo para estar junto a su amo.
Son harto conocidas las historias relacionadas con la fidelidad de los perros para con su familia humana, por eso nunca terminaré de entender la poca correspondencia de algunas personas para con ellos.
Mummy, la perra de la que hoy trataré de contar resumidamente un poquito de lo que ha sufrido últimamente, si pudiera hablar nos diría cuánta indiferencia puede provocar su dolor y el de muchos de sus congéneres.
Ella quizás haya transcurrido �Snormalmente⬝ feliz con aquellos a quienes consideraba su familia o manada desde su óptica perruna.
Recibiría alimento y agua diariamente, tendría cobijo y compañeros, humanos y de su especie.
Pero todo eso lo perdió en un abrir y cerrar de ojos cuando fue atropellada por un vehículo y quedó tirada en la calle.
Para ella no hubo asistencia procurando aliviar su dolor, ni inmediata ni posterior, no hubo amigos, ni vecinos ni curiosos que se interesaran por su sufrimiento... simplemente quedó ahí... tirada casi dos días.
Dos días de sufrimiento hasta ser atendida por un veterinario que determina múltiples fracturas en las mandíbulas.
Tal vez al sentirse atendida, �SMummy⬝ (su nombre actual, no sé cuál sería el anterior) en su cabecita imaginó que pedirían por su tratamiento de recuperación, pero no supo ni nunca sabrá que le bajaron el pulgar.
¡Eutanasia...! fue lo que pidieron para ella, en realidad no usaron esa palabra, dijeron lisa y llanamente: ¡Mátenla...!
Afortunadamente el caso llegó a conocimiento de otros seres que no dudaron en ofrecerle a Mummy una oportunidad de recuperación.
Requería una muy compleja cirugía (no olvidemos que sus mandíbulas estaban fracturadas en cuatro) y aún después de operada su recuperación requería un cuidado muy especial dado que el yeso que le cubría el hocico y la cabeza apenas le permitía abrir la boca, por-que hacía complicadísimo su alimentación. Nada de esto amilanó la decisión de los profesionales (Elbio, Gonzalo y Matías) y de quien tuvo a su cargo la recuperación (Mirta) de afrontar las dificultades a vencer.
Fueron más de veinte interminables y pacientes jornadas esperando el día de una nueva radiografía para saber si era posible quitarle el martirio de su yeso.
Indescriptible alegría al saber que el esfuerzo no había sido en vano.
Mummy vuelve a una vida normal, en un nuevo hogar, con nuevos compañeros, humanos y caninos como ella y también un par de gatos con los que hizo �Sbuenas migas⬝.
Solo no podrá ladrar... nunca más... pero esa mala secuela importa poco, continúa su vida, y además para expresarse solo le bastan sus ojos y el meneo de su rabo.
