Más de cien calles sin nombre y una oportunidad para revisar la nomenclatura de Concordia
El Concejo Deliberante realiza un relevamiento en los barrios para identificar arterias y recuperar historias locales. El trabajo también podría abrir el debate sobre las denominaciones con fuerte contenido político contemporáneo y la necesidad de modificar la ordenanza vigente.
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Más de cien calles de Concordia todavía no cuentan con una denominación oficial. Frente a esta situación, el Concejo Deliberante inició un relevamiento destinado a ordenar la nomenclatura urbana y facilitar la identificación de las distintas arterias de la ciudad.
El trabajo incluye recorridas por los barrios, consultas con vecinos, comisiones vecinales e instituciones, además de la recopilación de antecedentes históricos, culturales y geográficos relacionados con cada sector.
El concejal Emmanuel Godoy, presidente de la Comisión de Defensa del Consumidor y Sugerencias Ciudadanas, explicó que el proceso requiere escuchar a las comunidades antes de elevar cada propuesta.
“Queremos recorrer cada sector, hablar con los vecinos y conocer la historia detrás de cada calle. Poner un nombre también es una forma de construir identidad y pertenencia”, expresó. En numerosos barrios existen nombres utilizados habitualmente por sus habitantes que nunca fueron reconocidos formalmente. El objetivo es recuperar esas referencias, evaluar su importancia y otorgarles un marco institucional. La regularización no solamente permitirá ordenar el mapa urbano. También facilitará la localización de domicilios y el acceso de ambulancias, bomberos, policías, servicios públicos, correos y sistemas de distribución.
Revisar nombres con fuerte contenido político
La tarea podría aprovecharse también para revisar aquellas denominaciones impuestas con una marcada identificación política contemporánea. Algunos nombres pueden haber respondido más a decisiones partidarias de una determinada época que a un reconocimiento histórico compartido por la comunidad.
No se trata de borrar la historia, sino de analizar si las calles y los espacios públicos deben representar valores, personas y acontecimientos capaces de perdurar más allá de los gobiernos y de las disputas políticas del momento.
Una revisión amplia y participativa permitiría determinar cuáles denominaciones conservan respaldo social y cuáles deberían ser reemplazadas por nombres vinculados con la historia concordiense, la cultura, la educación, la ciencia, el trabajo y la identidad de los barrios.
Un año podría resultar insuficiente
Otro punto que merece ser debatido es el artículo 9 de la Ordenanza Nº 34.074, que regula la Comisión de Nomenclatura Urbana y establece: “Podrán designarse calles o lugares públicos con nombres de personas, luego de transcurrido un año de su muerte”.
Ese plazo puede resultar demasiado breve para evaluar con perspectiva histórica la trayectoria y el verdadero legado de una persona. La cercanía temporal también aumenta el riesgo de que las decisiones respondan a emociones circunstanciales, afinidades políticas o intereses partidarios.
En otras ciudades se exige que transcurran diez años desde el fallecimiento antes de utilizar el nombre de una persona para identificar una calle o un espacio público. Concordia podría analizar una modificación similar, con excepciones debidamente justificadas y aprobadas mediante un consenso especial.
Extender el plazo permitiría tomar decisiones más serenas, evitar homenajes apresurados y reducir la incorporación de nombres atravesados por la coyuntura política.
El relevamiento de las calles sin identificación representa, en definitiva, una oportunidad para ordenar la ciudad, recuperar la memoria de sus barrios y revisar con criterios más amplios cómo se eligen los nombres que permanecerán en el espacio público durante generaciones.

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