María, mujer feliz
Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo y miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social
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En los diversos grupos humanos, hay personas que habitualmente provocan alegría y paz. Tienen la palabra adecuada para decir sin herir, ayudan a la reconciliación. La alegría se expande al entorno, así como también se contagia la amargura. Lo podemos percibir en la familia, el trabajo, la escuela, la parroquia, el club⬦
Nos atrae esa manera de ser, y quisiéramos saber si hay una especie de fórmula casi mágica que podamos aplicar para ser felices. Mucho se ha escrito a lo largo de la historia acerca de los caminos para la alegría.
La Virgen María es reconocida por Isabel en esta condición a causa de la fe: �SFeliz sos vos por haber creído que se cumplirán las promesas de Dios⬝ (Lc 1, 45).
Ella misma en su canto de alabanza, el Magníficat, nos dice �Stodas las generaciones me llamarán feliz⬝ (Lc 1, 48). María hace memoria de la obra de Dios en los pequeños y humildes, los hambrientos y los pobres.
Por eso canta con la alegría que invade su corazón, aun cuando sabemos que en su vida las cosas no le resultaron fáciles. Tuvo que dar a luz en un pesebre ante la indiferencia de los pobladores de Belén. Conoció el odio y la violencia de Herodes, padeció la persecución y debió huir a Egipto con José y el Niño.
María siempre estuvo unida a su Hijo desde el SÍ de la Anunciación. Lo acogió en su vientre y por eso podemos decir que �Sel Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros⬝ (Jn 1, 14). Fue su madre y maestra en la infancia, y discípula en el tiempo de la predicación.
Unida a su Hijo en la pasión y la muerte. Al pie de la cruz recibe al discípulo amado como hijo propio, y en él a nosotros. Exultó de alegría con los discípulos en la resurrección y los acompañó en oración en la espera del Espíritu Santo.
Cada 15 de agosto celebramos su fiesta. Nos enseña el Catecismo de la Iglesia Católica: �SLa Asunción de María nos muestra una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos⬝ (Catecismo 966). Es primicia y anticipo de la vida nueva que ya late en todos los que estamos unidos a Jesús en la misma fe y animados por el mismo Espíritu Santo.
A veces estamos tan encerrados en nuestra propia existencia, que corremos el riesgo de olvidar la vocación a la vida en plenitud. Miremos al cielo, miremos a María. No nos conformemos con menos.
Este domingo se celebró el Día del Niño. Quisiera mencionar apenas unas pocas ideas.
Ellos buscan jugar y expresan así sus estados de ánimo. Debemos prestar atención a los mensajes que nos comunican. Es necesario que cuenten con espacios seguros.
En la Escuela aprenden no solamente contenidos, sino también a convivir con otros. Asumen las diferencias integrando. Por eso han sufrido tanto durante la pandemia el cierre de los establecimientos educativos y las restricciones en las plazas.
Necesitan de la comida adecuada para lograr en esta etapa de la vida desarrollo físico y afectivo. Las carencias provocan daños irreparables. Clama al cielo que más de la mitad de los niños en la Argentina se encuentren bajo la línea de pobreza.
