Marcha tenaz
El recorrido por estas vías, ya nos detuvo en varias estaciones. En algunas nos hubiéramos quedado más tiempo, pero como la incontenible marcha proseguía, elegimos continuar descubriendo y explorando. Fue así como hallamos nuevas estaciones. Tan bellas, que decididamente las bien vivimos.
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También nos detuvimos en las que desbordaban tristezas. Y aunque deseábamos partir, extrañamente, nos quedarnos.
No fue fácil retomar la marcha, pero logramos hacerlo. Dejaron marcas y no se olvidan. Este movimiento implacable siempre avanza, aunque a veces se asemeja al retroceso.
Fuimos viendo pasajeros que ascienden, otros que descienden y también los que no vuelven. Quienes no siguen el viaje son recordados siempre, mucho más cuando compartimos recorridos, al que nos gustaría retornar.
Los bellos paisajes, invariablemente siguen llegando e iluminan. Atraen, convocan y renuevan. Se movilizan deseos y esas ganas de vivir tan juvenil e intensa. Al detenernos en nuevas estaciones, renacen deseos y con ello transformamos el entorno y también lo propio. Combinación oportuna y eficaz para que las risas abunden.
Estos rieles direccionados al frente, semejan ser infinitos. En el horizonte aparentan unirse, pero siempre son paralelos. Sostienen velocidad y esa marcha lenta que procura detención, como si el movimiento lo abandonara. Y otra vez continúa. Al igual que la música: hay �Stempo largo, andante, allegro o presto⬝, y la sinfonía acompaña aun cuando los sonidos esconden su presencia.
Es claro que se detendrá un día. Lo sabemos, pero la vista se eleva hacia los rieles buscando otra vez el horizonte. Así seguimos. Empecinados y tenaces, esperando la próxima estación de alegrías. Esas que inventamos antes de llegar, con imaginación que diseña colores nunca creados. Como orquesta cuyos vientos, cuerdas y percusión vibran y armonizan para estallar en la certeza que es la nueva estación en la que merecemos quedarnos un poco más.
