Los mundos que habitamos
Vivimos inmersos en un mundo donde las ligaduras afectivas, continencias, gratificaciones y algunas decepciones, forman parte del cotidiano acontecer propio de cada día.
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Nuestra cotidianeidad se nutre a diario de los intercambios con quienes estamos más o menos unidos afectivamente. En paralelo, también estamos conectados con los compromisos laborales y tareas sociales en las que intercambiamos con personas menos conocidas. En definitiva, mayoritariamente transitamos la mayor parte de nuestros días relacionados con personas cercanas y conocidas.
Es este contexto emocional, el que porta enorme significación, pues en él se despliega el sentir positivo o desfavorable que otorga argumentos cognitivos y emotivos, al vasto campo psicológico, pues es el ámbito donde habitan los aspectos significativos, todos ellos ligados a lo amoroso o doloroso, que producen alegrías o decepciones y sufrimientos.
Y según sea el tránsito por donde circulan estas emociones cotidianas, la vida adquiere condiciones favorables, positivas, que entusiasman y hacen la vida más placentera, o no.
Pero en paralelo, acontece que somos acompañados por un sinnúmero de sucesos y acontecimientos que el mundo prodiga y aunque no formen parte de nuestras emociones íntimas, es capaz de incidir en la vida cotidiana. Desde el clima, que sorprende con sus calores, lluvias excesivas o fríos desbordantes, o todo aquello que incide en uno y provienen de otros campos.
Ejemplo de ellos es el sinnúmero de acontecimientos que el mundo externo promueve y aunque no pertenezcan al campo emocional cotidiano, es capaz de conmover la intimidad y producir preocupaciones, angustias o desazón.
Los accidentes que cuestan vidas, no pasan desapercibidos a las esferas íntimas, aunque en ellos no estén comprometidos personas cercanas. Sucesos de orden políticos y económicos se inscriben en el campo socio-comunitario que habitamos y las consecuencias de ello, aunque no perjudique o entusiasme en forma directa a cada uno, genera atracción o desencantos que ingresan a la esfera íntima del campo personal.
Siendo que no estamos ajeno a todo ello, existe este territorio de acontecimientos múltiples que no elegimos y puede recaer en las esferas íntimas.
Aludo a eventos que impactan en el ámbito cotidiano a partir de lo que acontece en el país, la ciudad o barrio que habitamos. Sucesos que son capaces de promover efectos y además, pueden quedar alojados en cada uno. Por ejemplo, las preocupaciones o alegrías que giran alrededor, con sus nuevas formas y sobre todo, temas que adquieren visibilidad e importancia y se transforman en centros de interés.
Claro que previamente debemos situar una de las razones o fundamentos por donde ingresan los temas preocupantes o supuestamente atractivos a nuestra vida. Esto significa reconocer el cúmulo de información que nos rodea. Somos sujetos invadidos constantemente por un exceso de interés comunicacional, proveniente de las redes sociales y los medios de comunicación que se han transformado, de manera grosera e indisimulada, en las fuentes más contaminantes del bienestar psicológico de cada uno.
Y esto no significa que debemos taparnos los oídos y cerrar los ojos a la realidad, pero es necesario aclarar que las redes sociales y los medios de comunicación (mayoritariamente) tienen por fin, y nada escatiman para ello, en PRODUCIR REALIDADES FICCIONALES. Y lo escribo con mayúsculas porque, carentes de ÉTICA PROFESIONAL, no se avergüenzan de mostrar los colores que más les interesa, aunque no sean los colores de la realidad.
Las mentiras informativas, noticias irreales o palabras sin fundamentos ciertos son parte habitual de su vocabulario. Y así es como rondan e inundan los puentes por donde todo ello, finalmente nos llega. No se trata de desprendernos de los celulares, computadoras y sus útiles funciones, ni tampoco crear un “mundo color de rosa” que tampoco existe (aunque sí para los felices enamorados). Se trata de abrir los ojos a un bombardeo persistente con la intención de desviarnos a sus propios centros de intereses, es decir, procuran capturar nuestro tiempo e interés.
En esta dimensión de las realidades producidas, las noticias que proliferan son las causan malestar y desánimo. Alientan a minimizar las buenas cosas que nos suceden y enfocarnos en aquellas otras que producen efectos de preocupación e interés por sus penosos desenlaces. Los noticieros, asociados a esta lógica de las malas noticias o hechos inquietantes, son irradiados con elevados y actualizados conceptos de la ingeniería audiovisual, con el fin de cautivar y disminuir las capacidades críticas, provocando un estrecho círculo de atención y preocupación, del cual cuesta salir.
Por último, no todo está mal en este mundo, pese a las dificultades cotidianas que rondan. Los acontecimientos más importantes que marcaron y marcan nuestra vida, siguen siendo aquellos asociados a nuestras elecciones, nuestros vínculos y sobre todo, las metas alcanzadas o por alcanzar.
Al mundo circundante hay que leerlo, observarlo, analizarlo, pero debemos hacer el gran esfuerzo de no permitir que nos aprisiones, ya que pretenden, en forma constante, hundir sus aguijones en la subjetividad colectiva, causando preocupación y desánimo.
Las mejores cosas fueron y seguirán siendo las que acontecen a nuestro derredor emocional más preciado
Lic. Mario Sarli
