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    Lago de Salto Grande cubierto de verdín: el síntoma visible de un deterioro que lleva décadas

    Las extensas manchas verdes que avanzan sobre el lago de Salto Grande, frente a Santa Ana, no son una rareza estacional ni un fenómeno pasajero.

    09 de febrero de 2026 - 13:00
    Lago de Salto Grande cubierto de verdín: el síntoma visible de un deterioro que lleva décadas
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    Son la expresión visible de un proceso prolongado de degradación ambiental que combina crecimiento urbano sin planificación, falta de inversión en saneamiento y controles insuficientes sobre las actividades productivas.
    Las floraciones de algas y cianobacterias —conocidas popularmente como “verdín”— se producen cuando el agua acumula niveles elevados de nutrientes, principalmente fósforo y nitrógeno. 
    Esos compuestos llegan al sistema hídrico a través de efluentes cloacales deficientemente tratados, descargas industriales, escorrentías agrícolas y sistemas de saneamiento que no acompañaron la expansión demográfica de las ciudades ribereñas.
    Cuando el agua se convierte en un caldo cargado de nutrientes, las algas proliferan de manera explosiva. El calor y la baja circulación del agua aceleran el proceso, pero el problema de fondo es estructural: el río recibe más de lo que puede asimilar.

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    Un ecosistema presionado
    El lago Salto Grande y el río Uruguay forman parte de un sistema binacional cuya gestión involucra a organismos técnicos que, en teoría, deben velar por su equilibrio. Sin embargo, distintos especialistas vienen advirtiendo que los controles ambientales no siempre han ido al mismo ritmo que el desarrollo productivo.
    En los últimos años, el crecimiento de áreas agrícolas intensivas en la región, el uso sostenido de fertilizantes y la expansión de zonas urbanas sin redes cloacales completas incrementaron la carga orgánica y química que termina en el agua. La eutrofización —el proceso que genera estas floraciones masivas— es un fenómeno conocido en todo el mundo, pero su magnitud depende directamente de las políticas de saneamiento y control.
    También se abre el interrogante sobre el rol de polos industriales y urbanos cercanos, como Chajarí, Concordia y otras localidades de la cuenca. La pregunta es técnica y política al mismo tiempo:
    ¿Qué nivel de tratamiento tienen los efluentes?
    ¿Los controles son periódicos y públicos?
    ¿Las inversiones en infraestructura sanitaria acompañaron el crecimiento regional de las últimas décadas?

    Consecuencias que van más allá del paisaje
    El impacto no es solo visual. Las cianobacterias pueden liberar toxinas que generan irritaciones cutáneas, trastornos gastrointestinales, afecciones respiratorias y, en exposiciones prolongadas, complicaciones hepáticas o neurológicas.
    Cada vez que el verdín se intensifica, se activan protocolos sanitarios: advertencias, banderas rojas, recomendaciones de no ingresar al agua. En algunos casos, playas cerradas. Son medidas necesarias, pero defensivas. Actúan sobre el síntoma, no sobre la causa.
    El daño también es económico. La región depende en buena medida del turismo asociado al lago y al río. La pérdida de calidad del agua impacta en la actividad comercial, en la imagen del destino y en el uso recreativo que las familias hacen del recurso.

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    Una deuda histórica
    El estado actual no se explica por un verano seco ni por una ola de calor. Es el resultado acumulado de varias décadas en las que el crecimiento urbano, industrial y productivo no siempre fue acompañado por obras estructurales de saneamiento.
    En los últimos meses, el gobierno provincial inició gestiones para obtener financiamiento internacional destinado a plantas de tratamiento de efluentes, un paso necesario si se pretende revertir la tendencia. Sin embargo, el desafío es de escala regional y exige coordinación binacional, planificación a largo plazo y controles transparentes.

    Un mensaje que no admite más demora
    Un río no es un conducto ilimitado. Es un sistema vivo con capacidad finita de recuperación. Cuando esa capacidad se supera, el ecosistema responde. Hoy responde con verdín.
    La discusión no es ideológica ni partidaria: es sanitaria, ambiental y productiva. Implica decidir si el modelo de desarrollo seguirá descargando costos sobre el agua o si se asumirá la inversión necesaria para protegerla.
    Porque el lago no habla en conferencias ni en comunicados. Habla cuando se tiñe de verde.
    Y esa señal, esta vez, es demasiado clara como para ignorarla.(I: FM del Este. Chajarí/El Heraldo)
     

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