Eran estudiantes secundarios, fabricaron un biofertilizante y ahora los supera la demanda
El grupo de jóvenes de Tándil fundó �SBiocuno⬝. Todo comenzó con un trabajo práctico, pero ya se perfila como un negocio para ellos.
:format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/noticias/2020/02/07_bio1.jpg)
Un trabajo práctico de sexto año en la Escuela de Educación Secundaria Técnica Nº 2 ¨Ing. Felipe Senillosa¨ fue el disparador para que un grupo de jóvenes dieran los primeros pasos de un proyecto que se empezó a transformar en un agronegocio.
Tomás Armendariz toma la palabra en nombre de los diez estudiantes que activamente hoy participan de �SBiocuno⬝, un emprendimiento que fabrica un biofertilizante en esa localidad.
Los otros nueve a los que citó son: Agustín Molina, Ignacio Gilabert, Lucas Celse, Pablo Altamirano, Julian Heim, Mariano Diaz, Federico Barragan, Ramiro Dorney, Manuel Ardito y Franco Molina.
Con el fin de avanzar en lo vinculado a la sustentabilidad, la empresa líder anunció sus planes de acelerar iniciativas de mejoramiento ambiental, e impulsar cambios fundamentales en la forma de elaboración y utilización de sus productos en la industria del vino en general.
Cambio climático y fertilización: la importancia del manejo de nutrientes en suelos
De este y otros temas trata el nuevo Manual de Buenas Prácticas de Manejo de Fertilización que presentó este miércoles la asociación civil Fertilizar, confeccionada por los técnicos Andrés Grasso y Martín Díaz Zorita.
Luego de egresar de la escuela de química, Armendariz dejó Tandil y se mudó a La Plata. Ahora estudia medicina.
Biocuno - Biofertilizantes de Tandil
�SRecientemente, hicimos nuestra primera entrega a gran escala de 6.000 litros del biofertilizante a un productor ganadero de Las Flores (Buenos Aires), que se llama Francisco Montemerlo. Lo conocimos hace un año.
Nos brindó ayuda económica y también está dispuesto a que nosotros analicemos el impacto del producto, luego de la aplicación que hará en una pastura consociada -raigrás, trébol rojo, cebadilla, y lottus- y otra parte en un pequeño monte frutal que tiene en el campo⬝, explica el estudiante, respecto al producto líquido que fabricaron a partir de desperdicios orgánicos.
El producto está hecho a base de heces de vaca de tambo, suero de leche más cenizas o harina de roca -conseguida de las viejas canteras de Tandil-, todo diluido con agua.
�SSiempre vamos cambiando la receta para mejorarla: queremos establecer los ingredientes definitivos para conseguir una producción estable⬝, cuenta Armendariz.
El fertilizante lo consiguen a partir de una fermentación hecha en biodigestores, instalado en la casa de Agustín Molina.
La velocidad del proceso de fermentado, explica Armendariz, varía de acuerdo a la temperatura externa, considerando que están a la intemperie �SColocamos las materias primas, fermenta, se filtra, retiramos el sólido y comercializamos la fracción líquida. Por ahora, no tenemos certezas de la composición química.
Lo que tiene lo sabemos por una cuestión teórica, como macro y micro, minerales y organismo benéficos de diversidad bacteriana, fundamentalmente⬝, dice. La historia de este grupo de chicos se inició en el 2017, cuando cursaban el sexto de la escuela. �STodo comenzó con un trabajo de investigación y con el propósito de aprobar una materia.
Ahí recopilamos toda la información sobre el tema de biofertilizantes, su aplicación y decidimos armar nuestro producto. Ese año logramos tener los 5 litros, entendimos que el proyecto estaba buenísimo, era ecológico, a la gente le gustaba. Al año siguiente, el último del secundario, debimos llevar el proyecto a una empresa hipotética y confirmamos que queríamos seguir con la idea. A fin de 2018, teníamos 15 litros del biofertilizante que lo regalamos todo a un taller de cultivo de cannabis⬝, explica el técnico químico, a lo que agrega que la mayoría de sus primeros clientes fueron los profesores de colegio.
En el 2019 decidieron aumentar la producción a 600 litros, de los que se obtiene un 70% de rendimiento, implementan el desarrollo de los envases y una etiqueta para el producto.
Considerando la dimensión que empezó a tomar el proyecto, los emprendedores tienen uno de sus asociado que los ayuda a llevar adelante la empresa, además se contactan con un grupo de abogados por cuestiones de asesoramiento legal, una parte del grupo se encarga del mantenimiento y la venta del producto, así como otros de los temas de difusión y publicidad en redes sociales. Como parte del crecimiento, también tuvieron el pedido de una productora que pretendía 350 litros del biofertilizante para probar en maíz y otros menores desde otros sitios.
�SPor ahora estamos vendiendo el producto, pero para que pruebe. Hacer análisis y recuperar datos, y luego lanzarnos oficialmente⬝, concluye el técnico.
Infocampo)
