''Entre Ríos: piel y copla''
Así se llama el libro que realizó nuestra concordiense Graciela Bascourleguy, muy conocida y reconocida conductora radial de LT15, donde trabajó 35 años en "Tiempo de folklore".
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Posteriormente trabajó en Paraná, como Directora del Archivo Histórico Municipal, de dicha ciudad. Luego realizó varios libros, y este que hoy menciono, tiene datos de investigaciones por ella trabajados durante varios años. También nos comenta colaboró con ella, una gran amiga, Manuela Chiesa de Mammana profesora de literatura de Villaguay, y que juntas realizaban un trabajo por radio en un programa "Los duendes del archivo".
Dicho libro tiene interesantes copias fiel de los primeros años de la formación de las comunicaciones de," Las Postas "que nos relata, de gran contenido histórico, que nos hace pensar las dificultades que se| presentaban en aquellos tiempos, para poder mandar mensajes, y el significado de lo que representaban las postas en el siglo XIX, desde Buenos Aires hasta Asunción del Paraguay, Chile, y Potosí. Luego las postas en Entre Ríos, de Concordia a Villaguay, a Federal a Concepción del Uruguay. El libro tiene varios temas de costumbres, fiestas y tradiciones. Hoy nos dedicamos a Las Postas.
Postas
Los que más utilizaban las postas son Chasque-mensajería entre particulares; Gauchos aguerridos, Buenos nadadores y excelentes jinetes que se lanzaban sin camino de auxilio, guiándose por el conocimiento de la zona. Los chasques después prestaron sus servicios a los gobiernos. Todo iba bien hasta que lluvia porque los ríos y arroyos crecían. Si había mucha urgencia cruzaban en "pelota", embarcación usada en esa época construida con cuero y en forma similar a una canasta.
La forma miserable en que estaban provistas las postas se aprecia con la descripción que hace Feliz de Azara. A pesar de que con el tiempo mejoró el servicio, los viajeros debían llevar arriando las mudas de caballos para relevo, pues, por regla general las postas carecían de tales elementos, salvo para el correo y los enviados especiales y oficiales.
En Entre Ríos la primera se estableció a la vera del camino la Bajada y la Asunción; mucho después se organizó la del Uruguay.
Francisco Ramírez posibilitó una carrera de postas más regular y el establecimiento de servicio de correo oficial. Más adelante, el Gral. Urquiza al frente del Gobierno de la Confederación Argentina, con el decreto del "54" y una ley del "55" organizó las postas y reglamentó más adelante del servicio para ocho personas como mínimo y comida decente.
En 1860 Cecilio Berón de Astrada desde La Paz le escriba a Don Ricardo López Jordán quejándose que la mayor parte de las postas no tienen ni un solo animal.
Fechado en Concordia, el 4 de noviembre de 1861, el Coronel Domínguez comunica que en el mes pasado de octubre, maestros de postas no mantenían por lo menos dos caballos atados como corresponde a la noche.
Han pasado más de doscientos años desde que Jefes como José Gervasio Artigas, Francisco Ramírez, Anacleto Medina dejaron sus nombres en el cuaderno de posta El Espinilla. El mismo aún conserva el olor fuerte del cuero de su cobertura y tiene además, en sus mensajes, toda la riqueza sugerente de un documento vivo.
El maestro de posta regenteaba el negocio y era dueño de los caballos utilizados por los postillones, quienes acompañaban al correo, o a los viajeros y se encargaban de traer los caballos que habían usado hasta la posta siguiente. Según la urgencia, los correos tenían el privilegio de exigir caballos a cualquier hora de la noche.
Había una cláusula que sostenía que en cada posta debía haber un cuarto con muebles para el descanso de los viajeros gratuitamente, pero en Entre Ríos fue muy dificultoso. Hacia mediado del siglo XIX se intensificó el número posta pero no mejoró su atención.
El 22 de abril de 1822 desde Uruguay, Pedro José le confirma al Gobernador Mansilla que en las postas se cobrará un impuesto por ordenanza y que, además, ya tiene en su poder el valor de la legua de ida y vuelta.
Si en tiempo de paz las travesías eran dificultosas, mucho más en tiempos de guerra. Además de las notificaciones oficiales las personas llevaban pasaportes, una especie de nota que facilitaba el paso.
La correspondencia oficial tenía alguna franquicia pero no se pudo evitar el aprovechamiento que hacían algunos funcionarios de esta franquicia.
Las mensajerías reemplazaron a la carreta primitiva en el transporte de personas y llegaron a contar con una importante organización de postas para el descanso de los viajeros. Los servicios de mensajerías eran muy usados por el sistema comercial para distribuir cartas, facturas y almanaques. 11
Para finalizar con el tema de las comunicaciones, Graciela nos comenta lo interesante que resulta las comunicaciones que hacían los pueblos primitivos de aborígenes, y como se mandaban sus mensajes por medio de “quipus”, qué era un caño o madera larga, con cantidad de piolas de distintos colores y de distintos largos, trenzados y con nudos. Esa era la forma de enviar sus mensajes, para que los españoles, no pudieran enterarse y solo ellos lo entendían. Así fue el correo de los pueblos de los Incas, a los aimara y los quichuas.
Creo, no deja de ser novedoso e interesante, esta forma de enviarse sus mensajes.
Teresita Miñones de García
