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    Entre el infierno y el cielo

    21 de enero de 2023 - 09:33
    Entre el infierno y el cielo
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    Y entonces Silvia me contó el día en que apareció esa mujer y ella, presurosa, salió a su encuentro, como hacía con todas las que llegaban por primera vez, tímidas, cabizbajas, sombrías, tristes⬦siempre era importante ese momento, recibirlas con una sonrisa, con un gesto como de bienvenida, como si fuera un conserje, pero sincera, auténtica y entonces fue a abrazarla, pero sintió que no había brazos, que la mujer, avergonzada, se estiraba pudorosa con su cara, con sus hombros para encontrarse con su cariño, porque los brazos eran como si se hubieran hundido hacia atrás, como si fueran tirados por una cuerda, cuando cayó en la cuenta que sus huesos ganchosos estaban presos por ataduras que le mordían la carne y le laceraban el alma. Silvia disimuló el impacto y esperó que la del uniforme libere esas manos que, al fin y al cabo, necesitaba sueltas para tomar las agujas, los hilos, recibir unos mates y unas palabras. La invitó a sentarse y ella vio, como desde un precipicio, un mundo de miradas que se fijaban en ella, pero no eran ojos de afilados cuchillos, sino miradas que eran vistazos suaves, anudados a mohines afectuosos y amables, tiernos saludos que le recordaron a la maestra de jardín, cuando era muy pequeña y estaba llena de miedo. Silvia le dio un poco de lana y las agujas y como una guía de turismo le contó la historia y la geografía de ese mágico país de las tejedoras de sueños.

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    SIN PIEDRAS

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    Ese primer día casi no hizo nada, el pudor y el recelo casi no la dejaron, además, aunque Silvia se desarmara en explicaciones, en el fondo ella sabía que no iba a poder, si no se sentía apta, si solo iba allí para respirar de la asfixia agobiante de las cuatro paredes, como quien saca un poco la cabeza por la ventanilla y chupa fuerte el aire fresco una mañana de invierno. Sin embargo, y aunque la vida la hubiera hecho desconfiada se dejó llevar por las conversaciones amables, el trato afable y tierno, las palabras y risotadas ante algún comentario medio zafado, pero que la abarcaban e incluían con complicidad. Y todas las manos agiles alrededor de la mesa que repartían la atención para recibir un mate y se detenían con el gesto de contar los puntos cuando algunx de ellxs decía algo sorprendente o profundo, porque en definitiva estaban allí para compartir una pena, un sufrimiento del corazón, hondo, crudo, excesivo. Y poco faltó para que la mujer contara, un poco encogida y corta primero, aquellos infiernos que quemaron su existencia. Y después se fue expresando de manera más resuelta, porque era valiente y además porque percibió, claramente, que todas la escuchaban con atención, en silencio, con respeto. Sintió que nadie la acusaba, ni juzgaba. Ni siquiera le preguntaban causas ni razones. Y comprendió que aquellas mujeres no tenían piedras para arrojar. Que maravilloso. Cuando Silvia evocaba este momento, no podía dejar de recordar ese episodio sublime en el que Jesús responde a los fariseos que, aquellos que no cargaran pecados, arrojaran sus piedras a la �Sculpable⬝. Entonces, esa mujer no solo apalabró en el grupo sus desgarradores abismos, aquellos que la empujaron a la desesperación y el hastío, sino que también comenzó a escuchar a las otrxs, a ser parte y dar, también ella, palabras calmantes, a abrazarlas con miradas comprensivas y bondadosas.


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    PODER O NO PODER, ESA ES LA CUESTI�N

    En algún momento dijo que no iba a poder. Que nunca había podido. Que siempre salió lastimada de las trampas de la vida. Pero Silvia creyó en ella, porque siempre confía en las personas. En que pueden aprender, crecer, volar. Y más aún en esa mujer que había superado tanto. Y la amorosa mirada de Silvia fueron una sola y misma cosa con sus manos que se soltaron. Comenzaron a crear maravillosos tejidos, objetos preciosos. Aprendió que se puede querer, y que se puede poder. Que solo hace falta confiar y darse valor. A esa altura ese espacio de encuentro era vital. Esperaba con ansias que las pesadas agujas del reloj señalaran el día indicado, aquel que la sustraía del agobio propio de su encierro. Y finalmente, ese año pudo decir, en los festejos de despedida, que por primera vez en su vida, como una sensación nueva y extraña, sentía que tenía amigas, que como nunca en esa vida llena de asperezas y desprecios, había experimentado el afecto, el cariño, la confianza, la reciprocidad del amor. Que ese extraordinario grupo pleno de la sabiduría que se abre con las heridas, en la universidad del dolor, abrió las puertas de su corazón, descongeló sus sentimientos y limpió un horizonte que ahora se presentaba pleno de esperanzas. Los dueños de los grilletes, los que arrojan piedras y los falsos moralistas se ensañaron con ella hasta el último segundo de una condena demasiado rigurosa, tal vez, para aquellas faltas que brotaban de la desolación y el desamparo. Pero no pudieron. Ella cumplió con entereza, con valentía y coraje la pesada pena y no fue sola a buscar su libertad a los palacios de la justicia. Estaban allí sus amigas, tejedoras de sueños, aquellas que nunca preguntaron qué hizo, ni sus culpas ni sus fallas, aquellas que entregaron todo el amor para que se rehiciera, fuerte, decidida, valorada, para que pueda desplegar sus alas por el mundo, tejiendo sueños y esperanzas.


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    LAZOS EN RED DONDE RADICA LA ESPERANZA

    Es una red de voluntarios para la prevención del suicidio que funciona en Concordia desde junio de 2019. Una red construida con vecinos preocupados en ayudar a las personas vulnerables, con conductas autodestructivas, que tristes y deprimidas, ponen en riesgo su vida. �STejedoras de sueños⬝ es un dispositivo de taller de tejido que coordina Silvia Fernández con un compromiso ejemplar, en el que la colectividad y el grupo rescatan de la soledad y el aislamiento a través de un hacer compartido. Silvia es una persona dotada de una sensibilidad muy especial, de una enorme capacidad de amor que derrama a borbotones sobre aquellas personas que llegan lastimadas y desesperadas. En ese espacio mágico, rigurosamente maravilloso, no solo enseña a tejer, también compone un territorio de ternura, de escucha, de comunicación, de creatividad, de confianza, de humor y alegría, de esperanza y solidaridad que curan las heridas y transforman a las personas a través de la recuperación del deseo de vivir. En este mundo en el que prevalece la violencia, el odio, el egoísmo y la destrucción, �Stejedoras de sueños⬝ es un país en el que radican, desde la solidaridad y el amor, las esperanzas en otro mundo posible. No otra cosa es este humilde homenaje a Silvia y a Nancy por enaltecer la condición humana.


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