EN RECUERDO DEL DR. MIGUEL SCATTINI
Hace pocos días, para ser más preciso el 20 de julio, el Ing. Edmundo Scattini hacía una sentida recordación de su padre, el prestigioso y noble Dr. Miguel Scattini. Pero en realidad entiendo que ese es un homenaje que le debe la ciudad de Concordia. Estuve esperando que alguien con más argumentos que yo lo hiciera. Como eso no sucedió, asumo entonces ese necesario compromiso.
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¡Cómo no recordarlo en esa fecha, aunque ya queden pocos de sus contemporáneos! Sin embargo, en mi memoria pervive su recuerdo porque fue médico de mis abuelos y guardaban de él unas muy gratas evocaciones, como esos antiguos afectos se transmiten, quiero revivirlo para que también los lectores conozcan su calidad humana y generosidad. Tuve sin embargo un trato frecuente y fluido con el Dr. Nisio Katzenelson quien tenía la virtud de su capacidad narrativa. Me contó muchas anécdotas sobre el Dr. Scattini por quien tenía un agradecido y respetuso recuerdo. Me hablaba de su presencia que impresionaba al conocerlo, pero de inmediato mostraba su sencillez, amabilidad y rápidas respuestas. �STenía un trato paternal para mí, que tenía 22 años y era un médico de pocos años de recibido, desempeñándome como médico en Ubajay lo que naturalmente apreciaba de sobre manera ese trato afectuoso.
Atendía a la gente pobre con mucha humildad y cuando no tenían dinero, pagaba él su receta, ya que tenía una cuenta corriente en la farmacia para estos casos⬝.
Tal como comencé esta nota, yo no conocí al Dr. Miguel Scattini simplemente por razones de edad.
Pero como en el caso del Dr. Katzenelson, conocí a varios colegas suyos que fueron contemporáneos y coincidían en conservar esos recuerdos de su capacidad médica y su gran vocación humanitaria.
Otro médico que lo recordaba con mucho afecto era el Dr. David Pitashny quien me contaba que el Dr. Scattini entró a prestar servicio en el Hospital Felipe Heras en 1912.
�SSe especializaba en Cirugía de Mujeres, aunque en aquel tiempo, hacía todo lo que se presentara en la Sala 5, que quedaba contigua al Servicio y Capilla de las Monjas de la Orden de San José. En ese tiempo se turnaban los médicos en la dirección del hospital, a él le correspondió en el año 1925. Con él aprendí el arte de la Anestesia General con Cloroformo y �0ter. Yo en 1928 con más aplomo en Medicina, era realmente emocionante verlo trabajar sobre todo en Tiroides y⬦ en aquella época su ayudante era don Pedro Sauré. Quistes de Ovario, Prolapsos de Matriz y también un caso interesante de un absceso en el riñón. El enfermo quedó muy bien. Era un español vendedor de billetes de lotería de apellido García que vivió sin problemas. Solía traerle flores al Dr. Scattini en reconocimiento.
¡Dale más cloroformo⬦ dale más! El aparato Roth y Dreaguer del hospital era por goteo y así había que trabajar y tener paciencia hasta que el paciente se durmiera por las pérdidas de gas. Por eso también mis siestas eran muy largas⬝.
El padre del Dr. Pitashny lo adoraba y se preguntaba cómo se podía atender a tanta gente y⬦ sin cobrar.
�SLo atendía de una fibrilación auricular con insuficiencia cardíaca, y era tan bueno el Dr. Scattini que me comunicaba las novedades a Rosario donde yo estudiaba. Lloramos todos su prematura desaparición a raíz de un pinchazo en un dedo. Gran médico y una enorme de bondad⬝.
El Dr. Miguel Scattini era oriundo de Paraná y había cursado medicina en la Universidad de Buenos Aires. Luego estuvo especializándose en cirugía en la Clínica Mayo de Estados Unidos. Su radicación en Concordia en 1912 se debió posiblemente a unos familiares a los que apreciaba mucho, y aquí se quedó y formó su familia con su esposa doña Olivia Córdova. Tuvieron 5 hijos y todos fueron profesionales y 3 de ellos médicos.
Luego de ese pinchazo la infección se propagó rápidamente. Sufrió de fiebre y él ya advertía que se iría agravando. Con su aprobación decidieron internarlo en el Sanatorio Concordia que hacía poco tiempo (3 años) habían habilitado en la vieja casona de la calle Quintana 74, a pocos metros de la Escuela Normal.
Como no existían los antibióticos, le abrieron el brazo para tratarle la infección con antisépticos. Pero todo fue inútil. Se transformó en septicemia y finalmente falleció.
Decía el Dr. Miguel Ángel Albornoz que �Sel Dr. Scattini era un médico extraordinariamente capacitado y con la sublime obsesión natural y sin afectaciones de vanidad de hacer el bien a sus semejantes. Asistiendo días y días al enfermo en su lecho de aflicción sin aceptar honorarios. Antes más bien proporcionándole dinero para la adquisición de los medicamentos.
Por eso cundió una enorme pesadumbre en la ciudad. La gente no lo podía creer.
¡El Dr. Scattini había muerto! La ciudad estaba consternada. Su velatorio fue impresionante, acorde a la persona que se despedía y también el traslado de sus restos al cementerio fue acompañado por una multitud de doce cuadras, a pie, calculándose en 10.000 personas.
Cómo sería la consternación que el flemático ferrocarril inglés cerró su administración en señal de duelo. Y todo el comercio cerró sus puertas en manifestación de respeto. Y los bancos también lo hicieron⬝.
Pero la sensación era de desamparo de quienes eran sus pacientes y en los demás, un profundo respeto por la ilustre persona desaparecida. Solo tenía 43 años. Mi recuerdo para el Dr. Miguel Scattini, a 90 años de su fallecimiento.
