El retroceso de la industria editorial argentina
Tal vez la época de oro de nuestra industria editorial se dio entre 1930 y 1970, gracias a la contribución de la industria local producida por el gran exilio de españoles radicados en la Argentina huyendo de la República Española primero y de la Guerra Civil después.
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Editoriales como Sudamericana, Losada, Espasa Calpe y EMEC�0 pasaron a dominar un mercado que era muy competitivo y luchaban por ingresar a nuestra industria gráfica que producía el 50 % de los textos en castellano en el mundo.
En los años 90, las empresas extranjeras ingresaron al mercado argentino. La Ley de Convertibilidad que regulaba la paridad cambiaria y el ingreso de capitales, corrió junto a la obligatoriedad del Estado de mantener una reserva de dólares equivalente a la moneda nacional circulante para asegurar los compromisos externos.
La producción dejó de ser prioridad, sino el aprovechamiento de los recursos materiales existentes, el escaso margen de ganancias destinados a la reinversión y por esa razón, las empresas extranjeras se vieron beneficiadas y la inversión de esas empresas extranjeras en la industria editorial la que a partir de ese momento se dedicó al mercado latino, donde ubicaron sus sucursales y no consideraron el desarrollo de la cultura y la industria nacional.
Así fueron absorbidas las editoriales locales, en un proceso de expansión hacia Latinoamérica. Entre 1998 y 2000 el grupo español Planeta, (que controla el 20 % del mercado argentino) adquirió EMEC�0, Tusquets, Minotauro, Paidos, Seix Barral, Ariel, Espasa Calpe, Crítica, Temas de Hoy, Destino, Martinez Roca, Becerra y Hernández.
El otro grupo Sudamericana, que es la segunda empresa líder en ventas sella la pérdida de competitividad de la industria editorial argentina, frente a las transnacionales al ser adquirida en 1998, por el grupo alemán Betelsman, que es también propietario de Penguin Ramdom House, Grijalbo, Mondadori, Lumen, Debate, Plaza & Janés
El grupo español PRISA adquiere Santillana, Alfaguara, Taurus, Aguilar, Altea, Richmond Publishing. Por otro lado, los capitales colombianos del Grupo Norma en 1994 adquiere Editorial Kapelusz que se suma a la adquisición de Tesis en 1991. El Grupo Zeta Ediciones B absorbe Javier Vergara Editores.
La prestigiosa Editorial Ángel Estrada fundada durante la presidencia de Domingo F. Sarmiento por Ángel Estrada dedicada a la publicación de libros escolares y cuentos infantiles fue adquirida en 2007 por el grupo escocés Macmillan Publishers
Las grandes editoriales argentinas pasaron a ser de negocios familiares cuya prioridad era crear un catálogo de prestigio, teniendo como ejemplo el boom de los años 60, a focalizarse en el polo comercial de la actividad y considerar al lector como un �Sconsumidor⬝.
Además es frecuente que muchos autores que adquieren prestigio en las editoriales más pequeñas, sean contratados por las grandes asegurándoles un piso de ventas con sus sucursales y cadenas de distribución que los pequeños no pueden competir.
Estas editoriales pequeñas o �Sindependientes⬝ son también emergentes de la década del 90, en parte gracias al abaratamiento de importación de los insumos y donde el escritor desconocido intenta publicar sus trabajos a veces con suceso y lograban trascender al gran público.
También es bueno preguntarse ¿Qué sucedió con la Ley de Fomento al Libro y la lectura sancionada el 27 de junio de 2001? ¡Hace ya 20 años!
Esta ley reclamaba la reducción de gravámenes al papel importado cuya calidad no se fabrique en el país y arancelar la importación de los libros y revistas. Subrayaba la gravedad de la situación contrastándola con los regímenes de países de habla castellana, que fueron hasta la década del 50 compradores de ediciones argentinas como he señalado antes.
