El presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella mostró cadáveres de presuntos guerrilleros tras operativos militares
El mandatario colombiano difundió imágenes en las que aparece caminando junto a bolsas que contenían los cuerpos de 23 presuntos integrantes de grupos armados abatidos en un operativo en Guaviare. La decisión generó críticas de sectores políticos y organizaciones defensoras de los derechos humanos.
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El presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, quedó en el centro de una fuerte polémica luego de difundir en redes sociales un video en el que se lo observa caminando junto a bolsas blancas que contenían los cuerpos de 23 presuntos integrantes de grupos armados abatidos durante una operación militar en el departamento de Guaviare.
En las imágenes, difundidas por el propio mandatario, De la Espriella aparece acompañado por integrantes de las fuerzas de seguridad y presenta el resultado del operativo como una muestra de la ofensiva de su gobierno contra las organizaciones armadas ilegales. La escena fue interpretada como una demostración pública de la política de “mano dura” que el presidente prometió durante su campaña.
“Les prometí enfrentar el terrorismo y lo estoy haciendo”, sostuvo el mandatario en el video difundido en sus redes sociales, en el marco de una estrategia que busca intensificar las operaciones militares contra las disidencias de las FARC y otras organizaciones criminales.
Una política de seguridad basada en la ofensiva militar
La exhibición de los cuerpos se produjo pocos días después de una serie de operaciones militares impulsadas por el nuevo gobierno colombiano. De la Espriella asumió la Presidencia con un discurso centrado en el combate frontal contra los grupos armados y el narcotráfico, en contraste con la política de negociación y “paz total” desarrollada durante la administración de Gustavo Petro.
El gobierno colombiano sostiene que los operativos tienen como objetivo desarticular las estructuras armadas que continúan operando en distintas regiones del país. En una operación anterior, realizada en el suroeste colombiano, las fuerzas de seguridad abatieron a un jefe de una facción disidente conocido como “Felipe” o “Arcadio”, a quien las autoridades acusaban de participar en ataques contra fuerzas de seguridad y acciones con explosivos.
La ofensiva también incluyó un bombardeo en Guaviare que dejó diez muertos. Según información de Medicina Legal, entre las víctimas había tres menores de entre 15 y 16 años, un hecho que generó cuestionamientos de organizaciones sociales y de sectores de la oposición.
Nuevas imágenes y otra controversia
La polémica volvió a crecer este viernes, cuando De la Espriella presentó ante la prensa los cuerpos de otras cuatro personas fallecidas durante un operativo policial en Riohacha, en el departamento de La Guajira.
Entre los muertos se encontraba Naín Andrés Pérez Toncel, conocido como “Bendito Menor”, señalado por las autoridades como uno de los principales cabecillas de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN). También murieron su pareja, Rosa Angélica Tarazona, alias “Bebecita”, y dos colaboradores cercanos.
Los cuatro cuerpos fueron exhibidos cubiertos con lonas blancas durante la visita presidencial a la zona. La escena se produjo apenas días después de la difusión de las imágenes correspondientes a los 23 fallecidos en Guaviare.
Críticas por la exposición de los cuerpos
La decisión del presidente colombiano provocó cuestionamientos de dirigentes políticos y sectores vinculados a la defensa de los derechos humanos, que consideran que la utilización de los cadáveres como parte de la comunicación oficial del Gobierno supone una forma de glorificación de la violencia.
El episodio también fue cuestionado por el expresidente Gustavo Petro y otros referentes de la oposición, quienes criticaron la decisión de exhibir públicamente a personas fallecidas como parte de una estrategia política.
Medios internacionales señalaron que la modalidad adoptada por De la Espriella representa un cambio significativo en la comunicación oficial sobre las operaciones de seguridad, al convertir los resultados de los enfrentamientos armados en una pieza central de la imagen pública del Gobierno.
La controversia se produce en un momento en que Colombia atraviesa una nueva escalada de operaciones contra grupos armados, mientras la administración de De la Espriella busca mostrar resultados concretos en su promesa de combatir el narcotráfico, las disidencias guerrilleras y las organizaciones criminales que operan en distintas regiones del país.

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