El poder nuclear que nadie confirma: por qué Israel mantiene el secreto de su arsenal
El especialista Julián Gadano explicó que la estrategia israelí de no confirmar ni desmentir su arsenal es una ventaja para asegurar su supervivencia regional.
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La ambigüedad estratégica de Israel sobre su capacidad nuclear forma parte de una política deliberada que le permite mantener ventaja militar en Medio Oriente sin admitir formalmente la posesión de armas atómicas.
Así lo explicó el ex subsecretario de Energía Nuclear de la Nación, Julián Gadano, quien analizó el mapa global de las potencias nucleares, el rol disuasivo de estas armas y el avance tecnológico de Irán hacia el umbral militar.
Según el especialista en política y gestión nuclear, la política israelí se inscribe dentro de lo que la literatura especializada denomina “proliferación opaca”, una estrategia en la que el país no confirma ni desmiente públicamente su arsenal nuclear. “Todo el que sigue el tema sabe que Israel tiene armas nucleares. Israel no lo niega, pero tampoco lo confirma”, explicó.
Gadano señaló por Radio Rivadavia que, en el mundo, nueve países poseen armas nucleares, aunque sólo cinco están reconocidos formalmente por el marco legal internacional. “De los nueve países que tienen armas nucleares, cinco están autorizados por el Tratado de No Proliferación”, detalló. Se trata de Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido, las potencias que integran el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
En contraste, otros países desarrollaron armamento nuclear fuera del tratado. Entre ellos se encuentran India, Pakistán, Corea del Norte e Israel. En tres de esos casos, los gobiernos reconocieron públicamente sus capacidades e incluso realizaron pruebas nucleares. “Corea del Norte sería lo contrario de Israel: vocifera a los gritos que tiene armas nucleares. Ese es su negocio político”, señaló Gadano.
En cambio, Israel optó por la discreción estratégica. “La literatura especializada lo llama proliferación opaca: que el mundo sepa que tiene, pero no lo anda diciendo”, afirmó el ex funcionario. Según explicó, esa decisión respondió inicialmente a la compleja situación geopolítica de Medio Oriente durante la Guerra Fría y a las presiones internacionales para evitar una carrera nuclear en la región.
El origen de esa estrategia se remonta a las décadas de 1960 y 1970. Tras conflictos regionales como la Guerra de Yom Kipur, el liderazgo israelí concluyó que necesitaba una ventaja militar decisiva para garantizar su supervivencia. “Después de esa guerra, el liderazgo israelí se convenció de que tenía que tener una ventaja militar abrumadora, porque si no los iban a terminar comiendo”, explicó.
Sin embargo, el especialista subrayó que las armas nucleares cumplen principalmente una función disuasiva. Desde los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki en 1945, estas armas no volvieron a utilizarse en combate. “Las bombas nucleares están pensadas para no ser usadas. Uno sabe cómo entra eso, pero no cómo sale y probablemente no haya ganadores”, sostuvo.
En ese sentido, el poder nuclear se convierte en una herramienta de equilibrio estratégico. “Decir ‘las tengo’ te da cierta ventaja estratégica respecto de los demás”, explicó Gadano, al comparar el caso israelí con la lógica de disuasión que también existe entre India y Pakistán.
La situación de Irán
La Agencia Noticias Argentinas pudo saber que el experto también analizó la situación de Irán, cuyo programa nuclear genera preocupación internacional. Según indicó, antes del último conflicto en Medio Oriente el país se encontraba relativamente cerca de alcanzar el nivel de enriquecimiento necesario para fabricar un arma nuclear.
“El nivel de enriquecimiento militar es del 90%. Irán tenía uranio enriquecido al 60%, algo que no puede justificar para usos pacíficos”, explicó. De acuerdo con Gadano, los ataques contra instalaciones nucleares dañaron seriamente la capacidad iraní para continuar con ese proceso.
No obstante, el país aún conserva material nuclear significativo. “Lo que le quedó a Irán es una cantidad importante, alrededor de 500 kilos de uranio enriquecido al 60%. No alcanza para el grado militar, pero está tecnológicamente muy cerca”, advirtió.
Para el especialista, frenar definitivamente ese avance no depende únicamente de destruir instalaciones. También implica neutralizar el conocimiento técnico que permite reconstruir el programa nuclear. “Destruir capacidades implica destruir instalaciones materiales, pero también atrasar al otro país en términos de conocimiento”, explicó.
En ese marco, sostuvo que en los conflictos vinculados al desarrollo nuclear también se apunta al capital humano especializado. “Eso significa capturar científicos, ofrecerles asilo fuera del país o también matarlos. Y eso ha ocurrido en el pasado”, concluyó. NA

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