El humedal es la zona más crítica por incendios
La provincia atraviesa más de diez días con índices extremos de riesgo. Rige la prohibición total de quemas y advierten que el 95% de los focos tiene origen humano.
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Entre Ríos vive un escenario delicado por el alto riesgo de incendios forestales, con niveles de peligrosidad que se mantienen en rangos extremos desde hace más de diez días. La situación golpea con especial fuerza al humedal del departamento Victoria, históricamente una de las áreas más vulnerables del Delta.
El diagnóstico es claro: vegetación seca, déficit hídrico y temperaturas elevadas generan un cóctel propicio para la propagación del fuego. En esta época del año, la combinación de falta de lluvias y alta evaporación deja pastizales y rastrojos en condiciones altamente inflamables.
En la provincia, los incendios siguen un patrón estacional. En el Delta suelen intensificarse a la salida del invierno, cuando las heladas dejan material vegetal seco, y en verano afectan con mayor frecuencia la costa del río Uruguay, donde el déficit de agua se profundiza.
El origen de los focos es, en su gran mayoría, humano. Más del 95% de los incendios se vinculan con acciones antrópicas: quemas mal controladas, descuidos o prácticas que se desbordan ante el viento y las altas temperaturas. Las causas naturales, como rayos, son poco habituales en la región, aunque se han registrado episodios vinculados a fallas en líneas eléctricas.
Las consecuencias no son menores. Además del daño ambiental y la afectación a la fauna y flora, el impacto económico puede ser severo, especialmente en plantaciones forestales o áreas de monte nativo, cuya recuperación puede demandar entre 50 y 70 años. También se suman efectos sanitarios y climáticos, por la emisión de humo y partículas en suspensión.
Desde diciembre y hasta febrero rige la prohibición total de quemas en Entre Ríos. Sin embargo, las autoridades advierten que persisten conductas irresponsables que obligan a desplegar recursos para contener focos que podrían haberse evitado.
En los últimos días se registró una atomización de puntos calientes, muchos de los cuales se autoextinguen al alcanzar cortafuegos naturales como caminos rurales. No obstante, en sectores puntuales —como El Durazno y zonas del norte provincial— fue necesaria la intervención directa.
La provincia cuenta con un sistema mixto de combate del fuego integrado por Bomberos Voluntarios, la brigada de la Policía y brigadistas de la Secretaría de Ambiente. En total, hay alrededor de 170 brigadistas forestales, número que se busca ampliar mediante capacitación específica.
A ese esquema se suma el respaldo del Sistema Nacional de Manejo del Fuego, que aporta un avión hidrante con base operativa en la región. Años atrás, cuando la cartera del Interior estaba a cargo de Aníbal Florencio Randazzo, dos aviones hidrantes tenían asiento permanente en Victoria. Con el cambio de gestión, esos recursos dejaron de operar desde territorio entrerriano, una decisión que aún es recordada en la zona más castigada por el fuego.
Hoy la vigilancia se complementa con tecnología: imágenes satelitales, sistemas de detección temprana como el FIRMS de la NASA y redes de alerta que permiten intervenir antes de que el incendio crezca de manera exponencial.
Mientras el riesgo se mantiene en niveles extremos, el foco está puesto en la prevención y en la responsabilidad individual. En un territorio donde el humedal es vida, biodiversidad y sustento productivo, cada chispa puede convertirse en una amenaza de gran escala.

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