El Gobierno avanzó con una concesión por 25 años
La empresa belga fue preadjudicada para continuar con el dragado y mantenimiento de la principal vía de exportación del país. La decisión impacta de manera directa en Entre Ríos, donde puertos, producción y empleo dependen en gran medida de la competitividad del sistema fluvial.
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El Gobierno nacional dio un paso clave en el proceso de concesión de la Hidrovía Paraná-Paraguay al preadjudicar la operación de la Vía Navegable Troncal al consorcio integrado por la empresa belga Jan de Nul y la firma argentina Servimagnus.
La adjudicación comprende las tareas de dragado, mantenimiento y balizamiento del principal corredor fluvial del país durante los próximos 25 años. Se trata de una infraestructura estratégica por la que se moviliza cerca del 80 por ciento de las exportaciones argentinas, especialmente granos, derivados agroindustriales y productos vinculados al comercio exterior.
La propuesta seleccionada se impuso en la etapa final del proceso licitatorio, en la que también participó la compañía belga DEME. Ambas aceptaron el valor de referencia establecido por la Agencia Nacional de Puertos y Navegación (ANPyN), aunque finalmente la oferta encabezada por Jan de Nul fue considerada la más conveniente.
El procedimiento aún debe cumplir una instancia administrativa: la preadjudicación será publicada oficialmente y se abrirá un período de siete días para la presentación de observaciones o impugnaciones.
Desde el Ejecutivo sostienen que el nuevo esquema permitirá disminuir los costos de transporte para los usuarios de la Hidrovía. La tarifa inicial descendería de los actuales 4,30 dólares por tonelada a 3,80 dólares, una reducción estimada del 13,5 por ciento que, según cálculos oficiales, podría generar ahorros anuales de entre 35 y 40 millones de dólares para el sector productivo.
El contrato prevé además inversiones cercanas a los 10.000 millones de dólares destinadas a sostener y profundizar el canal navegable, permitiendo el ingreso de embarcaciones de mayor porte y mejorando la eficiencia logística del sistema exportador argentino.
La empresa Jan de Nul no es una desconocida en la región. La firma de origen belga fue protagonista de la concesión original de la Hidrovía iniciada en 1995 y participó durante más de dos décadas en el dragado y mantenimiento del corredor fluvial hasta el vencimiento de aquel contrato.
Sin embargo, la Hidrovía también genera cuestionamientos en provincias como Entre Ríos. Mientras sectores productivos destacan los beneficios económicos de una vía navegable más profunda y eficiente, ambientalistas, pescadores e investigadores advierten desde hace años sobre posibles impactos derivados del dragado y el refulado de sedimentos.
Entre las observaciones más frecuentes se menciona la acumulación de materiales extraídos en sectores próximos a la costa entrerriana, lo que podría alterar el funcionamiento natural de riachos, arroyos y humedales del Delta. Algunos especialistas sostienen que estas modificaciones contribuyen a fenómenos hidrológicos particulares, donde brazos interiores del Paraná registran alturas superiores a las observadas en el cauce principal, afectando el escurrimiento natural del agua y la dinámica ambiental de una de las regiones de humedales más importantes del país.
Por ello, la nueva concesión vuelve a poner sobre la mesa una discusión que trasciende lo económico: cómo compatibilizar la necesidad de fortalecer la competitividad exportadora argentina con la preservación de ecosistemas cuya importancia ambiental resulta estratégica para el futuro de Entre Ríos y toda la cuenca del Paraná.
EL DOBLE IMPACTOS EN ENTRE RIOS
Para el gobernador Rogelio Frigerio, la profundización del canal de navegación representa una oportunidad estratégica para Entre Ríos. El mandatario ha sostenido en distintas ocasiones que un mayor calado permitirá potenciar el desarrollo de los puertos entrerrianos, facilitar la salida de la producción provincial y generar condiciones para atraer nuevas inversiones vinculadas al comercio exterior. Desde esa perspectiva, una Hidrovía más profunda y eficiente podría transformar al menos tres puertos de la provincia en alternativas competitivas dentro del sistema logístico nacional, reduciendo costos de transporte y fortaleciendo el perfil exportador de Entre Ríos.
Sin embargo, la Hidrovía también tiene detractores, especialmente en las provincias ribereñas. Entre Ríos ha sido uno de los territorios donde con mayor frecuencia se plantearon cuestionamientos al sistema de dragado y refulado. Diversos especialistas sostienen que los sedimentos extraídos para garantizar la profundidad requerida por los grandes buques son depositados en sectores cercanos a la costa entrerriana, alterando el funcionamiento natural de arroyos, riachos y bocas de ingreso de agua a los humedales. Según esta mirada, el fenómeno contribuye a modificar los niveles hídricos del Delta y genera situaciones llamativas: mientras en determinados momentos el río Paraná puede registrar una altura relativamente baja en Rosario, algunos brazos interiores del Delta entrerriano presentan niveles considerablemente superiores debido a las dificultades para el escurrimiento natural del agua.
Por eso, cada debate sobre la Hidrovía enfrenta dos visiones contrapuestas. Por un lado, quienes destacan que es la principal autopista exportadora de la Argentina y una herramienta fundamental para la competitividad económica. Por otro, quienes advierten que el desarrollo productivo no puede ignorar los impactos ambientales acumulativos sobre uno de los sistemas de humedales más importantes de Sudamérica. La discusión, lejos de agotarse en la economía, también involucra la preservación del ecosistema del Delta y el futuro de las comunidades que viven de él.

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