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    El día que metieron preso a Rosendo

    Esta historia podemos decir que comienza una fría noche del 10 de julio de 1897. Cuando, a bordo del viejo vapor �SEl Labrador⬝ de la compañía de Domingo Giuliani, arribó a Concordia el párroco Don Rosendo Leal. El panorama a su llegada no era prometedor, en ese entonces nuestra ciudad no contaba con un templo �Sdigno⬝, ni casa parroquial; y en palabras del recién llegado, tenía en contra los tres diarios locales, la Municipalidad, las autoridades y a la masonería, que se empeñaba en �Soponerse a cualquier iniciativa religiosa⬝. A medida que incrementó la concurrencia a las misas de Don Rosendo, también lo hacía la campaña en su contra.

    02 de julio de 2021 - 10:17
    El día que metieron preso a Rosendo
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    Se dieron varios ataques violentos a feligreses que asistían a la iglesia, así como publicaciones diarias en contra de la misma y la fe católica, principalmente las del exiliado senador de la Banda Oriental, Eugenio Garzón. Campaña a la que se sumó el Jefe del Registro Civil y la municipalidad, esta última dictó una ordenanza donde prohibía a los sacerdotes bautizar, si el interesado no exponía certificado de haber sido anotado en sus registros. A esto se sumaba una ley provincial que autorizaba al municipio a hacer copias de los registros parroquiales. Sin embargo, el párroco continuó su labor como si estas normativas no existieran. La tensión se intensificó cuando el intendente y el jefe del Registro Civil se presentaron ante el religioso para quejarse y hacerle saber que había sido denunciado ante el obispo y el gobernador; cargo que ocupaba por ese entonces, el Dr. Crespo. El cura se defendió desconociendo la ordenanza, argumentando que la Municipalidad no tenía facultades para reglamentar las funciones parroquiales. Este episodio se vio reflejado al día siguiente en los diarios locales.

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    Para mayo de 1898 ya se había colocado el techo de la nueva iglesia y Leal se preparaba para inaugurarla el 13 de junio, día de su patrono. No obstante, las afrentas continuaban. Al respecto describe nuestro protagonista: �SEn el frente de una librería a una cuadra del templo, un grupo insultaban a los fieles cuando pasaban camino a la iglesia. Lo mismo sucedía en un casino ubicado frente a la plaza haciendo cruz con la iglesia; (⬦) por lo que resolví actuar como policía y hacerme respetar bastón en mano (⬦)⬝. Cerca de septiembre de ese año, un día antes de la misa semanal, se le presentaría el jefe de policía para comunicarle a Leal que el intendente iba a tomar medidas severas en su contra. A lo que Rosendo respondió: �SVaya ud. a cumplir con su misión de hacer guardar el orden⬦ Y dígale a ese funcionario que vaya a cumplir con sus obligaciones, que son recoger las basuras y los perros muertos que hay en las calles, pues no acepto intromisiones en el ejercicio de mi ministerio⬝. Pocas horas después, el intendente se presenta a disculparse, y don Leal se mantuvo imperturbable en su posición. �S(⬦) le he dicho al jefe de policía que vaya ud. a enterrar los perros muertos y no venirse a meter en lo que no le importa. Mientras le golpeaba el pecho con el dorso de la mano. Todo fue un tempestal en un vaso de agua⬝.

    La misión de nuestro personaje principal avanzó, en el interín se construyó el altar mayor mediante la donación de Flora Urquiza de Soler, la casa parroquial, entre otras obras que hicieron crecer la comunidad católica en Concordia. Cierto día de 1902 convocan de urgencia al párroco al hospital Felipe Heras. Un enfermo grave, casado civilmente en Salto, quería hacerlo por iglesia. Luego de conversar con la pareja y confesarlos, se suministró el sacramento del casamiento. El enfermo murió al día siguiente. Advertimos que para ese momento los religiosos no podían celebrar casamientos y demás sacramentos sin tener a la vista el certificado del Registro Civil, circunstancia que nos lleva al título de esta breve reseña. El cura es informado que el fiscal del juzgado, miembro de la masonería⬦⬝ había entablado acusación a la vez que pedía el máximo de penalidad.

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    El juez Dr. Carlos Jurado dio trámite y el cura debió responder por nota. �SLa masonería entró en gran actividad, emprendiendo una violenta campaña para que se me encarcelara (⬦) los diarios armaron un escándalo (⬦) esperando presionar al juez (⬦)⬝. A los pocos días, el jefe de policía invita a Rosendo a concurrir a su despacho donde se le comunicó sobre su detención. Asumió su defensa el Dr. Leoncio de Luque, que le transmitió la oferta del juez; libertad bajo fianza. Respondiendo el cura: �SNo, doctor; yo no solicito mi libertad bajo fianza. Si el juez me ha mandado poner preso, él sabrá por qué; y he de recobrar mi libertad por mis cabales; pero en ningún caso por favor⬝. A todo esto, la viuda declaró que habían sido casados por el cura, engañado al mismo para que realizara la ceremonia.

    Además, se formó una aglomeración de gente frente a la Jefatura arreciando contra la hostil detención. Al poco tiempo es puesto en libertad y el proceso siguió su curso normal. En corto tiempo llegó el fallo absolutorio. �SFundamentado en el hecho de que, al modificarse el Código Penal, aunque dejaba subsistente la prohibición de casar por la Iglesia sin tener a la vista el acta del Registro Civil, la ley quedó sin sanción, puesto que las penas quedaron solo establecidas para el oficial del civil y no para el sacerdote, en cuanto este no era tal. En ello se basó mi abogado para hacer mi defensa⬝. Culminamos el relato de quien conocemos como Presb. Rosendo Leal, hubo que pasar un rato tras las rejas. Recordando que su trabajo incluyó el establecimiento de diversas actividades como la fiesta en el teatro Beñatena, asistencia a los presos, inicio de la construcción de la iglesia de Puerto Yeruá, el de �SVilla Federal⬝, formar una gran congregación al punto que la ciudad necesitó el establecimiento de tres parroquias más. Arribando así a fines de mayo de 1905, cuando se le comunica su nuevo destino a la provincia de Córdoba. Así recordaba a Concordia: �SDe mi modesta labor en Concordia, renuevo mi afectuoso recuerdo para la gran ciudad, quedando agradecido a mi buen amigo el cura párroco de Nogoyá, presbítero Juan Schleimer, por la oportunidad, ciertamente grata, que me ha brindado para evocar, muy emocionado, tantos recuerdos de la que fue mi muy amada parroquia de la bella ciudad entrerriana⬝.

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    Fuente:

    Notas y apuntes del Presb. Rosendo Leal de su actuación en la parroquia de Concordia

    Universidad Nacional de Córdoba � 1953.

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    Imagen: Luis Rosendo Leal � Sin datos � Fuente: Web.

    CONSEJO ASESOR PROTECCI�N DEL PATRIMONIO DE CONCORDIA.

    El Consejo Asesor de Protección del Patrimonio de Concordia invita a quienes quieran conocer y difundir el patrimonio de nuestra ciudad y participar en este organismo, a escribir un mail a: [email protected].

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