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    El café y la tradición

    Como lo escribió Enrique Santos Discepolo, que como todo poeta, tenía esa capacidad de síntesis que en una frase nos pinta una perfecta imagen de sitios, sentimientos y momentos �SDe chiquilín te miraba de afuera, como esas cosas que nunca se alcanzan⬝.

    25 de febrero de 2023 - 16:28
    El café y la tradición
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    Claro, había que ser mayor antes para poder entrar. Ese retrato de la real vivencia de Buenos Aires, que es el café, �Sjunto a cuyas mesas que nunca preguntan⬝ se instalaba el adolescente, que ve la vida como un ancho e ilimitado camino. En la vecindad, tal vez del frustrado ya de vuelta de todo, el camino que se le ha reducido a un sendero estrecho con final a la vista.

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    En el café se buscaba compañía. El brebaje no importa o no importaba porque hoy en día hay Starbuck con su café Verona, Colombiano, de Etiopía, Kenya, Ecuador, Brasil o Italiano para los degustadores de café.

    No es por cierto el café del que estoy hablando. Hablo de aquel en el que tu interlocutor da cátedra de futbol o te cuenta sus romances elevados a las cimas de la poesía y del saber, imaginar en voz alta, ante el atento interés de los contertulios. Los pocillos son apenas una pequeña puerta para obtener la atención de los demás, charla que se derrama, hablando hora tras hora con el único fin de escucharse a sí mismos.

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    Por eso la mesa del café -de los que yo hablo- es tribuna de sabiduría libre parlamento, como panel de controversias y escenario de autobombo. Pero, además es también, un simple reducto para no hablar, no pensar, simplemente estar �SMiro la garúa y mientras miro, yira la cuchara del café⬝.

    Aunque el viejo café va desapareciendo, aquel era una excusa también para el juego �SEn tus mesas milagrosas de sabihondos y suicidas/ yo aprendí filosofía, dados, timba⬝, el sonido apagado de los dados en el ambiente, las fichas de dominó y el golpear de las carambolas iban junto con el café como partes del mismo. En casi todos los pueblos que se precien de tales, hay o hubo un café.

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    La costumbre de la reunión de café seguramente nos viene por raza y prosapia, costumbre típicamente latina, España, Italia, Francia poseen abundantes contrapartidas de nuestros cafés, llenos de estrategas invencibles, gobernantes infalibles y deportistas imbatibles, donde se pierde el tiempo con esplendida franqueza, ya que al latino le gusta tanto la vida, que le importan poco el tiempo.

    Pero el café era un exclusivo sitio masculino. El elemento femenino no concurría a los cafés. No estaba bien visto y era además, seguramente considerado un sitio sórdido y poco elegante, como realmente eran.

    Pero el café convivió con la confitería que esta sí, era un sitio para señoritas, señoras y niños. No así los cafés de Concordia, que eran el Tokio, el Ideal. También existió el Café Sangenis, contiguo a los Tribunales, aunque por poco tiempo. También debo mencionar el Café Paulista, aunque yo no llegué a conocerlo, en Entre Ríos y San Martín, esquina noroeste, igual que frente a la plaza 25 de Mayo, el café, confitería y bar �SEl Progreso⬝, de don Natalio Marraccini, que después sería el �SBar Londres⬝ (hoy allí es el Centro Cívico) en Pellegrini y Bartolomé Mitre.

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    Pero el tiempo en su transcurso, va agregando nuevas modalidades y el viejo café, el de las largas charlas va desapareciendo y remplazado por otro tipo de cafés, más chicos, sin aperitivos y sin bebidas alcohólicas, donde sí, finalmente podían concurrir las mujeres.

    El primero y precursor de la nueva modalidad fue la sucursal de la confitería �SEl Progreso⬝, del señor Ceferino Rivas, en la calle Bartolomé Mitre 21, donde estuvo algunos años y convocaba con éxito, a muchos de los jóvenes de ese tiempo, después de algún tiempo se cambió a la vereda de enfrente, en el local donde estuvo luego un local de zapatillas deportivas hasta su cierre. Años después se instalaría, como en Buenos Aires un local de la cafetería de Bonafide, en esa misma cuadra, luego sería la renombrada fábrica de alfajores Havanna, en la calle Entre Ríos casi Boulevard San Lorenzo y en los últimos años, la novedad es que algunas panaderías han agregado la cafetería, lo que está muy bueno. Es una grata novedad.

    Concordia es ya una ciudad de medianas dimensiones y todas tendrán su público.

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