El bien común: Las tareas de la comunidad política
La responsabilidad de edificar el bien común compete, además de las personas particulares, también al Estado, porque el bien común es la razón de ser de la autoridad política. El Estado, en efecto, debe garantizar cohesión, unidad y organización a la sociedad civil de la que es expresión, de modo que se pueda lograr el bien común con la contribución de todos los ciudadanos. La persona concreta, la familia, los cuerpos intermedios no están en condiciones de alcanzar por sí mismos su pleno desarrollo, de ahí deriva la necesidad de las instituciones políticas, cuya finalidad es hacer accesibles a las personas los bienes necesarios materiales, culturales, morales, espirituales, para gozar de una vida auténticamente humana.
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El fin de la vida social es el bien común históricamente realizable.
Quienes gobiernan los países tienen el deber específico de armonizar con justicia los diversos intereses sectoriales.
En un Estado democrático, en el que las decisiones se toman ordinariamente por mayoría entre los representantes de la voluntad popular, aquellos a quienes compete la responsabilidad de gobierno están obligados a fomentar el bien común del país, a ceder los intereses particulares y bregar por el bienestar de todos los ciudadanos.
El esfuerzo personal y colectivo para elevar la condición humana comienza y termina en Jesús, gracias a �0l y en vista de �0l, toda realidad, incluida la sociedad humana, puede ser conducida a su Bien supremo.
Bibliografía: Conferencia Episcopal Argentina, Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 2005, Argentina.
Grupo de Peregrinos a Pie de Parroquia Nta. Sra.del Santísimo Rosario de Pompeya, Concordia.
