• Economia
  • Policiales
  • Deportes
El Heraldo
  • Interés General

    EEUU prepara la transición

    A solo tres semanas del lunes 14 de diciembre cuando deben reunirse los electores en cada estado para emitir sus votos eligiendo al presidente y al vicepresidente de los Estados Unidos (pues se eligen en votaciones por separado); y cuando las oficinas electorales de algunos estados en disputa como Michigan ya certificaron la victoria de Biden; aún sigue la batalla legal para el recuento de los votos en varios estados del país.

    25 de noviembre de 2020 - 08:36
    EEUU prepara la transición
    Ads

      Particularmente en Georgia (estado en donde en el mes de enero se votará para elegir los dos senadores que faltan para terminar de conformar la cámara alta y resolver quien tendrá el control del senado) esta semana se iniciará el recuento de votos en cada condado. Recordemos que cuando los votantes de Georgia y de la mayoría de los demás estados devuelven una boleta de voto por correo en ausencia, deben firmar una declaración jurada en el exterior del sobre. De esa forma el procedimiento establece que los trabajadores de la oficina electoral de cada distrito deben asegurarse de que la firma coincida con la de la solicitud de boleta de voto ausente y la del sistema de registro de votantes. Una vez que se verifican las firmas, para proteger el secreto electoral, las boletas se separan de los sobres y no se pueden comparar con votantes individuales. En muchos estados, y ante la enorme cantidad de votos por correo, lo que se hizo fue mezclar estos votos con los votos presenciales o los restantes votos por correo. Siguiendo con Georgia a modo de ejemplo, los resultados electorales certificados la semana pasada mostraron que el demócrata Joe Biden venció al presidente republicano Donald Trump por 12.670 votos de unos 5 millones emitidos (alrededor del 0,25%). Según la ley, un candidato puede solicitar un recuento cuando el margen es inferior al 0,5% y por eso la campaña de Trump envió el sábado una solicitud formal de recuento a la oficina del secretario de estado.

    Ads

      Por su parte, el ex estratega demócrata y asesor de la Casa Blanca, Dick Morris, dijo este lunes que la participación de los votantes presidenciales demócratas fue desproporcionadamente mayor que las ganancias de población de 2012 a 2020 en ciudades clave donde el presidente Donald Trump está disputando los recuentos electorales; señalando que el voto por Joe Biden en Phoenix fue un 48% más que el que recibió Barack Obama en 2012, cuando la ciudad solo fue testigo de un aumento del 14% en la población. De manera similar, dijo, Atlanta vio un 30% más de votos para Biden que Obama en 2012, a pesar de un aumento del 9% en la población, y Detroit tuvo un total de votos un 10% más alto para Biden que Obama, mientras que no vio ningún aumento en la población. �SY la única forma en que ese aumento puede justificarse es rellenando las boletas⬝, dijo Morris. Morris admitió que la antipatía demócrata hacia Trump podría explicar el aumento de la participación electoral en general, de 135 millones en 2016 a 150 millones a principios de noviembre; pero no explica por qué la participación fue significativamente mayor en los estados donde se están haciendo denuncias de fraude, particularmente en Arizona, Michigan y Georgia, pero no en todos los ámbitos en otras ciudades controladas por los demócratas.

       Aun cuando el comité de campaña de Trump continúa con su batalla legal para terminar de dirimir estas cuestiones, el presidente este lunes 23 ordenó dar comienzo al proceso de transición, el cual, como expliqué en un artículo anterior, comienza en mayo de cada año electoral e inmediatamente elegido un nuevo presidente permite que este y su equipo de confianza tomen contacto con los asuntos más importantes y sensibles de la administración dando comienzo al traspaso de poder, un proceso clave en el que la administración saliente comparte toda la información de la que dispone con la entrante, que empieza así a delinear las políticas que va a implementar.

    Ads

        Por su parte Biden comenzó a dar a conocer quienes formarán parte de su equipo de trabajo, mostrando el retorno del gran parte del establishment al poder, y de esa forma a la vieja política tradicional. Así como Trump armó su primer gabinete con familiares y empresarios que, al igual que él, carecían de experiencia en Washington -Rex Tillerson, Steven Mnuchin, Wilbur Ross, Gary Cohn, por mencionar algunos nombres-, Biden perfila un equipo de tecnócratas centristas forjados en el tejido de poder en la capital de Estados Unidos, esta vez -al parecer- con un mayor componente de mujeres en puestos de relevancia.

      Todo esto muestra un mapa político complejo, que hará más visible uno de los problemas o divisiones que llevaron a que en el 2016 la población optara por desplazar a los demócratas de la Casa Blanca. Tal situación seguramente nos mostrará a Trump después del 20 de enero como jefe de la oposición, lo cual es natural si pensamos que recibió una cantidad de votos más alta que la de ningún otro candidato o presidente en Estados Unidos. Creo que eso es indicativo de una nueva realidad en Estados Unidos, una realidad que fomenta una permanente oposición al gobierno de los burócratas y que el líder de esta oposición será Trump al seguir liderando el Partido Republicano desde las afueras de la Casa Blanca y va a seguir siendo un fenómeno político muy fuerte; pues si eso le da resultados y su salud lo acompaña se va a postular nuevamente a la presidencia en cuatro años.

    Ads

      La noticia de que el presidente haya autorizado a iniciar el proceso de transición es de vital importancia. El gobierno federal de los Estados Unidos es un coloso que administra un presupuesto de 4,7 billones de dólares y que cuenta con una plantilla de casi 5 millones de empleados civiles y militares, repartidos en múltiples agencias. Tomar el control de esa estructura puede llevar muchos meses para un nuevo gobierno. Por eso, la transición presidencial es un momento crítico, que puede condicionar la primera parte de un mandato. Tan importante es este proceso, que desde hace tiempo está cuidadosamente regulado y protocolizado. Algunas pautas las establece la costumbre, pero muchas otras fueron establecidas por la Ley de Transición Presidencial sancionada en 1963. Su finalidad es que haya un traspaso de mando progresivo, a través de un cogobierno que comienza en los días posteriores a la elección y concluye el 20 de enero siguiente, cuando asume el nuevo presidente. Normalmente, los funcionarios clave del gobierno saliente empiezan a compartir información con los miembros del nuevo equipo, especialmente en áreas como seguridad nacional. De hecho, se establecen oficinas casi paralelas durante un tiempo, para facilitar la transición. Esto se debe en parte a que la tarea es inmensa para la administración entrante. Hay presupuestos multimillonarios, más de dos millones de empleados civiles y dos millones de empleados militares, y unos 4000 nuevos nombramientos por hacer.

       Haciendo algo de historia, la transición de Herbert Hoover a Franklin D. Roosevelt entre 1932 y 1933 fue una de las más caóticas de las que haya memoria. Los Estados Unidos y el mundo estaban sumergidos en la Gran Depresión y el gobierno carecía de respuestas. Tras perder los comicios y quedarse sin la reelección que buscaba, Hoover le ofreció a su rival demócrata un acuerdo para terminar su mandato lo mejor posible, pero Roosevelt lo rechazó. La imagen del presidente estaba tan desgastada, que no quería contaminarse ni comenzar su gobierno condicionado por un pacto con su antecesor. Durante 20 años no volvió a haber una verdadera transición. Avalado por el éxito del New Deal para recuperar la economía, y luego por el estado de excepción en el que ingresó el mundo por la Segunda Guerra, Roosevelt fue reelecto tres veces y gobernó hasta su muerte, en 1945. Ese exceso fue el que derivó en la enmienda constitucional que fijó en dos el máximo de mandatos presidenciales. A Roosevelt lo sucedió su último vicepresidente, Harry S. Truman, que a su vez ganó las elecciones de 1948.

       En 1952, cuando Dwight D. Eisenhower ganó las elecciones, Truman consideró que era indispensable que se interiorizara en los pormenores de la administración antes de asumir. Es que habían pasado dos décadas desde la última vez que el Partido Republicano se hacía cargo y el gobierno de los 50 no tenía nada que ver con el de los 30. Esa transición es considerada un modelo que marcó la pauta para las siguientes. Como muchas cosas en los Estados Unidos, la transición presidencial se rige más por normas y tradiciones que por leyes. El gobierno de Truman elaboró lo que desde entonces se conoce como The Plum Book, un libro en el que se detallan los miles de cargos políticos nombrados por el presidente que se va, que pasan a estar a disposición del que llega. También fue Truman quien creó una institución que se volvería central en el cambio de mando: la Administración General de Servicios (GSA por la sigla en inglés).

    Ads

       Esta agencia independiente tiene la misión de ordenar, facilitar y modernizar el funcionamiento de la burocracia federal. Con un presupuesto de USD 21.000 millones y cerca de 12.000 empleados, se encarga de que las oficinas públicas estén en condiciones, de que las distintas dependencias tengan los insumos que necesitan para hacer su trabajo y de agilizar la gestión a través de la incorporación de tecnología. Muchas de las prácticas que se hicieron costumbre a partir de Truman se pusieron por escrito en la Ley de Transición Presidencial de 1963. Una de las más importantes es que el presidente electo empiece a recibir de inmediato informes clasificados de seguridad nacional, para que esté al tanto de las potenciales amenazas y de las operaciones de Defensa que están en marcha. También se estipulan recursos para el presidente electo. La normativa dispone además que el estado federal le conceda al nuevo gobierno un espacio físico y un presupuesto -valuado actualmente en USD 9,9 millones- para pagarle al personal que empieza a trabajar con los funcionarios que están de salida, para ponerse al tanto de la marcha de la administración en las distintas áreas. La logística está a cargo de la GSA. Por eso, la transición comienza cuando su titular reconoce al ganador de las elecciones como presidente electo.

     Habitualmente, las transiciones se llevan a cabo de una manera muy profesional, con el presidente saliente actuando cordialmente y tratando de ayudar a la administración entrante, aunque sea del partido político contrario. Sin la aprobación de la GSA, el equipo del nuevo gobierno no puede ingresar a las oficinas federales para empezar a trabajar, ni recibir los fondos correspondientes. La batalla legal aún inconclusa en varios estados no impide a que se ponga en marcha este proceso. Ningún resultado electoral es oficial hasta que funcionarios autorizados certifican los resultados en cada estado y el recuento de los votos en el Colegio Electoral no es oficial hasta que los votos son certificados por el Congreso el 6 de enero. No obstante, es una costumbre que la administración saliente coopere con el aparente presidente electo en todas las elecciones recientes. Incluso en las de 2000, cuando pasó más de un mes mientras se resolvían las cuestiones jurídicas y se oficializaban los votos en Florida, hubo cierto nivel de cooperación entre la administración Clinton y el equipo de Bush.

        La referencia a la transición 2000-2001 no es casual, ya que es la única que podría compararse a la actual. Semanas después de los comicios en los que Bush obtuvo menos votos que el entonces vicepresidente Al Gore, pero dos electores más de los necesarios para ser presidente, la GSA seguía sin reconocerlo como mandatario electo. En el año 2000, solo después de que Al Gore aceptó la derrota, tras el fallo de la Corte Suprema en su contra, la GSA le prestó a Bush ayuda para el traspaso. Eso ocurrió el 13 de diciembre, más de un mes después de los comicios. La principal consecuencia de una demora en las operaciones de traspaso de mando es que la administración Biden se verá retrasada en su lanzamiento el 20 de enero. Un presidente tiene que seleccionar aproximadamente 4000 funcionarios, de los cuales hay 1200 que requieren confirmación del Senado. Si tarda en identificar y nombrar a estas personas se produce un efecto dominó que posterga el desarrollo de las políticas de gobierno. En campos como la seguridad nacional y la salud pública en un año crítico como este, tales retrasos pueden tener un impacto significativo.

       Por caso, la comisión que investigó los atentados del 11 de septiembre de 2001 concluyó que uno de los factores que contribuyeron con el desastre que le impidió a las agencias de seguridad prever y responder de manera temprana al ataque fue la accidentada transición del año anterior. Es que los dos meses que pasan entre la elección y la asunción son cruciales para definir las políticas centrales del gobierno, ya con toda la información disponible, pero con la ventaja de no tener aún la responsabilidad de gobernar. A partir del 20 de enero, la planificación se superpone con la gestión. Lo único que podría salvar a Biden de cometer errores graves al comienzo de su gobierno producto de un traspaso desordenado es su experiencia. Desde Richard Nixon no asumía la presidencia un dirigente de tanta trayectoria, que fue senador durante 36 años consecutivos y vicepresidente durante ocho. Biden volverá a la Casa Blanca apenas cuatro años después de haberla dejado, así que tiene un conocimiento del que carece la mayoría de los presidentes al asumir.

       Mientras todas estas cuestiones aún esperan resolución, lo cierto es que el 20 de enero de 2021 a las 12:01 hs, el nuevo presidente de los EEUU deberá tomar juramento sobre la popularmente conocida �SBiblia de Lincoln�"�". Este texto sagrado lleva consigo una peculiar historia, ya que fue usada por casualidad. El abogado oriundo de Kentucky, reconocido por abolir la esclavitud en Estados Unidos, pensaba utilizar su Biblia personal, empero, no pudo porque fue enviada a Springfield, Illinois, por lo cual esta fue comprada de apuro para el acto por el secretario de la Corte Suprema, William Thomas Carroll.

      Hasta entonces, los presidentes juraban sobre la �SBiblia de Washington⬝; usada en su primera toma de posesión el 30 de abril de 1789 cuando el soldado originario de Virginia tomó juramento de su cargo sobre una Biblia de la Logia de San Juan de Nueva York. Esta siguió siendo usada durante sus dos mandatos y presidió la ceremonia de primera piedra del Capitolio de los EEUU en 1793 (recordemos que entonces 9 de los 13 delegados firmantes de la declaración de la independencia eran masones). Sin embargo, en la última toma de posesión de 2016 Trump lo hizo sobre dos Biblias: una que le regaló su madre al graduarse en la primaria y la otra aquella con la que fue juramentado el décimo sexto presidente estadounidense, el republicano Abraham Lincoln.

    Raúl Bard

    Abogado � Observador internacional de procesos electorales

    Temas
    • eeuu
    AUTOR
    El Heraldo
    El Heraldo
    Ads
    Ads
    Ads
El Heraldo
SECCIONES
  • Agro
  • Carnaval
  • Ciencia
  • Cronograma
  • Cultura
  • Deportes
  • Ecología
  • Economía
  • Educación
  • Efemérides
  • Espectáculos
  • Gastronomía
  • Informativo Docente
  • Interés General
  • Opinión
  • Policiales
  • Política
  • Salud
  • Sociales
  • Tecnología
  • Turismo
  • Judiciales
2026 | El Heraldo | Todos los derechos reservados: www.elheraldo.com.arEl Heraldo S.R.L es una publicación diaria online ·Director Periodístico: Roberto W. Caminos
Términos y condicionesPrivacidadCentro de ayuda
Powered by
artic logo