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Es una tarde rutinaria. Sale una señora con un perrito en brazos, tapado con una manta porque hace unos días había tenido una operación. Hay algunas personas en la sala de espera aguardando, por lo que pude averiguar, por sus mascotas.
Entonces, en un momento, Elbio sale del consultorio y, con la cordialidad que lo caracteriza, la mirada franca y una personalidad que te hace sentir cómodo, habilita el espacio que sería el punto de encuentro para hilar una tendida conversación:
¿Qué te llevó a estudiar medicina veterinaria?
Es una buena pregunta porque la gente piensa que a todos los que les gusta los animales de chico sueñan con ser veterinarios y no es así. Inclusive, en mi caso particular, he tenido hijos que han convivido con mi profesión, me han ayudado de chiquitos en ciertas cosas con los animales y sin embargo, si bien les gustaban los animales pero recién el último se decidió de los cuatro hijos a estudiar la carrera veterinaria.
Con respecto a mí particularmente, siempre fui bichero, me gustaban los animales pero lo que me inclinó fue, en sí, la medicina; las dos medicinas: humana y veterinaria. Y me pareció que la parte de veterinaria, atender a los animales a lo mejor jugaba un papel más humanitario que la parte humana; que había más desprotección en los animales que en el humano. Que a lo mejor me necesitaban más. Entonces eso me llevó a inclinarme por la medicina veterinaria.
Cómo podrías describir tu vínculo con los animales, tanto en el plano de lo profesional como afectivo
Siempre me gustaron los animales. Y hay ciertos seres en la vida que me tocan más. Dentro del humano, por ejemplo, a mí me toca más todo lo que le afecta a los niños y a los ancianos. Y por supuesto, dentro de esas dos categorías incluiría también a los animales por la misma razón que parece que son los que más necesitan en cuanto a afecto, en cuanto a atención, en cuanto a dedicación. Entonces yo incluiría los animales con los niños y con los ancianos dentro de la dedicación, el cuidado y la atención que se merecen tener. Por eso está focalizada ahí mi intención de dedicarme a los animales. Por supuesto, dentro de estas categorías es donde me llega más sentimentalmente y dentro de la profesión todo te llega sentimentalmente, lo que pasa es que estás en un ámbito diario de convivir con las enfermedades, con la muerte de los animales que en ciertas cosas te vas acostumbrando, entre comillas, porque cuando existe la muerte o tenés que provocar una muerte por medio de la eutanasia, te llega, te golpea fuerte.
Las situaciones de emergencia como accidentes, lesiones por maltrato, enfermedades que implican agonía o muerte, etc. son parte inherente a la profesión. ¿Cómo se debe preparar internamente un profesional veterinario para hacer frente a estos desafíos?
En realidad, yo creo que es innato. Es algo que se va generando, se va creando y, a su vez, todo eso que es sufrimiento, todo lo que vas viendo hace que te vayas formando tu propio criterio, tu propia idiosincrasia en lo que respecta a sentimientos. Es decir, cada caso que vas atendiendo en la clínica diariamente, de alguna manera, te va preparando sentimentalmente para responder a ciertos estímulos.
Esa es una carencia que tenían antes, cuando yo estudié, las facultades. Te enseñaban la medicina, te enseñaban las materias, las enfermedades, todo lo que es la técnica y práctica; pero no te enseñaban cómo afrontar ciertas situaciones como es la muerte de un animal y, sobre todo, la relación, no veterinario paciente, sino la relación del veterinario y el propietario del paciente que es, en realidad, lo más difícil. A veces tenés que ser un poquito psicólogo como para afrontar ciertas situaciones. Entonces esa parte nunca me la enseñaron en la facultad. Por eso yo veía como una carencia que dentro de la docencia de una carrera como es la medicina veterinaria; a tal punto que me ofrecí y lo hice durante un tiempo, que es estar al frente de una cátedras de pequeños y grandes animales y, a su vez, uno de los profesores me invitaba una vez al año a la facultad para dar una charla, precisamente, de la vida cotidiana del veterinario y cómo afrontar ciertos desafíos.
Resulta muy difícil cuando tenes que decirle al propietario que no hay nada que hacer. Es como que el propietario no puede creer que no haya nada que hacer ante ciertas circunstancias o, muchas veces, no quiere darse cuenta por cuestiones sentimentales. También es decirle que se le murió el paciente cuando se lo dejó internado.
Son situaciones que te ponen al límite y que tenés que sacar todo de vos como para que ese momento no sea tan cruel para el propietario. Entonces no solamente tenés que dedicarte a la patología o la dolencia que está teniendo el animal en cuanto a tratamiento, acto quirúrgico, etc., sino que tenes que tratar y pensar cómo vas a enfrentar ciertas situaciones con el propietarios que a veces es lo más difícil.
En concordancia con lo anterior, ¿hay situaciones en las cuales se podría haber hecho algo para salvar la vida de una animal pero no se hace por falta de recursos, equipamientos o algún otro factor?
Sí, esa es otra de las cosas que a veces duele en la práctica veterinaria.
En mi caso, he concurrido a muchos congresos internacionales, dentro y fuera del país, y a veces te da mucha bronca de cómo trabajamos en nuestro país y cómo trabajan afuera. En cuanto a lo económico, por ejemplo, hay ciertas patologías que requieren todo tipo de análisis y los recursos del propietario no dan para todo eso. Entonces a uno se le crea cierta impotencia porque se te achican mucho las armas que necesitas para afrontar algunas patologías en los animales.
En cuanto a recursos económicos, supongamos que uno quiera y alcance a tener, profesionalmente, cierta aparatología para realizar diagnósticos específicos; son cosas demasiado costosas que no la vas a poder amortizar nunca. Entonces, no tiene ningún sentido invertir en eso porque no lo vas a recuperar y es plata perdida.
En cambio, vas a un congreso de emergentología y ves que, en lugares donde están más avanzado en la materia, a un animal atropellado lo ponen internado con diez aparatos conectados tal cual como es en un humano que pasa por terapia intensiva. En este sentido, nosotros no contamos con toda esa tecnología y, si la tendríamos, no creo que nadie pueda pagar todo lo que vale un día de internación. Entonces se te va cerrando el círculo y debés trabajar con los recursos que te permite la sociedad, que te permite la economía de la gente.
No hay que olvidarse que estamos trabajando, los veterinarios, en un rango muy amplio en cuanto a situaciones económicas. Acá me llaman y atiendo gratuitamente cuando veo que las personas no tienen recursos económicos. Hay gente que te lo dice y hay otros que no. Pero bueno, si a te traen el animal enfermo o chocado no le vas a decir que no lo vas a atender. Es una situación horrible porque uno se pone en el lugar del propietario que se molestó en traerte el animal; y aunque no tenga un peso a mí me sale atenderlo igual.
En el caso de un animal atropellado particularmente, ¿ustedes cuentan con alguna aparatología?
Sí, nosotros tenemos para hacer ecografías, rayos X, análisis. Pero esas no son cosas costosas. Ahora bien, hay ciertos traumas, por ejemplo, de cabeza o columna que necesitás realizar una resonancia magnética y no tenés para hacerla. Yo muchas veces la he hecho porque el propietario me la ha pedido y me las hacen en aparatología de humanos. Pero esto es más una gauchada, son situaciones extraordinarias por el vínculo que tengo con algunos médicos y con algunos dueños de animales.
Sin embargo, existe una diferencia muy grande con Buenos Aires, por ejemplo, que tienen toda esta tecnología. Es más, cuentan con un banco de sangre como para hacer transfusiones porque en el caso de los perros, tiene varios grupos sanguíneos y es difícil dar con el tipo de sangre correcto. Entonces en el perro uno puede hacer una transfusión con cualquier tipo de sangre pero ya creás una reacción y no le podes hacer una segunda porque lo terminás matando.
Por eso decía que en Buenos Aires tienen los recursos y la tecnología porque es un mercado muy amplio donde hay gente que puede afrontar los gastos.
Y otra cosa muy importante es que en esos lugares hay especialidades en la medicina veterinaria. Acá, en cambio, tenemos que hacer todo nosotros. Si te traen un animal para operar y tenés que preparar el campo quirúrgico, el instrumental, suministrar la anestesia, operar, suturar, etc. Si a esto lo llevamos al ámbito humano, al paciente te lo traen preparado a la camilla quirúrgica pero tenés un anestesista, otro agente que se encarga de suturarlo y el médico solo se limita a operar con lo que se reduce significativamente el trabajo. Sin embargo, acá, en la práctica veterinaria nosotros tenemos que hacer todo.
¿Cuáles serían los pasos a seguir en el caso de un animal atropellado?
Bueno, en todo trauma entra a jugar la emergentología. La gente se asusta por todo lo que ve rojo. La sangre si no fuese roja no sería tan impresionante. Y lo primero que impresiona en un trauma es lo que está sangrando y muchas veces eso es lo que menos importancia tiene porque lo que realmente nos interesa son los órganos internos, que es lo que va, en cierta manera, provocar la muerte en el caso de que haya una lesión interna. Porque lo de afuera, todo se arregla: una herida cortante desgarrada se sutura, una hemorragia externa se para, un hueso roto se arregla. Pero uno no puede ver a simple vista lo que pasa internamente. Entonces por precaución hay que tener cuarenta y ocho horas a ese animal en observación porque en cualquier momento puede haber una hemorragia o sintomatología de algún órgano afectado. Y sobre todo un trauma: cuando recogen al perro o gato de la calle por lo general nadie vio cómo fue por lo que ninguno te puede dar indicios si lo pisaron o atropellaron. Entonces uno tiene que hacerse toda una película imaginaria de lo pudo haber pasado y de acuerdo a las lesiones que tenga armar el accidente.
Pero es importante saber que no todo es operable en el momento porque a veces el animal está descompensado y no podes abrirlo en esa condición porque se te muere. Entonces en poco tiempo hay que hacer una evaluación, tratar de compensarlo hemodinámicamente y considerar una cirugía en el caso de una posible lesión interna. En estos casos lo más recomendable es que permanezca internado. Y ahí radica lo difícil de la situación porque hay propietarios que te lo traen en las últimas al animal y cuando se les dice que hay que mantenerlo vigilado permanentemente y te dicen que no quieren dejarlo internado. Ante esto uno no puede obligar al dueño a hacer nada. Incluso cuando se le está diciendo lo que es mejor para el paciente. Y muchas veces el animal fallece.
Por eso, en esta profesión pasa algo muy feo y muy lindo. Porque así como te reconocen muchísimo, también te culpan muchísimo. Esto pasa por el lado de que el propietario no quiere sentirse culpable de esta situación. A mi me ha pasado siempre como a todos mis colegas que te traen el animal en muy mal estado y te dicen que la muerte es por lo último que le diste. Pero por ejemplo, le dan de comer los desechos de lechón, sobre todo en la época de las fiestas aparece esto, y nunca es culpable el propietario de lo que le dio de comer; siempre o generalmente culpan al veterinario que no lo pudo, no lo supo salvar o le aplicó algo que lo mató. Y esto no es así.
Muchas veces me ha pasado que los propietarios vienen con sus hijos chicos y por ahí saltan y dicen: �S¿mamá, te acordás que vos le diste de comer tal cosa?⬝ Y los dejan expuestos a los padres. O te traen el perro a cirugía, que teóricamente lo tiene que venir en ayunas, y el animal vomita todo porque le dieron de comer. Y si el animal vomita durante la cirugía puede hacer una broncoaspiración y se te muere asfixiado.
La otra vez me pasó que una perra hizo tres vómitos de guiso de lentejas cuando la primera recomendación que le damos antes de una cirugía es que vengan en ayunas al menos de ocho horas. Entonces yo dejo el vómito e indago al dueño sobre qué hubiese pasado si esto pasaba en la operación y se me muere el animal. De esta manera trato de hacerlo tomar conciencia de la irresponsabilidad de sus acciones para que después no le echen la culpa al veterinario.
Yo siempre recalco que, por ejemplo, en los diarios cuando muere una persona por lo general sacan un agradecimiento a los médicos. Pero cuando muere un paciente veterinario generalmente lo culpan al veterinario.
Teniendo en cuenta que el estudio de la medicina veterinaria aporta conocimientos sobre la fisiología, anatomía, sistema nervioso y la capacidad de cierto grupo de animales para sentir dolor, miedo, empatía, etc., ¿alguna vez te has cuestionado el consumo de carne?
Bueno, hay situaciones que son sumamente discutibles. O sea, en todo ser vivo sobre la tierra hay una cadena alimenticia. Yo, por ejemplo, miro mucho los programas de National Geographic y no puedo ver cuando un felino caza una gacela, la corre y hace toda una treta para matarla y comerla; no puedo ver el momento, pero considero que es natural y normal que pase eso porque forma parte de la cadena alimenticia. Respecto al humano está, de cierta manera, autorizado a criar sus propios alimentos cárnicos. Aunque todo esto es discutible.
Llegado el momento, el animal por supuesto no tiene ningún sentimiento o pensamiento en cuanto a lo que le va a pasar. Ellos viven como animales, con sus necesidades fisiológicas y todo lo que la naturaleza les ha impuesto como ser vivo y como especie. No sabe que va a morir porque vio cargar a otro en el campo que se lo llevaban en un camión. Es decir, no hay razonamiento con respecto a lo que le va a pasar. Por supuesto que hay ciertas circunstancias que pueden tildarse de sufrimiento como lo es el hecho de cargarlo en un camión, transportarlo y todo aquello que se critica.
Pero lo que tiene que ver con los frigoríficos, por ejemplo, se ha evolucionado mucho. Y yo lo he estudiado. A veces nos hacían ir a los frigoríficos y en este sentido se busca el menor sufrimiento posible dentro de los que es la faena. Incluso, previo a la faena, me acuerdo que existía el martillo neumático que en el momento lo noquea y el animal no se entera de nada.
De todos modos, a mí tal vez no me toca tanto porque yo siempre me dediqué a pequeños animales, entonces nunca estuve en contacto trabajando con grandes animales. O por ejemplo ayudar al nacimiento de un ternerito, hacer el seguimiento y saber que a ese animalito que yo lo salvé, lo ayudé a nacer o lo atendí después se lo llevan a un frigorífico. Nunca me tocó y tampoco me gustaría. Porque es como que uno tenga una gallina de mascota y después te la termines comiendo.
¿Hay una especialidad o especialidades dentro del estudio de la medicina veterinaria?
En la época que yo estudié, eso lo decidía cada uno. En mi caso, la base de mi estudio en la facultad en ese momento era el caballo. Era el animal base aunque también te enseñaban sobre las otras especies.
Sin embargo, como dos años antes yo ya sabía que me iba a dedicar a pequeños animales. Entonces yo seguía mi carrera, estaba en las clínicas de grandes animales; pero después me iba a trabajar ad honorem a una veterinaria para aprender de pequeños animales.
¿Qué se incluiría en los pequeños animales?
Principalmente seria todo lo que serían las mascotas; perros, gatos, etc. Pero ahí tengo una tortuga por ejemplo. He operado un charabón que es un pichón de avestruz, he atendido animales del circo. En este caso me tocó reducirles las garras a leones pequeños. En otra oportunidad tuve que atender a un mono mandril muy malo que tenía unos colmillos enormes. Y viste que este animal tiene la cara colorada y azul; bueno, resulta que le había crecido el pelo de tal manera que no se dieron cuenta que la cadena estaba incrustada en el cuello. O sea que se le había crecido tejido sobre la cadena que casi tocaba la vértebra. Fue una experiencia increíble. Por suerte salió todo bien y el animal se recuperó.
En estos treinta años de trayectoria que llevas en la profesión, lo que ha implicado la relación directa con los ciudadanos de Concordia, ¿podrías identificar algún tipo cambio en el vínculo de los concordienses con los animales (en general) desde aquella época a la actualidad?
Bueno, yo te había comentado que en la época que yo estudiaba, la base de estudio era el caballo. Hoy en día no es así porque llegado una instancia de la carrera que ya se inclinan para determinados lineamientos. Entonces el alumno que va a seguir con pequeños animales va hacia una parte especifica y el que va a seguir con grandes animales va a hacia otra parte. Esto lo sé porque mi hijo está a punto de recibirse de veterinario y eso está diagramado de esta manera.
Por eso, como yo ya sabía que iba a seguir por el camino de los pequeños animales, empecé, antes de recibirme, a trabajar en veterinaria de pequeños animales. Entonces, yo ya sabía cómo iba a encarar todo porque en esa época me jacto de ser precursor de todo acá. Porque cuando yo llegué a Concordia no había nada. Por ejemplo, inicié la primera peluquería para perros, la primera ambulancia para perros, el primer Pet Shop, la primera obra social para mascotas. Por supuesto, copiando de otros lugares como Buenos Aires. Todo esto lo instalé acá en el año ´87.
Por eso te decía que vine con todas esas ideas en esa época que no había absolutamente nada. Entonces después de recibirme compré este local que lo fui reformando y fui haciéndome de mercadería. Y ya con la idea de poner la peluquería para perros que dicho sea de paso no tenía ni idea cómo lo iba a hacer. En principio sería pelarlos solamente. Me acuerdo que me compré la primera máquina de cortar el pelo en Montevideo porque no había en la Argentina.
Así que empecé con eso, también puse farmacia, Pet Shop, etcétera. Entonces si me preguntás sobre la evolución o cambios, te digo que fue tremenda porque estamos hablando de que yo vi desde que no había nada hasta todo lo que hay ahora. Porque antes no existía farmacia como hay hoy en día; el Pet Shop, ropa para perro no existía, había unos collares de cuero y nada más. No había modelos, no había los sintéticos que hay ahora, no había cama para perros, colchonetas para perros, juguetes para perros. No existía nada de eso. A tal punto que la gente no sabía que había que vacunar a los gatos. No te los traían para desparasitarlos o hacerle un seguimiento. Ni siquiera eran considerados como mascotas.
Por eso te decía que la evolución, el cambio que hubo fue terrible. Así, por ejemplo, como ha habido una transformación en lo que respecta a tecnología electrónica, la telefonía móvil; bueno, esto sería algo parecido.
El tema de los balanceados es algo para destacar. Antes, la gente venía y te pedía esa marca de alimento, que es la que significa �Sperrito⬝ en inglés, porque era el único que había. Hoy existen miles de marcas de balanceados. El mercado que se ha creado alrededor de pequeños animales es impresionante.
¿Qué anhelos/sueños tenías cuando diste tus primeros pasos como veterinario en Concordia? ¿Cuáles se cumplieron y cuáles quedaron pendientes?
Bueno, los anhelos, las metas gracias a dios las fui cumpliendo porque, ya te digo, de no haber nada yo hice todo primero. En mi vida siempre me pongo metas, siempre quiero aspirar a algo y en este sentido lo fui logrando todo. He ido evolucionando de acuerdo a lo que creció el mercado de pequeños animales y cumplí casi todo lo que me propuse. Pero por supuesto uno siempre quiere algo más. Como te hablaba anteriormente, a mi me gustaría hacer algo, junto con mi hijo que se está por recibir y que viene con otra ideas. Y convengamos que uno ya no tiene muchas ganas de hacer cosas, de seguir creciendo, quedas un poco pausado. Entonces cuando viene sangre nueva que tienen todo el impulso y las ganas de hacer, la situación es distinta. Yo lo voy a apoyar a él.
Ahora, por ejemplo, vamos a voltear toda la veterinaria y siendo que compré el gimnasio de al lado vamos a ampliar todo. Va a haber consultorios nuevos, quirófanos nuevos y otras mejoras también. Y todo esto lo hago para verlo realizado pero también los hago para la clientela que se lo merece después de tantos años de confianza.
