De los libros y la lectura, en la historia
La lectura moderna, es decir, aquella que realizamos a través de esos objetos preciosos que llevan consigo, información, sueños y fantasías para ser transmitidos a otros, es un producto de la evolución humana. Ese desarrollo está asociado a la historia de la escritura, sus sentidos y los soportes y las formas en que se fueron transformando.
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En todo caso es un indudable signo de la civilización occidental y del progreso humano. De los pictogramas iniciales usados más como constancia concreta de transacciones comerciales que como sistema de transmisión de ideas, donde se anotaba un becerro como signo de interés cuando se prestaba una vaca, donde se trataba de escribir para no olvidar, a hacerlo para comunicar, inventar e imaginar nueva información, fueron pasando siglos. Uno de esos hitos en la historia de la lectura fue el alfabeto, invención griega del siglo VIII antes de Cristo, que permitió comunicar ideas nuevas a personas que no se conocen. Esos primeros libros griegos eran escritos en rollos de papiro de seis metros de largo, sin espacio entre las palabras, con una orientación indefinida (de izquierda a derecha) o en círculos o espirales, sin signos de puntuación entre otras peculiaridades, desconocidas en la escritura actual. La lectura era pública y consistía en �Sdesenrollar⬝ los pesados papiros de los que eran dueños de una elite que transmitía, a través de ellos, lo que le interesaba, al resto. En el siglo I de nuestra era comienzan a producirse códices de pergamino, unidos en cuadernillos y cocidos por un hilo. Ambos soportes de la escritura y la lectura convivieron mucho tiempo como soportes costosos, escasos y pesados. En el siglo XIII el papel llegó a Europa y con ello se redujo el volumen y el peso de los libro, lo que permitió fabricar la biblia en un solo códice. Pero recién en el siglo XVI Gutenberg inventó la imprenta y con ella la producción de largo alcance, ya que por ejemplo, 250 biblias se podían realizar ya, empleando el mismo tiempo que utilizaba el copista en realizar una, creación que cambió el mundo al expandir el conocimiento y la cultura en todas las dimensiones de la realidad humana. La invención de la imprenta, la producción masiva de libros y la lectura silenciosa, concentrada, autónoma y rigurosa, instaurada con la reforma de Lutero, dieron lugar a las formas de la escritura, la lectura y su soporte actual, el libro, ese objeto que además de económico, portátil y durable, adopta un carácter estético, en ocasiones de una gran belleza. Ese maravilloso vehículo de maravillosas fantasías humanas que, aun amenazados por los nuevos soportes tecnológicos, se muestran irreemplazables a la hora de disfrutar de sus formas, su textura e incluso su olor. En el siglo XIX, pero sobre todo en el XX, esa revolución de la lectura tuvo una influencia determinante en la comunicación de las ideas entre los hombres y las vertiginosas transformaciones del hombre y su mundo. El libro fue un vehículo poderoso de comunicación de ideas, de pensamientos y de imaginación, y por eso mismo, se convirtió en un objeto peligroso para los poderosos de todos los sistemas autoritarios que buscaban el dominio, el sometimiento y la esclavitud en las relaciones entre los hombres. Las tiranías comenzaron prohibir y quemar libros como forma de perseguir el pensamiento y la imaginación que son siempre revolucionarios, porque cuestionan una realidad que quiere establecerse como ya dada, ya definida, como un enfoque posible y no natural e inalterable, y se permite imaginar otras formas más justas e igualitarias. Esta obsesión del Poder de quemar los libros como premisa para subyugar a los pueblos, fue la materia fundamental del libro de Ray Bradbury �SFahrenheit 451⬝, una novela distópica publicada en 1953 que describe un país en el que los bomberos se dedican, paradójicamente, a quemar libros, en lugar de apagar incendios. Quienes gobiernan el país sostienen que pensar trae infelicidad, que el bienestar se basa en una especie de estupidez anestesiada que niega los problemas de la vida. Esta novela, a tono con �SUn mundo feliz⬝ de Aldous Huxley, por más futurista que se presente en cuanto a sus similitudes con la deshumanización insensibilizada contemporánea, no tomó en cuenta tal vez que, décadas atrás, las elites brasileñas ya incendiaban, en la plaza pública de Bahía, la primera edición de �SLos capitanes de la arena⬝, maravillosa obra de Jorge Amado que osaba describir, con una ternura inconmensurable, la vida de aquellos niños marginalizados, productos de un sistema social injusto y desigual. Afortunadamente en esa lucha entre la civilización y la muerte, esos seres entrañables, siguen habitando nuestro interior y conversando con nosotros, que seguimos accediendo por la pervivencia, siempre renovada desde las cenizas, de esa obra plena de dulzura y realismo
DEMOCRACIA Y DICTADURA
Recuerdo aun el efecto de perplejidad, de incalculable sorpresa que me produjo ojear y luego tomar esos libros pálidos, sucios pero magníficos, ocultos bajo un polvo oscuro, enterrados y con el signo de haber sido alcanzados por el fuego en las partes más sensibles de su cuerpo. Levantar esos objetos que no perdían su belleza, aún más, se agitaban tristemente como testigos del horror, supuso, para mí, acusar de un solo golpe, el impacto de la historia, de los silencios familiares, de las tensiones vividas en el sombrío período en el que las palabras y las personas fueron abatidas.
Este año se conmemorará el cuarenta aniversario de la recuperación de la vida democrática en nuestro país. El final de la dictadura cívico, militar y eclesiástico que impuso la represión a través de un plan sistemático de secuestros, torturas y desapariciones de todas aquellas personas que se opusieran al Régimen genocida. Porque el objetivo de la Dictadura fue la instalación, a sangre y fuego, de un sistema económico de concentración que era incompatible con la libertad, la solidaridad y la inteligencia de un pueblo. Por eso la censura de las ideas y la instalación del terror fueron los métodos necesarios para subyugar a la sociedad. Fueron entonces los libros, vehículo de las ideas y la invención de otros mundos posibles, sus principales enemigos. El pensamiento era impugnado, la obediencia era exigida. Cuando escribo sobre este período tan triste y doloroso de nuestra historia recuerdo siempre, entre tantas tragedias de compañeros de la cultura desaparecidos, la historia de Elsa Bonermann. Esta genial escritora argentina, reconocida internacionalmente, fue brutalmente censurada por Videla. Ella tomó conocimiento abriendo el diario donde figuraban las listas negras de los libros vetados, de aquellos que decidían qué debíamos leer. Elsa y su familia entraron en un pavor infinito, abismal. Era el año 1977 y su padre sufrió una isquemia cerebral y ella un insomnio que la acompañó muchos años. La noche era el espantoso espacio en que las patotas secuestraban �Ssubversivos⬝. El ⬝crimen⬝ de Elsa fue escribir un libro en el que un elefante se permitía pensar �Sen elefante⬝ y cuestionar la explotación laboral que sufrían sus compañeros, los animales del circo. Declarar una huelga general que los liberara del yugo de domadores y dueños. Es que los libros hacen pensar e imaginar, cuestionar y desnaturalizar, soñar otros mundos (im) posibles, porque �Sde lo posible se sabe demasiado⬝ como dice Silvio Rodríguez. Elsa Bornemann es una extraordinaria autora de literatura infantil. Su obra es un homenaje a la libertad, la creatividad y el amor. Es un símbolo, tal vez, de la libertad recuperada, hace casi cuarenta años. La libertad de pensar, aquello que es una conquista y una lucha permanente. Aquello que debe combatir siempre las renovadas formas en que el poder intenta apresarla o adiestrarla. Tal vez hoy no sea la censura, la prohibición, la torpe y espantosa quema de esos maravillosos objetos, que son los libros, los modos en que esta imposición aparezca, tal vez la apabullante impostura de la �Sverdad⬝ no necesite de la prohibición, sino más bien de la producción de un sujeto que repita acrítica e irreflexivamente, aquello que se espera que (no) piense.
LEER POR LEER
Leer es, además, un enorme placer. Los libros nos transportan al conocimiento de nuevos mundos, otras realidades imaginables e inimaginables que producen una plena vivencia estética. Cada vez que alguien lee un libro, el mundo se transforma. Es un sujeto que deja de ser pensado, que activamente se vincula con una propuesta para imaginar otros mundos posibles. En la historia de la lectura de los libros, hubo un momento en que la humanidad comenzó a leer de manera silenciosa, concentrada y autónoma, método que se oponía a la lectura oral y colectiva. Quienes hemos pensado un espacio como �SLeer por leer⬝, consideramos que no hay tal contradicción, que al goce de la lectura solitaria, se puede integrar el extraordinario placer de la lectura compartida. Por eso, quienes integramos �SLazos en red⬝ junto con la Biblioteca �SJulio Serebrinsky⬝, hemos creado un dispositivo en el que nos encontramos a través de la lectura y compartimos los libros para encontrarnos. Desde el año pasado nos reunimos, cada quince días, martes de por medio, para compartir la prodigiosa experiencia de la lectura. Es un espacio libre, gratuito y abierto a la comunidad. Nos ponemos en ronda y cada uno, de modo alternado, va leyendo un cuento, una poesía, el fragmento de un libro etc. que elige en función de sus gustos e intereses. No es un taller literario ni da puntaje. No hay coordinadores ni maestros. Es un lugar, simple y asombroso en el que nos relacionamos por medio de la delectación de las lecturas, aquellas que hablan de nosotros, aquellas que nos significan y queremos compartir propia o de autor, apasionadamente, con los otros. �SLeer por leer⬝ esa asombrosa experiencia que comenzamos en el año 2022, retoma sus actividades y sueños en este 2023, el martes 21 de febrero a las 19 horas en la biblioteca de la cooperativa eléctrica de Concordia, en Urquiza 721. Leer por leer y para homenajear, en ese rito colectivo, la lectura y los libros, ese extraordinario acto por el cual se renueva, lo más sublime de la cultura humana. Por supuesto, están todos invitados.
