Caseros: la batalla que abrió el camino a la organización nacional
Al conmemorarse un nuevo aniversario de la Batalla de Caseros, el suboficial del Ejército Argentino y profesor de Ciencias de la Educación, Ulises Vera, destacó la trascendencia histórica de aquel acontecimiento que marcó un punto de inflexión en la historia del país y abrió el camino hacia la organización nacional, la unión de las provincias y la construcción de una república libre y democrática.
“Recordar Caseros no es solo rememorar un enfrentamiento militar, sino comprender el proceso histórico que permitió dejar atrás décadas de conflictos internos y comenzar a pensarnos como nación”, señaló Vera, al contextualizar una etapa signada por profundas tensiones políticas, económicas y sociales.
Desde la Revolución de Mayo de 1810, la Argentina atravesó un extenso período de enfrentamientos entre las provincias. Buenos Aires, heredera de una lógica colonial, concentraba el control del puerto y la aduana, generando una fuerte dependencia económica del interior y profundizando las desigualdades regionales.
Este escenario derivó en graves consecuencias sociales y económicas, con condiciones de vida precarias en muchas provincias y sin perspectivas claras de unidad e igualdad.
En ese contexto, se hacía evidente la necesidad de una organización nacional que garantizara derechos comunes para todos los habitantes.
En el plano educativo, el alto nivel de analfabetismo representaba un desafío urgente: era indispensable pensar un modelo que permitiera formar ciudadanos conscientes, capaces de participar responsablemente en la vida política y democrática del país.
Con este trasfondo de tensiones y falta de consensos, en la madrugada del 3 de febrero de 1852 se produjo la Batalla de Caseros. El general Justo José de Urquiza, al mando del Ejército Grande, se dirigió a sus tropas con una proclama que sintetizaba el sentido del combate y el compromiso con la patria. El enfrentamiento tuvo lugar en el Palomar de Caseros, en la provincia de Buenos Aires, donde se midieron dos fuerzas de gran magnitud: el Ejército Grande, con aproximadamente 25 mil hombres, y el ejército porteño, integrado por unos 20 mil soldados bajo el mando del gobernador Juan Manuel de Rosas.
Durante la mañana se desarrollaron intensos intercambios de artillería, hasta que Urquiza advirtió una debilidad en el flanco izquierdo de las fuerzas rosistas y ordenó la carga de caballería cerca de las diez de la mañana. A partir de ese momento, el combate se volvió decisivo. Hacia las tres de la tarde, la victoria del Ejército Grande era irreversible. Urquiza avanzó sobre la ciudad de Buenos Aires y ocupó la Quinta de Palermo, poniendo fin a una etapa clave de la historia argentina conocida como la época de Rosas.
Sin embargo, la verdadera trascendencia de Caseros se manifestó en los hechos posteriores. La victoria permitió avanzar en la postergada organización nacional y, el 31 de mayo de 1852, los gobernadores de las provincias firmaron el Acuerdo de San Nicolás de los Arroyos, que convocó a un Congreso Constituyente con representación de todo el país. Tras un año de trabajo, se sancionó la Constitución Nacional de 1853, consolidando las bases legales e institucionales de la Argentina y poniendo fin a más de cuatro décadas de intentos fallidos iniciados con la Revolución de Mayo.
En este proceso resulta fundamental la figura del general Justo José de Urquiza, quien asumió la responsabilidad histórica de conducir la transición institucional y se convirtió en el primer presidente constitucional de la Confederación Argentina.
Hombre de convicciones firmes y compromiso con el orden institucional, priorizó el interés colectivo por sobre las ambiciones personales, sentando las bases de una nación organizada.
“La historia de Caseros nos interpela aún hoy”, reflexionó Vera. “Nos invita a valorar las instituciones, a comprender la importancia del consenso, a respetar la diversidad provincial y a sostener la unidad nacional como pilar de nuestra vida democrática”.
Para cerrar, el docente recordó las palabras pronunciadas por Urquiza en San Nicolás de los Arroyos el 1º de junio de 1852, que continúan vigentes como compromiso ciudadano: “Acabo de prestar un solemne juramento por el que me obligo ante Dios, ante la patria y ante vosotros a sostener los derechos y las libertades públicas del pueblo argentino. Yo os prometo que el pueblo argentino dentro de poco se presentará al mundo constituido, organizado y feliz”.

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