Aprender a decir no: cuándo y por qué
Para decir que no, la primera palabra que debemos utilizar es no. Normalmente damos «muchas vueltas» y nos justificamos en exceso, lo que hace que la otra persona no nos vea seguros de nuestra decisión.
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Como psicóloga experta en el tratamiento de la ansiedad, Laura Fuster indica que una de las cosas que más se trabajan para reducirla es el poner límites y decir que no. Porque, ¿cuántas veces has aceptado algo que no te apetecía o no te interesaba? Cuando esto ocurre estamos anteponiendo las necesidades de los demás por delante de las nuestras. Y aunque esto puntualmente puede ser un acto de generosidad o empatía, si actuamos de este modo con mucha frecuencia podríamos sufrir las siguientes consecuencias:
Pérdida de autoestima. «Si siempre priorizamos a las demás personas, puede darnos la sensación de que nuestras cosas e incluso nosotros mismos somos menos importantes que los demás», comenta Laura Fuster.
No nos conocemos. Una parte importante de lo que somos son nuestros gustos, aficiones, deseos u opiniones. Si lo negamos sistemáticamente, anteponiendo los deseos de los demás, puede pasar que perdamos nuestras aficiones.
Los demás no nos conocen. «Si no expresamos nuestras inquietudes y gustos es imposible que los demás los conozcan y nos propongan cosas adaptadas a nosotros», indica.
Puesto que los demás no saben dónde están nuestros límites es imprescindible decir que no para que las personas que nos rodean sepan lo que nos pueden hacer, decir o proponer y lo que no.
Nos cuesta decir que no por nuestros pensamientos. Es muy probable que en algunas situaciones anticipemos que la otra persona se va a enfadar o va a pensar que soy un egoísta o que me escaqueo o no quiero prestar mi ayuda cuando proponen cosas. «Si aparecen estos pensamientos crearán inseguridad y ansiedad y es muy probable que se acabe cediendo, diciendo que sí a algo que no se quería», advierte la experta.
Asertividad
La asertividad es la capacidad de expresar nuestros deseos, pensamientos u opiniones de una forma directa y clara, respetando a los demás y respetándonos a nosotros mismos. Por encima de la asertividad se sitúa la agresividad, y una manera agresiva de comunicar es la que impone su criterio sin escuchar el de los demás, elevando la voz y con gestos rotundos. Por debajo de la asertividad, según Laura Fuster, se sitúa la forma de comunicarse pasiva, que cede a todo lo que quieren los demás, sin dejar clara su opinión, con un tono de voz bajo y sin mirar a los ojos.
«El término medio es la asertividad, una manera de comunicarnos con la que estamos seguros de lo que vamos a decir y lo expresamos claramente. El tono de voz es moderado y seguro, con un contacto visual apropiado. Para decir que no, la primera palabra que debemos utilizar es no. Parece muy obvio, pero normalmente damos muchas vueltas y nos justificamos en exceso, lo que hace que la otra persona no nos vea seguros de nuestra decisión y es más probable que terminemos cediendo sin querer», alerta.
En consulta, tal como desvela Laura Fuster, proponen a las personas que les cuesta decir que no que empiecen haciéndolo en situaciones sencillas y con personas de confianza: «Como comentábamos, la primera palabra debe ser no, ejercer contacto visual y con un tono de voz seguro y audible».
Por ejemplo, si una amiga nos propone salir y no queremos, podemos decir «no, hoy prefiero no salir». Otras opciones serían «no, no me va bien» o «no, hoy no me apetece». Siempre hay que expresarnos de una manera directa y sin dudas pero también con educación y respeto hacia la otra persona. (ABCes)
