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    Alfonsina y el mar

    Fue una bella canción elegíaca con aire de zamba, con letra de Félix Luna y música de Ariel Ramírez dedicada a la trágica determinación de la admirable poetisa.

    02 de diciembre de 2023 - 03:05
    Alfonsina y el mar
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    Había nacido el 29 de mayo de 1892 en Sala Capriasca (Cantón del Tesino. Suiza). Sus padres eran dueños de una cervecería en la ciudad de San Juan, Cervecería "Los Alpes"), pero habían regresado a Suiza en 1891.

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    Pero en 1896 regresaron a San Juan con su pequeña hija Alfonsina. Luego, de un tiempo, sus padres se radicaron en Rosario. Allí iniciaron una nueva vida con nuevos emprendimientos. Su madre fundó una escuela a principios del siglo XX y su padre continuó con una actividad comercial con un café en el barrio Echesortu llamado "Almacén Café Suizo" donde Alfonsina colaboraba con su padre y se desempeñaba como mesera, aunque no estaba a gusto en esa tarea por lo que comenzó gradualmente a alejarse del negocio cuyo final vislumbraba debido al alcoholismo indisimulado de su padre. Buscó trabajo y fácilmente consiguió en una fábrica de gorras en esa pujante ciudad.

    Un director teatral buscaba una actriz para representar un papel en una obra de tipo religioso y cuyo argumento, cercana en esos momentos la Semana Santa, representaba el drama de la Pasión y su madre fue aceptada para un papel en ella. Alfonsina acompañaba a su madre a los ensayos y resultó que poco tiempo antes del estreno, se enfermó una actriz que representaba a San Juan. Como Alfonsina sabía de memoria todos los papeles y no le incomodaba hacer un papel masculino, lo remplazó con éxito, a tal punto que la prensa prodigó elogios a su actuación. Poco tiempo después recibió la visita de un empresario teatral a quien demostró que podía memorizar y recitar largos pasajes de obras. Fue contratada y recorrió en esa compañía varias provincias con obras de autores famosos, como Florencio Sánchez, Ibsen y otros consagrados.

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    Se sabe que a su regreso escribió su primera obra teatral. Mientras tanto, su madre viuda ya de Storni, había contraído enlace con el señor Juan Perelli y se había trasladado a la zona rural de la provincia de Santa Fe donde volvió a instalarse como maestra con una escuelita domiciliaria.

    En 1908 Alfonsina se trasladó en tren hasta Cañada de Gómez, donde consiguió un coche de los que se usaban para trasladar el correo, provistos de capota, para poder llegar al sitio donde se había instalado su madre y donde ejercía la docencia. Conoció a otros jovencitos del pueblo con quienes jugaba al tenis. Alfonsina también comenzó a dar clases de declamación y también buenos modales en la escuela de su madre.

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    Al año siguiente se trasladó a Coronda para terminar sus estudios en la Escuela Normal Mixta de Maestros Rurales. Como el Colegio recién comenzaba su actividad, le fue ofrecido trabajo como celadora que aceptó, pues le permitía pagarse un alojamiento en Coronda. Allí se recibió y en 1911 se trasladó a Buenos Aires arribando a la Estación Retiro en cuyas cercanías se hospedó en una pensión hasta el año siguiente. Allí nació su hijo Alejandro en 1912 de padre desconocido. Más tarde consiguió trabajo como cajera en una farmacia y luego en una tienda. No fueron fáciles esos tiempos para Alfonsina, pero ya colaboraba en algunas publicaciones con sus poemas y ganar algún dinero. Además, en la misma publicación leía todos los artículos que ofrecían empleo. Allí encontró una que solicitaba una persona con redacción propia. Era una empresa importadora de aceite, siendo la única mujer entre 100 postulantes y sus posibilidades eran bajas. Debía redactar una carta comercial y dos avisos publicitarios, uno de yerba mate y otro de aceite. Luego de unos días, le notificaron que había sido elegida con un sueldo de 200 pesos. Pero vivir en Buenos Aires le permitió relacionarse con José Enrique Rodó, Amado Nervo, José Ingenieros y Manuel Ugarte. Su salario le permitió vivir con un poco más de holgura y pudo realizar frecuentes viajes a Montevideo donde también se vinculó con Juana de Ibarbourou y también con el que sería después su gran amigo Horacio Quiroga. Fue esa una época de gran actividad de Alfonsina en cuanto a lo que se refiere al trato con grandes poetas y escritores. También lo fue en cuanto a la actividad creativa con sus poemas, lo que le valió participar en tertulias solo reservadas a las figuras más sobresalientes y además viajó mucho, donde alternó con Gabriela Mistral, con Federico García Lorca en Buenos Aires, a quien dedicó uno de sus poemas. Fue también autora de una obra teatral, aunque de repercusiones desfavorables por los críticos; pero siempre se mantuvo vinculada a la actividad creadora y docente.

    Dio múltiples conferencias en sitios frecuentados por el gran público. Mantuvo también las reuniones con los intelectuales a los que García Lorca no faltó ninguna noche mientras estuvo aquí. Alfonsina en sus conferencias se destacaba por su voz metálica que sonaba muy agradable. Sus amigos la invitaban frecuentemente a cantar tangos especialmente Yira Yira que le salía muy bien.

    La obra de Alfonsina fue prolífica, vigorosa y original en un curioso verso libre y sonetos sin rima, a los que se denominó anti sonetos. Una poesía que se puede calificar como hermética y repleta de simbolismos oscuros. Escribía con un conjunto de metáforas no exenta de romanticismo y bellos recursos estéticos.

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    Un día estaba bañándose en ese Mar del Plata que amaba y una ola alta la golpeó en el pecho, donde sintió un fuerte dolor, tanto que perdió el conocimiento y sus amigos la llevaron a la playa. Descubrió luego un bulto en un pecho que antes no había notado. Cada día se revisaba esperando que desapareciera, hasta que llevó a una amiga al hotel donde le mostró y le hizo palpar la dureza que notaba. Su amiga trató de restarle importancia, pero le aconsejó que consultara a un médico. Finalmente le fue recomendado el Dr. José Arce, prestigioso medico de ese tiempo.

    El 20 de mayo de 1935, Alfonsina fue operada de un cáncer de mama. Se pensaba que era un tumor benigno, pero en realidad ya había hecho metástasis.

    La mastectomía le dejó feas cicatrices que también influyeron en su permanente estado depresivo. Evitaba a sus amigos y se recluyó en una quinta del norte de Buenos Aires propiedad de la familia Botana y fue cuidada personalmente por Salvadora Medina de Botana y una enfermera para las curaciones. Luego de un tiempo allí de reposo, no soportaba más y regresó a Buenos Aires. Pero su carácter había cambiado. No podía admitir sus limitaciones físicas. Deseaba vivir, pero no aceptaba los tratamientos de los médicos. Solo aceptó una sesión de rayos que la dejó completamente carente de ánimos y exhausta. Ya no quiso seguir aplicándose rayos.

    No permitía que su hijo la besara y se lavaba las manos varias veces antes de estrechar una mano o cocinar.

    La había afectado mucho el suicidio de Horacio Quiroga. A ella que era de un temperamento neurótico y obsesionada con la muerte, pero no se arredró ante nada; cumplió con los difíciles pasos de una carrera literaria, tanto más difícil para quien tiene que vivir de trabajos mal remunerados. Logró sin embargo en base a su voluntad y esfuerzo hacerse un lugar en las letras argentinas; participó de todos los cenáculos y obtuvo la gloria y el respeto de sus contemporáneos. Con el producto de un premio literario había recorrido Europa en 1930.

    Luego soportó la operación de cáncer al pecho, pero la enfermedad volvió a aparecer. Aprovechó una invitación a Mar del Plata, ya que como dije, le había golpeado mucho el suicidio de su amigo Horacio Quiroga a quien escribió un poema. “Morir como tú, Horacio, en tus cabales/ y así como en tus cuentos, no está mal;/un rayo a tiempo y se acabó la pena. / Allá dirán”

    El miércoles 19 de octubre de 1938 llegó a Mar del Plata; se la vio vagar por el Parque San Martín con una mueca de espanto en su cara. A la tarde corrigió lo que serían sus últimos versos:

    “Voy a dormir nodriza, amiga acuéstame

    Ponme una lampara en la cabecera

    Déjenme sola…”

    Escribió cartas para su hijo Alejandro. También dejó otra para su amigo, el entrerriano Manuel Gálvez en la que decía “Estoy muy mal. Por favor…mi hijo…tiene un puesto municipal, yo otro; ruégale al Intendente en mi nombre que lo ascienda, acumulándole mi sueldo. Gracias. Adiós. No me olviden. No puedo escribir mas. El dolor en el brazo es tremendo. Alfonsina

    La carta estaba escrita en tinta roja y Gálvez quedó muy sorprendido al saberse su destinatario, pero tal vez Alfonsina quiso recomendar a su hiso a una persona de la probidad y la generosidad de Manuel Gálvez.

    A la una de la mañana del 25 de octubre de 1938 salió de la casa. Caminó hacia el mar por la Playa La Perla y se internó por el espigón; se tiró al agua y un zapato quedó en el espigón. Al día siguiente la encontraron ahogada unos chicos.

    La Municipalidad de Mar del Plata se encargó de todos los gastos del traslado de los restos a Buenos Aires donde fue sepultada en la Recoleta.

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