El Obelisco cumple 90 años: la historia detrás del monumento más emblemático del país
A 90 años de su inauguración, el emblemático Obelisco de Buenos Aires continúa siendo uno de los símbolos más representativos de la capital argentina y un ícono indiscutido de la identidad nacional. El 23 de mayo de 1936, en la intersección de la Avenida Corrientes y la entonces inexistente Avenida 9 de Julio, quedaba inaugurado el monumento que con el paso del tiempo se convertiría en postal obligada de la ciudad.
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La construcción del Obelisco surgió como parte de los festejos por el cuarto centenario de la primera fundación de Buenos Aires. El proyecto fue impulsado por el intendente Mariano de Vedia y Mitre, con el respaldo del presidente Agustín Pedro Justo, quienes firmaron el decreto para levantar un monumento conmemorativo en la Plaza de la República, sitio donde anteriormente se encontraba la histórica Iglesia San Nicolás de Bari. En ese lugar, precisamente, se había izado por primera vez la bandera argentina en la ciudad en 1812.
La obra fue diseñada por el arquitecto Alberto Prebisch, quien eligió la forma del obelisco por considerarla “pura y consistente”. La construcción estuvo a cargo del consorcio alemán Siemens, Bauunion, Grün & Bilfinger, y se completó en un tiempo récord: apenas 31 días. Un total de 157 obreros trabajaron para levantar la estructura de hormigón de 67,5 metros de altura, revestida originalmente con 1.360 metros cuadrados de piedra blanca Olaen proveniente de Córdoba.
Durante las obras solo se registró una víctima fatal: el albañil José Cosentino. Sin embargo, los problemas llegarían poco tiempo después de su inauguración. En 1938, durante un acto con abanderados de todo el país, varias piedras del revestimiento se desprendieron y destruyeron las gradas del lugar, que afortunadamente se encontraban vacías. A raíz de este incidente, las autoridades decidieron retirar completamente el revestimiento original y revocar el monumento, otorgándole el aspecto que conserva hasta la actualidad.
Pese a que hoy es considerado un símbolo indiscutido de Buenos Aires, su aparición generó fuertes críticas en sus primeros años. En 1939, incluso, el Concejo Deliberante votó a favor de su demolición, una medida que finalmente no prosperó gracias al veto del entonces intendente Arturo Goyeneche.
En cada una de sus cuatro caras, el Obelisco recuerda acontecimientos fundamentales de la historia porteña y nacional: la ubicación de la Iglesia San Nicolás de Bari, la declaración de Buenos Aires como Capital Federal y las dos fundaciones de la ciudad.
Entre sus curiosidades más llamativas se destaca que para sus cimientos se aprovecharon túneles pertenecientes a la construcción de la línea B de subterráneos. Además, en su base permanece empotrada una caja de hierro que contiene una fotografía de los obreros que participaron de la obra y una carta cuyo contenido continúa siendo desconocido, destinada a abrirse únicamente en caso de demolición del monumento.

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