Casi la mitad de los estudiantes secundarios pierde al menos un mes de clases al año
Un informe técnico del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) advierte sobre el impacto del ausentismo escolar en Argentina. El 44% de los alumnos del último año de secundaria declaró haber faltado 15 días o más durante el ciclo lectivo. El ausentismo escolar se convirtió en una de las principales dificultades que atraviesa el sistema educativo argentino.
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Un informe técnico del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) reveló que el 44% de los estudiantes del último año de la escuela secundaria declaró haber faltado 15 días o más durante el ciclo lectivo, una cantidad equivalente a perder al menos un mes completo de clases.
El estudio, denominado “Asistencia escolar y políticas para el sostenimiento de trayectorias”, fue elaborado por los investigadores Juan Suasnábar, Tamara Vinacur y Silvina Alegre y publicado en julio de 2026. El trabajo analiza información educativa y normativa de distintas jurisdicciones argentinas y plantea la necesidad de utilizar los registros de asistencia como una herramienta de alerta temprana.
El problema comienza en la primaria
El fenómeno no se limita al nivel secundario. Según datos del Estudio Regional Comparativo y Explicativo (ERCE) 2019 de la UNESCO, el 46% de los alumnos argentinos de tercer grado y el 50% de los de sexto grado declaró haberse ausentado dos o más veces durante el mes previo a la evaluación.
En secundaria, la situación se profundiza. Los datos del operativo Aprender 2022, realizado sobre más de 400.000 estudiantes del último año del nivel medio, muestran que el 44% acumuló 15 días o más de inasistencias. En el otro extremo, apenas el 4% manifestó no haber faltado nunca durante el año.
El informe señala además diferencias importantes entre jurisdicciones. Buenos Aires, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Tierra del Fuego aparecen entre las provincias con mayores niveles de ausentismo, mientras que Jujuy, San Juan y Santiago del Estero presentan registros más bajos.
Las faltas también afectan el aprendizaje
El problema no se limita a la cantidad de días de clases perdidos. El BID encontró una relación directa entre las inasistencias reiteradas y el desempeño académico.
De acuerdo con el análisis de los resultados del ERCE 2019, los estudiantes argentinos con ausentismo recurrente obtuvieron hasta 28 puntos menos en Matemática en sexto grado que aquellos con asistencia regular, la brecha más elevada entre los 17 países analizados.
En el nivel secundario, los resultados de PISA 2022 también muestran diferencias. Los estudiantes que habían faltado al menos una vez durante las dos semanas previas a la evaluación registraron un rezago de entre 15 y 22 puntos en lectura, matemática y ciencias frente a quienes no habían tenido inasistencias. Cuando las ausencias se prolongan durante más de tres meses, la diferencia supera los 40 puntos en todas las áreas evaluadas.
Una señal de riesgo de abandono
El informe también advierte que el ausentismo reiterado puede convertirse en una señal temprana de desvinculación escolar.
Un análisis de registros nominales del Sistema Integral de Información Digital Educativa (SInIDE), citado en el documento, identificó distintos perfiles de asistencia. Entre ellos aparece un grupo de estudiantes cuyas faltas aumentan progresivamente hasta interrumpir casi por completo la presencialidad.
En ese grupo, la probabilidad de no matricularse al año siguiente alcanza el 55%, mientras que el promedio de calificaciones cae a 3,2 puntos sobre 10 tanto en Lengua como en Matemática. En cambio, entre los estudiantes con asistencia regular y sostenida, la probabilidad de no matricularse al ciclo siguiente se ubica entre el 3% y el 6%.
El desafío: detectar las ausencias a tiempo
Frente a este escenario, el BID propone trabajar sobre cuatro pilares: la regulación de la asistencia, la definición de indicadores y umbrales de alerta, la mejora de los sistemas de información y la implementación de protocolos concretos de intervención.
La propuesta apunta a que una ausencia reiterada no sea solamente registrada como una falta administrativa, sino que active mecanismos de acompañamiento, tutorías y estrategias para sostener la trayectoria educativa.
El diagnóstico vuelve a poner en el centro una problemática que atraviesa al sistema educativo argentino: no alcanza con que los estudiantes estén matriculados; su presencia sostenida en las aulas resulta determinante para garantizar los aprendizajes y reducir el riesgo de abandono escolar.

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