Argentina tiene 54% más egresados docentes que hace una década: las habilidades que abren oportunidades más allá de las fronteras
La cantidad de egresados de institutos de formación docente en Argentina pasó de 44.173 en 2015 a 67.827 en 2024, un crecimiento del 54%.
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Pero la formación inicial es solo el punto de partida de una carrera profesional: más de 250 educadores argentinos han ampliado su experiencia enseñando en escuelas de Estados Unidos, donde han desarrollado nuevas competencias pedagógicas, tecnológicas e interculturales.
La cantidad de egresados de institutos de formación docente en Argentina creció un 54% entre 2015 y 2024, según un informe de Argentinos por la Educación basado en datos oficiales de la Secretaría de Educación de la Nación. Aunque este aumento no necesariamente se traduce en una mayor cantidad de docentes activos ni permite determinar la disponibilidad de puestos de trabajo, invita a mirar más allá de la formación inicial y explorar las oportunidades de desarrollo profesional que ofrece la enseñanza, incluso fuera del país.
Más de 250 docentes argentinos han vivido esta experiencia a través de Participate Learning, organización que conecta educadores internacionales con escuelas públicas de Carolina del Norte, Carolina del Sur y Virginia, en Estados Unidos. Los docentes seleccionados pueden acceder a salarios de entre US$42.000 y US$70.000 brutos anuales, según su experiencia, formación académica y distrito escolar, montos que deben evaluarse considerando los impuestos, las deducciones y el costo de vida de cada localidad.
Pero más allá de las condiciones económicas, enseñar en otro país también implica adaptarse a nuevas metodologías, incorporar herramientas tecnológicas, trabajar con equipos diversos y desarrollar competencias interculturales. Las experiencias de docentes argentinos que han participado en estos programas permiten identificar cómo estos aprendizajes pueden enriquecer su trayectoria profesional.
De saber enseñar a saber adaptarse
Marcela Moyano nació en Comodoro Rivadavia, Chubut, aunque vivía y trabajaba en Buenos Aires cuando decidió viajar a Estados Unidos. Allí se incorporó a una escuela pública de Mooresville, Carolina del Norte, como docente de primer grado en un programa de Dual Immersion en español.
“Una de las cosas que descubrí fue la importancia de la flexibilidad y la capacidad de adaptación”, cuenta. Al llegar a otro sistema “hay que observar, escuchar, preguntar y entender por qué las cosas funcionan de determinada manera”.
Esa capacidad de adaptación aparece como una de las habilidades centrales para quienes deciden cruzar una frontera profesional. No se trata de dejar atrás la formación adquirida en Argentina, sino de combinarla con nuevas prácticas.
“Adaptarse no significa perder tu identidad como docente. Al contrario, significa poder tomar lo que ya sabés, combinarlo con lo nuevo y construir algo diferente”, explica Moyano.
Uno de los principales cambios que enfrentó fue el uso de tecnología. En su escuela, distintas tareas cotidianas se gestionaban mediante plataformas digitales, desde la asistencia y la comunicación con las familias hasta las actividades de lectura y matemática. “Yo no estaba acostumbrada a tanta tecnología. Pero sí venía dispuesta a aprender y fue lo que hice: aprendí, aprendí, aprendí”, recuerda.
También encontró una dinámica de trabajo basada en la planificación conjunta, el análisis de datos de los estudiantes y la toma de decisiones en equipo. “No alcanza con saber enseñar, hay que poder explicar por qué elegís una estrategia, qué evidencia tenés y qué necesitás para que tus alumnos aprendan mejor”, sostiene.
Nuevas estrategias para el manejo del aula
Para Manuel Canda, nacido en Puerto Deseado, Santa Cruz, y radicado en Estados Unidos desde los 26 años, uno de los principales desafíos estuvo relacionado con el manejo del grupo. Actualmente trabaja como maestro de tercer grado en New Town Elementary School, en Waxhaw, Carolina del Norte.
Al incorporarse al sistema educativo estadounidense, encontró expectativas diferentes sobre las rutinas dentro del aula, los momentos de concentración y silencio, así como pautas específicas relacionadas con el comportamiento de los estudiantes.
“Al principio me costó un poco acostumbrarme a esas expectativas y a la manera en que se trabaja la conducta en el aula”, explica. Con el tiempo, incorporó nuevas estrategias que le permitieron adaptarse a esa dinámica.
Para Canda, una de las claves de este proceso es mantener una actitud abierta al aprendizaje y estar dispuesto a revisar prácticas profesionales que antes consideraba habituales.
Cuando ser argentino se convierte en una fortaleza
La experiencia internacional también exige desarrollar competencias interculturales y aprender a trabajar con familias, estudiantes y colegas de distintos orígenes.
Para Moyano, su identidad argentina se convirtió en una herramienta pedagógica al enseñar español en Estados Unidos. Incorporó elementos de su cultura a las clases y aprovechó esas experiencias para acercarse a sus estudiantes, quienes llegaron a familiarizarse con tradiciones como el mate y figuras como Lionel Messi.
“Ser argentina y enseñar español en Estados Unidos fue una fortaleza enorme, pero también tuve que aprender a moverme dentro de otra cultura, entender otras perspectivas y trabajar con familias y colegas con experiencias muy diferentes a la mía”, explica.
Una experiencia que transforma la carrera profesional
La movilidad docente no necesariamente implica dejar atrás una carrera construida en Argentina. También puede convertirse en una instancia de desarrollo profesional que acompañe al educador en las siguientes etapas de su recorrido.
“Después de cinco años en Estados Unidos, vuelvo a la Argentina con herramientas pedagógicas nuevas, pero también con una mirada mucho más amplia sobre la educación”, señaló Moyano, quien destaca entre los aprendizajes de esa experiencia el análisis de datos, el seguimiento del progreso de los estudiantes y el trabajo colaborativo entre docentes.
Para ella, hubo además otro aprendizaje: la confianza profesional. “Mudarse a otro país, trabajar en otro idioma, adaptarse a otro sistema y construir una carrera desde cero te obliga a salir de tu zona de confort constantemente. Y eso genera una seguridad profesional que después te acompaña a cualquier lugar”.
Canda, que continúa trabajando en Estados Unidos, también identifica aprendizajes que trascienden el aula. Enseñar en otro idioma, conocer una currícula diferente y utilizar estrategias y recursos que antes no manejaba son herramientas que considera valiosas para su futuro profesional.
Ambas experiencias muestran cómo la movilidad internacional puede contribuir al desarrollo de nuevas competencias y perspectivas que acompañan a los docentes a lo largo de su carrera profesional.
Oportunidades para docentes argentinos
Para quienes estén interesados en vivir una experiencia similar, Participate Learning mantiene abierto su proceso de postulación, que es gratuito y no requiere el pago de tarifas para iniciarlo. Además cubre el boleto aéreo de ida a Estados Unidos y permite que el cónyuge y los hijos menores de 18 años acompañen al docente.
Entre los requisitos se encuentran contar con un nivel avanzado de inglés, al menos dos años de experiencia docente a tiempo completo posteriores a la obtención del título universitario, encontrarse trabajando actualmente, tener licencia de conducir vigente y disponibilidad para residir en Estados Unidos por un mínimo de dos años.

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