En medio de un escenario social y productivo cada vez más tenso, Manuel Troncoso volvió a ocupar el rol que mejor lo define dentro del gobierno entrerriano: el del hombre del diálogo. Con conocimiento del territorio, lectura política fina y capacidad para sentarse a la mesa incluso con los “dientes apretados”, el ministro de Gobierno y Trabajo fue la figura clave para destrabar el conflicto en la planta La China de Granja Tres Arroyos, en Concepción del Uruguay.
No se trató de un episodio menor. Más de 900 trabajadores, tres turnos, una región que vive de esa actividad y un conflicto sensible por salarios adeudados y el SAC. En ese contexto, la intervención provincial no fue testimonial. Hubo presencia, hubo escucha y hubo una mediación concreta que permitió abrir un canal de negociación, compromisos de pago y, sobre todo, el levantamiento de la medida de fuerza para normalizar la producción.
Troncoso no desconoce el clima que se respira. Sabe que vienen tiempos complejos: automatización de tareas, cambios en la legislación laboral que se discuten a nivel nacional, trabajadores que presienten que algunos derechos pueden verse limitados y empresarios que operan al borde de la rentabilidad. En ese tablero movedizo, su tarea no será sencilla. Pero justamente ahí aparece su valor político: entender a ambas partes, marcar reglas claras y evitar que los conflictos escalen a escenarios de ruptura social.
El ministro —con raíces en Concordia y lectura profunda de la entrerrianía— actúa como garante de algo que hoy escasea: previsibilidad. No promete soluciones mágicas ni discursos grandilocuentes. Interviene, convoca, escucha y busca salidas posibles. Lo hizo en Concepción del Uruguay y, todo indica, será una constante en los meses que vienen.
Los vientos que soplan no son favorables. Hay incertidumbre, temores y resistencias al cambio. Pero también hay una certeza: sin diálogo real, sin Estado presente y sin figuras capaces de tender puentes, los conflictos se multiplican. Troncoso asumió ese rol. Y en una provincia que empieza a sentir el impacto de transformaciones profundas, su capacidad para marcar el rumbo y sostener la paz social será tan necesaria como exigente.

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