El bolsillo, la medición cotidiana que preocupa: CAME advierte por el endeudamiento familiar
La entidad que representa a las pequeñas y medianas empresas asegura que el crédito ya no se utiliza principalmente para consumos extraordinarios: muchas familias recurren a tarjetas y préstamos para alimentos, medicamentos y gastos esenciales. Los comercios sienten directamente la retracción de una demanda cada vez más limitada.
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Más allá de las estadísticas, índices y mediciones económicas que tienen su rigor científico y permiten analizar la marcha del país, hay otro indicador que millones de argentinos miden todos los días: la profundidad de su propio bolsillo. Y para un porcentaje importante de las familias, la cuenta es mucho más sencilla y preocupante: antes de llegar a la mitad o al último tramo del mes, el dinero disponible ya se terminó.
Esa realidad es la que observa la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) desde el otro lado del mostrador. La entidad cuestionó las interpretaciones que atribuyen el creciente endeudamiento de los hogares a consumos de lujo o entretenimiento y aseguró que, en numerosos casos, las familias se endeudan para cubrir necesidades básicas.
El vocero de CAME, Salvador Femenía, sostuvo que cuesta cada vez más llegar a fin de mes y señaló que los sectores que mejor resisten son precisamente aquellos vinculados con alimentos, bebidas y medicamentos.
“El sueldo evidentemente no alcanza”, resumió el dirigente, quien explicó que el endeudamiento se concentra cada vez más en gastos indispensables y no necesariamente en la compra de bienes suntuarios.
La tarjeta de crédito se convirtió así, para muchos hogares, en una herramienta para estirar un ingreso que se agota antes que el calendario. Comprar alimentos, pagar medicamentos o financiar consumos cotidianos dejó de ser una situación excepcional.
Desde CAME relacionan el fenómeno con la pérdida de capacidad adquisitiva, salarios que encuentran dificultades para acompañar el costo de vida y un financiamiento más caro por las tasas de interés.
La consecuencia se observa inmediatamente en los comercios. Cuando las familias concentran sus recursos en comida, farmacia y obligaciones impostergables, todo aquello que puede esperar se posterga. Indumentaria, equipamiento, artículos para el hogar y otros rubros quedan relegados.
Femenía también relativizó la posibilidad de que las ventas digitales compensen la menor actividad en los locales. Según indicó, el comercio electrónico representa alrededor del 18% del total, por lo que no alcanza para revertir la caída que experimentan muchos negocios tradicionales.
El termómetro comercial termina reflejando así lo que sucede dentro de cada hogar: cuando el bolsillo se vacía demasiado temprano, primero desaparecen los consumos prescindibles y después comienza el endeudamiento para sostener incluso lo imprescindible.

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