Dólar: �SEl Castillo de Naipes⬝
La fragilidad trasuntada en la escasez de reservas y en la caída de depósitos hacer temblar al esquema cambiario y a la gobernabilidad.
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Argentina vive inmersa en una vorágine cambiaria que no da tregua. Los vaivenes que exploran las cotizaciones de la divisa norteamericana alertan sobre una devaluación inminente. La noticia de la semana anterior fue una visualización de cómo el riesgo cambiario se elevó notoriamente. Desde el board del FMI señalan ahora como un tipo de cambio de equilibrio $ 148 (ya no $ 136). Al respecto, el presidente argentino mantuvo conversaciones telefónicas con Alejandro Werner con el afán de obtener de primera mano la visión del panorama cambiario que se tiene desde el seno del organismo con sede en Washington.
Asimismo, ciertos operadores del mercado esgrimen que la mesa de dinero del BCRA se halla intervenida de facto por el Ministerio de Economía. Lo cierto es que quienes conocen los pasillos del BCRA saben que en toda su historia siempre hubo un representante de ese Ministerio.
Ahora bien, cuando menos es polémica es la política de administración de reservas llevaba a cabo por el BCRA no solamente durante este gobierno sino fundamentalmente en la gestión macrista. Mucho maquillaje de repos, DEGs, swaps, encajes, préstamos y poco disponible cash.
El drenaje de los depósitos no es poca cosa. No se trata sólo de los argendólares, sino también de los nominados en pesos. Los depósitos en dólares hoy son la mitad de los que existían al momento de las elecciones presidenciales de 2019. En octubre hubo una caída de $ 110.000 millones en imposiciones a plazo fijo.
El gobierno siente un transitorio alborozo al tener domado al contado con liquidación en los $ 148 (un valor convergente con las expectativas devaluatorias reales). De hecho, hoy la brecha cambiaría la miden desde ese guarismo y no desde los $ 80 del tipo de cambio mayorista. Una brecha cambiaria deseada sería del 50 % (lo que arrojaría un dólar blue esperado de $ 220, al menos durante el primer semestre de 2021 -momento a partir del cual se espera ver el impacto de la devaluación en un copioso saldo de la Balanza Comercial)-.
Luego de la reestructuración de los bonistas, el Gobierno aún no ha sabido capitalizar el alivio que ello trajo consigo al haber postergado pagos de vencimientos de capital hasta 2024. Vale decir que esta potencial performance en la Balanza de Pagos no trae mejoraras sustanciales per sé. Por el contrario, se requiere llevar a cabo un fuerte trabajo desde la Cancillería para generar condiciones que auspicien la instalación de empresas extranjeras en el país (IED).
El Gobierno ya jugó su suerte para el bimestre noviembre-diciembre y, a esta altura de este vertiginoso sendero, no tiene tiempo suficiente como para cambiar de monta para escalar otras estrategias. La aridez de enero será el desafío letal. Dicho bimestre tiene vencimientos en pesos de alta cuantía, siendo que diciembre solo tiene gastos corrientes de unos $ 460.000 millones pendientes hoy de decisión respecto a su fuente de financiamiento. Desde el mercado se especula que el Tesoro volverá a apelar al BCRA pero ya no en la modalidad de Adelantos Transitorios, sino a través del giro de utilidades (donde aún tiene cupo para transferir).
Nuevamente sale a la palestra el dilema si resulta menos inflacionario emitir deuda o emitir dinero. Frente a tal disyuntiva, se despliega la respuesta acuñada por la Academia y también por la evidencia empírica la que indica que será menor la inflación generada tomando deuda en la medida que la tasa de crecimiento real del PBI sea mayor a la tasa de interés.
Precisamente ello es lo que no viene ocurriendo en Argentina hace una década -al menos-, lo cual trae aparejadas tasas de inflación estrepitosas. Siempre lo óptimo es apelar un mix de bonos con saldos nominales (confrontando tasas de crecimiento y de tipos de interés).
Agustín Carstens, Gerente General del BIS y taimado jinete en corridas cambiarias, prefiere abstenerse respecto aseverar cuál sería el valor de equilibrio del dólar, sin embargo comulga con la idea de un sinceramiento inmediato.
Dicho prestigioso economista de buena relación con Martín Redrado justamente compartió idéntico conflicto a la hora de querer utilizar reservas para honrar deuda pública. Hoy quizás los une la idea de qué hacer frente a la escasez de reservas de activos externos⬦
Desde las mesas de dinero de los bancos, la semana pasada circulaba un off the record de que la devaluación podría materializarse en la presente semana, sin embargo el gobierno prefirió postergar el proceso para enero y buscar un chivo expiatorio como de costumbre: el mercado y/o alguno de sus actores.
La saga continúa y a la economía le queda por delante un largo trecho para batallar hasta enero.
