Maratón de Reyes: la incertidumbre amenaza a una de las competencias deportivas más históricas e importantes de Concordia
A dos meses de una nueva edición, la falta de definiciones oficiales sobre la realización del Maratón de Reyes genera preocupación. La posible crecida del río Uruguay y el fenómeno de El Niño aparecen como argumentos en medio de un silencio que contrasta con la importancia deportiva, social y turística de una competencia que forma parte de la identidad de Concordia.
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O se está haciendo futurología sin contar con datos precisos sobre lo que puede ocurrir con la crecida del río Uruguay, o existen informes y proyecciones que, por alguna razón, no pueden darse a conocer oficialmente para evitar generar preocupación o alarma en la comunidad. Lo cierto es que, en nombre del fenómeno de El Niño y de sus posibles consecuencias climáticas, éste acontecimiento emblemático de Concordia quedó envuelto en un escenario de incertidumbre.
El Maratón de Reyes, que en enero próximo debería disputar su 48 edición no se trata de una competencia más dentro del calendario deportivo local. Estamos hablando de una de las pruebas atléticas más tradicionales de la región, una verdadera institución del deporte concordiense que, a lo largo de casi cinco décadas, construyó una historia que trasciende lo estrictamente competitivo.
El Maratón de Reyes es parte de la identidad de Concordia. Es una carrera que ha visto pasar generaciones de atletas, que ha acompañado el crecimiento de corredores locales y que se convirtió en una referencia para deportistas de distintos puntos de Entre Ríos y del país. Para muchos atletas concordienses, correr Reyes representa mucho más que participar de una competencia: significa formar parte de una historia, defender los colores de su ciudad y medirse en una prueba que tiene un reconocimiento ganado con el paso de los años.
También es una oportunidad para que los corredores de nuestra ciudad puedan competir en su propia casa, frente a su gente, en un circuito que conocen y en una carrera que forma parte de su preparación y de sus objetivos deportivos. Para los atletas que llegan desde otros lugares de Argentina, Reyes representa una cita tradicional, una oportunidad de comenzar el año deportivo en una competencia que tiene prestigio y una identidad propia.
Pero su importancia no termina en el deporte. El Maratón de Reyes moviliza a familias, instituciones, clubes, comercios, emprendimientos gastronómicos, alojamientos y distintos sectores vinculados a la actividad turística. Cada edición genera movimiento en la ciudad, convoca visitantes y proyecta el nombre de Concordia mucho más allá de sus límites geográficos. Por eso preocupa el panorama actual.
En otros años, a esta altura del calendario, ya se conocían importantes detalles de la organización: el diseño de las remeras oficiales, los valores de inscripción, la apertura de los cupos y las distintas cuestiones logísticas necesarias para que los corredores pudieran comenzar a organizar su participación. También estaba en marcha la planificación de la Mini Reyes, la prueba destinada a los más pequeños, que tradicionalmente se desarrolla al día siguiente y constituye otro de los componentes más valiosos de esta fiesta deportiva.
Sin embargo, esta vez el escenario es diferente. No hay anuncios concretos, no se conocen fechas de inscripción ni se han brindado precisiones sobre el formato organizativo que tendrá la próxima edición.
Desde el municipio parecería existir la intención de no asumir directamente la organización y dejar la realización en manos del sector privado, mediante un proceso de licitación. Pero, hasta el momento, ese procedimiento no tiene fecha conocida y tampoco aparecen señales claras que permitan saber cuándo se pondrá en marcha o se suspende definitivamente.
Las nuevas autoridades del área de Deportes tampoco han ofrecido definiciones concretas. Los días pasan, el calendario avanza y la incertidumbre crece, mientras quienes tienen que tomar decisiones parecen no encontrar el momento de comunicar qué sucederá con una competencia que merece una planificación anticipada.
Es evidente que una carrera de estas características requiere tiempo, trabajo y previsión. No alcanza con resolver sobre la fecha más cercana. Hay que contratar servicios, definir cuestiones de seguridad, organizar el tránsito, coordinar la asistencia sanitaria, preparar la logística, establecer los costos y abrir las inscripciones con suficiente anticipación. También es necesario que los atletas puedan planificar sus viajes y que los visitantes tengan tiempo de organizar su estadía en Concordia. Y aquí aparece una cuestión central: ¿hasta cuándo puede mantenerse esta falta de definiciones?
Si existen riesgos concretos relacionados con el comportamiento del río Uruguay o con las condiciones climáticas previstas para enero, corresponde analizarlos con responsabilidad y transparencia. La seguridad de los participantes y de toda la comunidad debe estar por encima de cualquier interés deportivo o económico. Pero también es necesario diferenciar entre una eventualidad climática, que debe contemplarse dentro de cualquier planificación, y la ausencia de decisiones administrativas.
El fenómeno de El Niño puede generar escenarios que merezcan atención y previsión, pero no debería convertirse en una explicación permanente para postergar decisiones que pueden comenzar a tomarse con anticipación, contemplando distintos escenarios posibles.
La pregunta no es solamente si se corre o no el Maratón de Reyes. La pregunta es qué lugar ocupa esta competencia dentro de las prioridades deportivas, culturales y turísticas de la ciudad.
Estamos hablando de una prueba que se acerca a sus cinco décadas de historia, que ha contribuido a instalar a Concordia en el calendario atlético nacional y que representa una oportunidad única para promover el deporte, estimular la participación de los jóvenes y reconocer el esfuerzo de cientos de atletas que encuentran en esta carrera una cita ineludible.
Concordia tiene una historia deportiva que merece ser cuidada. Y el Maratón de Reyes es uno de sus capítulos más importantes. No es simplemente una carrera que se puede organizar de un año para otro, sino un patrimonio deportivo y social construido durante generaciones.
Por eso, lo que se necesita en este momento es claridad. Si la competencia se realizará, que se informe y se avance con la organización. Si existen condicionamientos que obligan a evaluar alternativas, que se expliquen. Y si finalmente no están dadas las condiciones para llevarla adelante, que también se diga con la debida anticipación.
Lo que no parece razonable es dejar que el tiempo transcurra sin respuestas, mientras atletas, instituciones y vecinos esperan saber qué pasará con la prueba atlética más representativa de Concordia.
El Maratón de Reyes merece planificación, compromiso y una decisión política a la altura de su historia. Porque más allá de quién tenga a su cargo la organización, hay algo que debería estar fuera de discusión: Reyes pertenece a la historia deportiva de Concordia y su continuidad es una responsabilidad que trasciende cualquier gestión municipal. Es algo que se le deba a quienes soñaron e hicieron crecer esta carrera como el caso de Juan Diego López, que ya no está entre nosotros, pero es un homenaje permanente para él y todos los que trabajaron para que el Maratón de Reyes sea lo que es. La carrera más importante del calendario nacional de pruebas de calle a nivel país. Casi 48 ediciones no se construyen de un día para otro. Se construyen con tradición, con esfuerzo y con el compromiso de una ciudad. Y esa historia no puede quedar atrapada en la incertidumbre.

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