La Sinfónica de Entre Ríos estrenó en Paraná “El sueño de Pigmalión”, que sonó por primera vez en el mundo
Unas 400 personas acompañaron este sábado a la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos en La Vieja Usina. Javier Logioia Orbe dirigió un programa que tuvo como solista al violista Ashan Pillai y como acontecimiento central el estreno absoluto de “El sueño de Pigmalión”, del compositor argentino Alejandro Civilotti. La Segunda Sinfonía de Brahms fue dedicada a Pedro Ignacio Calderón, nacido en Paraná y maestro de varias generaciones de directores argentinos.
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A las seis de la tarde ya había gente esperando. Faltaban dos horas para el concierto de la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos, pero sobre la vereda de calle Gregoria Matorras, empezaba a dibujarse una fila que después se haría mucho más larga. El comienzo estaba previsto para las 20. Cuando llegó la hora, unas 400 personas habían ocupado la sala.
La expectativa tenía esta vez un motivo especial. En Paraná iba a escucharse por primera vez “El sueño de Pigmalión”, una obra para viola y orquesta de Alejandro Civilotti que hasta este sábado no había sido interpretada en público.
Javier Logioia Orbe estuvo al frente de la Sinfónica como director invitado. El solista fue Ashan Pillai, violista de extensa trayectoria internacional, quien ya durante la semana había trabajado con músicos de la Orquesta en una masterclass. El concierto del sábado fue, de algún modo, la culminación de esos días de intercambio, ensayos y trabajo compartido.
Músicos de la Sinfónica y violistas de la región participaron de la Masterclass en Paraná.
Logioia Orbe eligió hablar con el público antes de comenzar. No fue una presentación protocolar. Contó brevemente qué iban a tocar, como habitualmente lo hace el director Luis Gorelik, y se detuvo especialmente en aquello que hacía distinta a la noche.
Primero sonó la “Romanza para viola y orquesta”, de Max Bruch, una obra breve, de otro tiempo y otro lenguaje. Inmediatamente después llegaría lo desconocido.
“Tenemos el orgullo de hacer para ustedes un estreno mundial, una obra que hasta hoy nunca se tocó”, dijo Logioia Orbe. Ese “hasta hoy” encerraba buena parte del sentido del concierto. “El sueño de Pigmalión” había llegado a Paraná todavía sin historia sobre un escenario. Civilotti, argentino radicado desde hace décadas en Barcelona, tomó como punto de partida el mito de Pigmalión, el escultor que se enamora de su propia creación y desea verla cobrar vida. La viola ocupa el centro de esa construcción musical y fue Pillai quien asumió la responsabilidad de darle voz por primera vez.
El director también quiso preparar al público para una escucha menos familiar. “Es una obra extremadamente contemporánea, muy compleja psicológicamente, pero yo sé que ustedes le van a encontrar el verdadero sabor”, señaló.
Después hizo una pausa y agregó: “Música del siglo XXI”. La frase alcanzaba. Delante de esas 400 personas no se estaba recuperando una partitura del repertorio ni ofreciendo una nueva lectura de una obra conocida. Se estaba inaugurando su recorrido.
Después del intervalo llegó Brahms. Pero antes de iniciar la “Sinfonía Nº 2 en re mayor, Op. 73”, Logioia Orbe volvió a tomar la palabra. El clima había cambiado. Ya no se trataba de explicar qué iba a escucharse.
El director pidió dedicar la obra a Pedro Ignacio Calderón, nacido en Paraná, fallecido el 13 de julio pasado, una de las figuras centrales de la dirección orquestal argentina y maestro tanto suyo como de Luis Gorelik, director artístico de la Sinfónica entrerriana.
“Realmente, sin golpes bajos, sin sensiblería, a mí me gustaría que esta orquesta se sumara a dedicar esta sinfonía, en agradecimiento, al maestro Pedro Ignacio Calderón”, expresó.
La dedicatoria tuvo allí una resonancia particular. Calderón no era solamente el maestro de quienes esa noche estaban vinculados a la dirección de la Orquesta. También había nacido en la misma ciudad donde Brahms iba a sonar en su memoria.
El concierto cerró así un arco curioso: Bruch, una obra escrita en nuestro tiempo y estrenada esa misma noche, y Brahms. Lenguajes separados por más de un siglo dentro de un mismo programa.
También hubo otro dato que se repite en cada presentación de la Sinfónica, con entrada libre y gratuita. Tres semanas antes, unas 550 personas habían acompañado a la Orquesta en el Salón de Actos de la Escuela Normal José María Torres. Este sábado fueron alrededor de 400 en La Vieja Usina. En ambos casos hubo gente que llegó mucho antes del comienzo para conseguir un lugar y salas colmadas.
“El sueño de Pigmalión” dejó de ser, en esta ciudad, una obra que esperaba su estreno. Desde este sábado, su historia también empieza en Paraná.
(ANALISIS DIGITAL)

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